Las manos fuera de diciembre

Papá Noel, o su carnal Santa Claus, empezó a dejarse crecer la sonrisa, la barba y la barriga

Guía de Regalos

Las manos fuera de diciembre
En muchos países, se anticipan las luces de Navidad dos, tres meses.
Foto: Morguefile

El hombre de internet se amaña donde no está. Añora lo que le hace falta, no disfruta lo que tiene. Septiembre, octubre, no habían acabado de deshojar la margarita de sus días y ya estábamos pidiendo a gritos la llegada de diciembre. Como ese mes todavía está verde, nos gustaría madurarlo a punta de periódicos.

Hacemos lo posible —también lo imposible- por trasladarnos al último mes del almanaque. Creemos que vivir en diciembre nos aleja de la pobreza, la fealdad, la desesperanza, la pecueca mental. Lo asumimos como un seguro contra la aburrición, en favor de la parranda.

Diciembre en septiembre o en octubre es tan fuera de lugar como un preservativo en un convento de clausura. Tan extemporáneo como entregar los premios Óscar en mayo.

En muchos países, se anticipan las luces de Navidad dos, tres meses. Nos dejan tan despistados estas navidades ficticias como los eclipses que desorientan a las aves de tacaño vuelo y las impulsan a treparse a su palo o árbol de cinco estrellas. No han terminado de acomodarse cuando el día vuelve y juega.

Las penas con diciembre son menos, decimos torciéndole el pescuezo a un adagio. Ignoramos que el zodíaco maneja su ritmo, su agenda; tiene una predicción para cada segundo. Si no da todas las predicciones se atraganta de pronósticos lo que puede ser malo para la salud mental del planeta.

Salvo que el creativo homo sapiens haya inventado un limbo adonde van a dar las previsiones para épocas de vacas flacas. Porque nos sucede a veces que las predicciones que nos regalan son tan malas que ganas dan de prestarles buenos augurios tomados de ese banco-limbo.

Pedimos la llegada de diciembre cuando los planetas que rigen noviembre apenas están inventando su dosis de alegría. O de tragedia, pues de ambas fibras estamos hechos.

“No acosen que a todos los despacho”, parece gritar el asediado diciembre desde la arrogancia que le da su condición de mes más deseado. Se cree la mujer fatal del almanaque.

Casi no dejamos que llegue el día de las brujas, gústennos o no. O el día de los niños que acaba de pasar.

Por más que presionemos, el Niño Dios no anticipará su cumpleaños. Esperará su cuarto de hora de fama el 24 de diciembre. También espera su turno el fúnebre noviembre con sus difuntos, nuestros futuros colegas.

Papá Noel, o su carnal Santa Claus, empezó a dejarse crecer la sonrisa, la barba y la barriga. Anda gestionando el usurero crédito para los regalos. Se toma su tiempo.

Los tres reyes magos están alquilando apenas los “lánguidos camellos de elásticas cervices” que los acompañarán en la travesía. La estrella de Belén no sufre todavía el estrés de tener que brillar el 24, antes de volver al anonimato en el infinito.

Los comerciantes, líderes del “bullyng” al mes postrero, hace rato empezaron a quedarse con nuestra prima, convertida en rey de burlas.

Ahora, el que esté libre del pecado del acoso a diciembre que tire el primer buñuelo