El hispano y el indio de Woodside

El hispano y el indio  de Woodside
"El Picosito" brinda alimentos a los jornaleros de Queens.
Foto: Zaira Cortes

El aguanieve de madrugada cala los huesos en la parada de jornaleros de Woodside, Queens. Un trabajador de la construcción de rasgos duros se lleva las manos a la cara para darse calor con su aliento. “Las tripas me rugen de hambre”, comenta.

El mexicano Roberto Meneses, organizador de los jornaleros que se agrupan esperando contratistas en la esquina de la calle 69 y la Avenida 63, le pregunta cuándo fue la última vez que comió y su compañero responde un “ya ni me acuerdo” con un sonrisa burlona.

“Las bromas son la ventana de la verdad. Muchos no han comido nada y su preocupación ahora es saber si conseguirán algo para un café”, dijo Meneses. “Suerte que tenemos a ‘El Picosito’. Nadie sabe cómo se llama, pero es bueno como pan”.

A eso de las 7:30 am llega ‘El Picosito’ con varios recipientes de aromática comida caliente condimentada a la manera hindú. Él se llama San Sharma (62), y no sabe que los jornaleros lo apodaron así. Debe el mote a los platos picantes que cada mañana les obsequia a los trabajadores inmigrantes.

Los jornaleros latinos no hablan con Sharma, contó Meneses. “Es que ninguno habla inglés y ni saben cómo preguntarle su nombre”, apuntó. “Pero en el corazón le damos las gracias. Con señas le hacemos entender que no sólo nos trae comida, también esperanza”.

Sharma, residente de Queens, apenas sonríe y saluda a los jornaleros asintiendo con la cabeza. Haciendo señas con las manos les pide que se acerquen y les indica que hay más comida si desean.

“Madrugo para cocinar, incluso hay mañanas que horneo pan”, contó el hombre de aspecto severo, pero cuando hablas con él es amigable y sonríe sin dejar de servir la comida. “Todo es fresco, hasta las tortillas de trigo están hechas a mano”.

El hombre prefiere el anonimato. No revela su nacionalidad o a qué se dedica, pero dijo que emigró hace 40 años.

“Mi historia es muy similar a la de estos hombres, que son padres o esposos”, dijo. “Ellos son valientes al cruzar fronteras por amor a sus familias”.

El buen samaritano es parroquiano del vecino templo indio Ravidas, pero asegura que su labor no es la de acercar a los trabajadores a su religión, sino la de practicar la generosidad.

“Creo en la unidad de los pueblos sin importar cultura, color de piel o creencias religiosas. Somos una nación de inmigrantes y necesitamos unos de otros”, dijo.

Juan Méndez (44), explicó que Sharma llegó una fría mañana sin aviso y repitió su visita todos los días hasta ahora.

“En un principio pensamos que era un contratista y corrimos donde él para pedir trabajo, pero luego sacó ollas de sopa y café y todos nos quedamos confundidos”, recordó el ecuatoriano. “Creí que venía a vender y de la nada nos regaló comida caliente, para muchos la única del día”.

Méndez, padre de dos niños que están en su país al cuidado de su esposa, admitió que en un principio se sintió desconfiado de que alguien le diera ayuda desinteresada.

“Lo que pasa es que en esta ciudad nadie te da la mano, no es como en el Ecuador”, apuntó

Según cuentan los jornaleros, tienen otra samaritana que acude regularmente a la parada: una mujer coreana que ofrece pan y café con un ‘Dios te cuide’ en español, y a quien apodan ‘La Madrina’.

“Son los ángeles guardianes de los jornaleros. Mientras algunos vecinos nos rechazan, otros nos dan la mano”, dijo Roberto Meneses.