Silencio en la Corte

Cristian A. Farias,

Periodista y analista legal de NY

@cristianafarias

Se esperaba que la Corte Suprema de Estados Unidos comenzara su año judicial sin pena ni gloria. Pero lo que ocurrió el lunes pasado, en su primer día en sesión, fue caótico e histórico. Tomó por sorpresa a medio mundo.

Sin dar explicaciones y en siete órdenes de una línea cada una, la Corte Suprema rechazó siete casos provenientes de cinco estados en los que pudo haber decidido si gays y lesbianas tienen el derecho a casarse.

En otras palabras, la Corte decidió no meterse al tema del matrimonio gay. No por ahora.

El anuncio causó confusión en la sala de prensa de la Corte. Debido a problemas comunicacionales, el personal encargado de repartir las órdenes del día omitió 33 páginas de fallos y dictámenes en las que se encontraban las siete líneas clave.

Irónica omisión, pero muy decidora. Ya que el silencio de la Corte en esos siete casos significó que, efectivamente, el matrimonio gay se ha vuelto legal en los conservadores estados de Indiana, Wisconsin, Oklahoma, Virginia y Utah.

En los cinco estados, tribunales menores ya habían fallado a favor del matrimonio entre parejas del mismo sexo. Con el silencio de la Corte, todos esos fallos entran en rigor.

Pero eso no es todo. Con el silencio de la Corte, esos mismos fallos servirán de base legal para que seis estados con fallos pendientes —en Colorado, Kansas, Wyoming, West Virginia y Carolina del Norte y del Sur— también puedan abrir paso al matrimonio gay.

Es decir, sin hacer nada, la Corte Suprema permitió que parejas gays puedan casarse en 30 estados más en Washington, D.C. Es decir, en la mayoría de Estados Unidos, cuando hace sólo dos años la práctica se permitía en apenas seis estados más el Distrito de Columbia.

Es esta misma unanimidad judicial la que pudo haber motivado que la Corte no hiciera nada. Procesalmente hablando, la Corte Suprema sólo decide casos donde hay fallos divididos. Pero como hasta ahora no ha habido conflictos judiciales, la Corte decidió no inmiscuirse.

Por otro lado está el hecho de que el matrimonio gay aún divide a la opinión pública. Al no ser escogidos por voto popular, los miembros de la Corte Suprema prefieren no tomar posiciones sobre temas que puedan encender las pasiones del electorado. Prefieren que el Estado de derecho —el proceso democrático, las leyes, tribunales estatales— sea el que decida diferencias de opinión.

Y al no haber diferencias de opinión sobre el matrimonio gay, la Corte Suprema prefiere guardar silencio