Cómo se adaptó “Betty la Fea” a su versión rusa

James Kramer, un ejecutivo de televisión que ha viajado alrededor del mundo para exportar series de Estados Unidos, cuenta a la BBC cómo fue adaptar la serie colombiana "Betty la Fea" para la audiencia de Rusia.

Guía de Regalos

Cómo se adaptó “Betty la Fea” a su versión rusa
America Ferrera fue "Ugly Betty".

“Lo que tenían los rusos era un gran entusiasmo, pero ninguna experiencia”. Así de tajante es James Kramer, un ejecutivo estadounidense de televisión que ha viajado alrededor del mundo para exportar series de Estados Unidos.

Las cadenas estadounidenses compran y adaptan programas para su audiencia. La exitosa serie Homeland, por ejemplo, fue originalmente producida en Israel y Ugly Betty nació de una telenovela colombiana, Yo soy Betty, la fea.

Pero a su vez muchos de los productos televisivos de EE.UU. son modificados para audiencias más allá de sus fronteras.

Kramer es experto en ello, así que habló a la BBC de un proyecto para Sony Pictures Television en el que participó, junto a ejecutivos y escritores de Rusia post soviética.

Y contó qué fue lo que estos hicieron ante su inexperiencia.

“Trajeron a varias personas, incluyéndome a mí, para ofrecerles la tecnología estadounidense, tanto el equipo como la formación para usarlo, y explicarles cómo formar un equipo de guionistas para televisión y un centro de producción”.

Cuando Kramer llegó al país, los programas de televisión eran en su mayoría series melodramáticas y los culebrones latinoamericanos.

La telenovela estadounidense Santa Barbara era especialmente popular.

“De hecho, yo trabajé en Santa Barbara“, dice Kramer.

“Había ganado premios por otros trabajos, pero ellos los desconocían. Sin embargo, al saber lo de Santa Barbara me dijeron: ¡Dios mío, respeto máximo!“.

Sony Pictures contrató a Kramer para que diera a escritores rusos un curso de dos semanas sobre guionismo para televisión.

“Esas dos semanas terminaron siendo seis años, porque me pidieron que me hiciera cargo de la oficina de producción de Sony en Rusia”, cuenta.

De tanto en cuanto, también se encontró a sí mismo interpretando a un villano estadounidense en un drama ruso.

Entre las muchas series que Kramer ayudó a lanzar en Rusia, están la versión rusa de Betty la Fea y The Nanny.

Trabajaron en ellas los guionistas a los que les dio clase durante aquellas primeras dos semanas.

Kramer comenta que adaptar Betty la Fea para la audiencia rusa fue todo un reto.

El argumento de la serie original, la colombiana, se centra en dos hermanos enfrentados por dirigir una empresa familiar de diseño.

“Pero en Rusia no existían empresas familiares. Había sido la Unión Soviética”.

Así que la historia tuvo que ser ajustada a la experiencia rusa.

Los guionistas rusos hicieron a los hermanos más viejos y les dieron un tipo de empresa permitido por el sistema soviético, uno que fabricaba uniformes y vestidos de novia.

Después los protagonistas convertirían la empresa en una compañía privada en la década de 1990.

“Teníamos que dar a la serie un sentimiento de orgullo y patriotismo. Contar la historia de alguien que cogió algo de los tiempos soviéticos y lo mejoró”, cuenta Kramer.

Era importante hacerlo así, “en lugar de hacerles crear un negocio nuevo, porque en Rusia se asumía que nadie que tenía dinero lo había conseguido por medios oscuros”.

La versión rusa de Yo soy Betty, la fea se llamó Ne Rodis Krasivoy, “Nacida sin ser bonita”.

Y Kramer guarda muchas historias sobre cómo fueron adaptados los episodios para que fueran “más rusos”.

Durante uno de ellos, el personaje principal busca un empleo desesperadamente y finalmente le ofrecen uno.

En la versión colombiana salta de alegría. En la rusa, Betty rompe a llorar.

“Había un ejecutivo estadounidense de Sony que vio el momento y dijo: ¿Si es el día más feliz de su vida, por qué llora? Y los rusos respondieron: “No, no lo entiendes. En Rusia la gente no celebra la felicidad saltando. La felicidad causa lágrimas“, recuerda Kramer.

Y algunas otras cuestiones ni siquiera se traducen.

Cuando estaba desarrollando la versión rusa de The Nanny, Kramer intentó introducir en ella el concepto de la audiencia en vivo en el estudio.

El estadounidense invitó a unas 40 personas al estudio y dio instrucciones a los actores durante los ensayos sobre cómo provocar la risa.

Cuando contaron el primer chiste, el público respondió con un silencio mortal.

“Y después vino la segunda broma. Silencio total”, dice Kramer.

“Así que observamos a la audiencia y nos dimos cuenta de que la mayoría era gente mayor que no tenía contexto o experiencia algunas sobre lo que debía hacer”.

The Nanny se convirtió en una de las comedias más populares del país, pero sin risas en directo.

“Al final terminamos poniendo risas pregrabadas como se hacía en los años 50 y 60 en Estados Unidos, y funcionó”.