James pisa Londres tras la huella de ‘El Pibe’

El 'diez' de ayer y el de hoy, resumen las dos mejores épocas de Colombia en treinta años

James pisa Londres tras la huella de ‘El Pibe’
James Rodríguez es el símbolo de una nueva generación de estrellas en Colombia.
Foto: GETTY

@jairogiraldo10

“Estos muchachos ya nos superaron a nosotros”, dice Carlos Valderrama cuando le preguntan sobre sí esta generación de Falcao y James es tan buena como la de “El Pibe”, Rincón y Asprilla.

Son los dos momentos mágicos de Colombia en casi tres décadas de fútbol en los que pudo poner su nombre al lado de los grandes y cosechar aplausos.

Finales de los ochenta y comienzos de los noventa, fue la época de el “Pibe” Valderrama, que paseaba su clase a la par de su rubia y desprolija melena por los estadios del mundo. Era el buque insignia de una generación de cracks en la que fueron alternantes de primer orden hombres emblemáticos que todos recuerdan.

Junto al viejo capitán desfilaron un extremo genial como “Tino” Asprilla, talentoso e irrascible, y Freddy Rincón, sin duda uno de los mejores volantes de dos áreas en al menos treinta años. Estaba el carácter de Leonel Álvarez y la potencia de “Koronkoro” Perea como eje de una defensiva en la que destacaba la seguridad de “Chonto” Herrera con la elegancia de Andrés Escobar. El portero era René Higuita quien en una noche de 1995 se tomó tiempo para inventar, en pleno Wembley, el legendario Escorpión, aquella jugada acrobática que siguen aplaudiendo los niños de hoy.

Aquel equipo, que jugó dos veces en Inglaterra, ambas en el templo del fútbol, tuvo a un ideólogo como “Pacho” Maturana que partió en dos la historia del fútbol en la tierra del café.

Ellos pusieron las primeras piedras para construir una historia corta, pero bella sobre la estética al servicio del fútbol.

Hoy, cuando James Rodríguez salte al campo como el referente de Colombia, será inevitable recordar con nostalgia a los pioneros de los sueños de otros. Hoy se llaman Cuadrado o Zapata; Guarín o Bacca; Ramos o Armero. Lo que se repite es la ilusión de ser los depositarios de la confianza de un país.

En Londres, como otras veces, pero hoy a la orilla del río Támesis en el campo del Fulham. Allí casi 30 mil compatriotas llegados de alejados rincones de Europa tendrán tiempo para discutir si la generación de Valderrama fue mejor que la de James o si simplemente cada uno es héroe de su tiempo

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