Frontera caliente: Venezuela y Colombia, paraíso del contrabando

Desabastecimiento, inflación, disparada del dólar, corrupción y violencia: como un gran espejo, el límite entre los dos países amplifica y concentra todos los males

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Frontera caliente: Venezuela y Colombia, paraíso del contrabando
Cerca de Cúcuta, en Colombia, decenas de personas cruzan como pueden el puente Simón Bolívar, en la frontera con Venezuela.
Foto: EFE

CÚCUTA, COLOMBIA

En la frontera de los negocios sucios, hasta el amor cuesta más. “El cierre nocturno del puente Simón Bolívar, entre Cúcuta [Colombia] y San Antonio [Venezuela], es extremadamente complicado para mucha gente como nosotros. Son barreras físicas para el amor y también para el trabajo, construidas por un gobierno en contra de su gente”, se queja con acritud Laury Sánchez, una abogada venezolana de 24 años que mantiene una relación con un colega colombiano, también jurista, que trabaja para una alcaldía cerca a la frontera.

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, impuso en agosto el cierre fronterizo, entre las 8 p.m. y las 5 a.m., como medida estrella para luchar contra el contrabando de combustible y alimentos, que según la propaganda oficialista forma parte de la “guerra económica” de la “burguesía parasitaria” contra el chavismo, en medio de una galopante crisis.

Es una medida que impide el regreso a sus hogares o dificulta el trabajo de miles de personas, como Sánchez, y que supuso el despliegue de 17 mil militares a lo largo de los 2,219 kilómetros que separan a los dos países.

La frontera concentra y amplifica casi todos los males nacionales de Venezuela: corrupción,escasez de alimentos, desabastecimiento, una inflación compulsiva a ritmo de récord mundial, la plaga de la violencia desmedida, la imparable escalada del dólar paralelo y las largas esperas en las estaciones de servicio (hasta cuatro horas(entre tres y cuatro horas). Un vía crucis, éste sí, exclusivo de la zona.

El intento de los dos gobiernos por racionalizar lo irracional no frena la vorágine de los grandes negocios limítrofes, como el cambio de divisas. “Y lo es gracias al control de cambios [impuesto por Hugo Chávez hace 11 años]”, explica uno de los cambistas a pie que trabaja en la ruta. Hasta 200 casas de cambio se ofrecen para transformar dólares y pesos colombianos en bolívares. Otro buen grupo lo hace a sus puertas, exhibiendo la clásica estampa fronteriza con los manojos de billetes en sus manos.

El diferencial cambiario es astronómico: 6.3 bolívares por dólar el cambio oficial; por encima de los 100 bolívares por billete verde el cambio paralelo. El disparate venezolano es tan desmedido que sus ciudadanos conviven con hasta cinco tipos de cambio distintos: el oficial, el negro(que afecta directamente a sus bolsillos), el cambio viajero (en torno de los 12 bolívares por billete verde), el Sicad 1 (una subasta alternativa de divisas, que cotiza como el viajero) y el Sicad 2 (el mismo sistema que la anterior, pero a 49.98 bolívares en las últimas horas y con el mismo nivel de ineficiencia).

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