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El clásico llega a la Bahía

Los Gigantes vuelven a su casa con la Serie Mundial empatada 1-1 con Reales

Salvador Pérez de Reales cruzó palabras con el lanzador relevista  Hunter Strickland que  creó un ambiente de fricción.

Salvador Pérez de Reales cruzó palabras con el lanzador relevista Hunter Strickland que creó un ambiente de fricción. Crédito: <copyrite>GETTY</copyrite><person>< / person>

San Francisco

Las fuerzas están parejas y por eso nadie se atreve a decir que la Serie Mundial no vuelve a Kansas City.

Aún así, San Francisco puede ganar tres juegos seguidos y celebrar en el AT&T Park, su fortín de la Bahía, cuando el Clásico de Octubre reinicie hoy.

“Es una batalla dura y nadie pensó que iba a ser de otra manera”, manifestó el jardinero derecho Hunter Pence, uno de los baluartes de los Gigantes.

“Es emocionante ser parte de una serie como ésta. Hay que seguir esforzándose. Nada se puede predecir en la pelota”, apuntó.

El del miércoles pasado, segundo de la serie, fue un partido que era bien parejo a lo largo de los primeros cinco episodios se convirtió en un juego de una sola calle cuando se derrumbó uno de los departamentos clave de los Gigantes, como lo es su cuerpo de relevistas.

Los Gigantes habían ganado 16 de los 18 partidos más recientes disputados en la postemporada y sacaron una ventaja con un cuadrangular del jardinero central Grégor Blanco comenzando el juego para igualar de nuevo en el cuarto capítulo, antes de tolerar cinco carreras en el sexto inning que definieron el encuentro.

La novena dirigida por Bruce Bochy había ganado siete partidos consecutivos en la Serie Mundial, una racha que comenzó en el cuarto partido del Clásico de Octubre de 2010.

Era la sexta racha exitosa más larga de la historia de la finalísima beisbolera.

Jake Peavy, abridor de los Gigantes, lució dominante en algunos momentos del encuentro, pero se le embasaron los dos primeros bateadores en el sexto episodio y eso abrió los grifos para la reacción triunfal de los Reales.

“Uno nunca disfruta cuando sale de un inning dejando hombres embasados. Ahora nos vamos a casa con Tim [Hudson] en la lomita y le tenemos una fe grande”, dijo Peavy

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