El poder cambia de manos

Humildad y trabajo de Reales y Orioles deja sin valor los millones de Angels y Tigres

El dominicano Yordano Ventura (izq.), festeja junto al boricua Christian Colón  tras eliminar a los Angels.
El dominicano Yordano Ventura (izq.), festeja junto al boricua Christian Colón tras eliminar a los Angels.
Foto: GETTY images

@jairogiraldo10

Cuando Lorenzo Cain se plantó en primera, tuvo la oportunidad de saludar con un gesto humilde a Albert Pujols. Ya estaban en ventaja los Reales, camino de barrer en tres juegos la Serie Divisional ante Angels. La fotografía también sirvió para comparar el brío, la motivación a tope y el compromiso de ganar, de un muchacho que no ha ganado nada, frente a alguien que ya lo ganó todo.

No hemos dicho que también miramos que Pujols gana 25 millones por año y Cain, 546 mil, poco más que el salario mínimo del béisbol. Mike Morin, el lastimado pitcher de Angels lanzaba a primera para advertirlo en su intento de robarle segunda. Pujols, maquinal e inexpresivo, apenas recibía con la diligencia de un cajero de banco. Cain, malicioso y feliz, intentando el robo, disfrutaba jugando.

Cain hace parte de un equipo humilde dentro del béisbol, que tardó 29 años en regresar a octubre y con eso ya eran felices.

Un balance de querer y poder, que expresa muchas cosas más allá del frío escrutinio de las estadísticas.

Lo primero será decir que ver a estos Reales entonados jugando pelota de alta escuela nos paga todo lo que nos han negado otros.

La forma cómo tomaron la ventaja crucial en noches seguidas de batallas recias, definidas en extrainning, en casa del enemigo, mostró que no eran menos que ninguno.

Nos dan las caras pintadas de los niños en Kansas; la mascota Sluggerrr; el precioso parque de pelota que es el Kuffman Stadium y la expresividad cultural de Missouri. Bueno también vimos a Yordano Ventura levantar varias veces su recta a 100 millas en la quinta entrada.

Todo eso nos paga el fastidio del 37-3 al bate del “big three” de los vecinos de Mickey Mouse.

Sí. Trout, Pujols y Hamilton destinados a ser los mensajeros del terror para los lanzadores rivales, se quedaron con tres imparables en treinta y siete turnos al bate.

Ahora no importa que nadie quiera explicar por qué el equipo con mejor marca del beisbol, se desploma frente al que entró por la puerta de atrás ganado el último boleto comodín.

Lo ganó Reales de poder a poder. Aquella resurrección de la séptima entrada frente a Atléticos tras la salida de Jon Lester, en la guerra de comodines, potenció a los muchachos de Kansas y se lo creyeron. Lo demás fue leer bien el guión de Ned Yost, su mánager y jugar alegremente, sin mirar que los Reales tiene un presupuesto de 92’185 millones y los coquetos muchachos de Los Ángeles se gastan de la chequera de Arte Moreno 156’720 millones.

La casualidades no son buenas para explicar resultados. Por eso no fue casual, que Reales llevara a remolque una buena parte de la temporada a los millonarios Tigres de Detroit que casi duplican su presupuesto. Y aunque Detroit ganó la División siempre quedó la sensación que era un desfile de grandes nombres, más que un equipo. Lo de Kansas es lo contario.

Angels y sus grandes nombres con muchos millones se parece a Detroit y ahora los dos anticiparon vacaciones

eldiariony.com