Impulsan el hábito de leer con tabletas electrónicas

Programa piloto lleva tabletas a tres escuelas de Brooklyn
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Impulsan el hábito de leer con tabletas electrónicas
Las tabletas tienen tan motivados a los estudiantes, que se está pensando en extender el programa piloto.
Foto: Gerardo Romo

@JoaquinBotero

Decenas de estudiantes de Brooklyn están felices de ir a clase tras recibir tabletas electrónicas gracias a un nuevo programa piloto en tres escuelas del condado. Aunque los aparatos permanecen en el salón después de clase, cada uno tiene su nombre marcado.

Alumnos de quinto y octavo grado de la escuela Ten Eyck P.S 196 y M.S. 582, en East Williamsburg, se mostraron encantados por sus nuevas tabletas interactivas, que recibieron en septiembre.

“Nos da una manera más interactiva de aprender y para leer nuestros libros e historias”, dijo Makayla Maldonado (10), de ascendencia puertorriqueña. Para ella no es una novedad porque cuenta que en su casa hay otra tableta que hace poco se cayó y quebró pero aún funciona. “Mi papá tiene computador portátil y también me deja usarlo”, dijo.

La maestra Jennifer Lew (25) comenta que los beneficios son inmediatos sobre todo para los que no estaban familiarizados con la tecnología.

“Ellos están intrigados con el aparato y motivados para leer”, dijo Lew. “Hay herramientas para resaltar y saber el significado de palabras. Podemos tener discusiones después de que han escrito sus opiniones, lo cual es bueno para los que no levantan la mano. Así puedo saber quiénes participan. El intercambio es muy rápido”.

Por su parte, la directora de la escuela Janine Colón (53) destaca que “los estudiantes están más motivados para leer. Es muy difícil competir con videojuegos. Además, el componente de audio ayuda a los niños con impedimento visual”.

La iniciativa que acerca las nuevas tecnologías a los más jóvenes fue impulsada por el presidente del condado Eric L. Adams y la vicepresidente Diana Reyna.

“Creemos que este programa que reemplaza los libros físicos es muy prometedor para todas las escuelas”, dijo la exconcejal Reyna, quien creció en Williamsburg. “Continuaré apoyando estas iniciativas”.

Otro de los alumnos, Christopher Santos (10), de padres puertorriqueños, dice que le gusta su nueva tableta porque puede presionar Safari y saber de inmediato el significado de las palabras. “Pero no podemos meternos en juegos. Si lo hacemos, hay problemas”. El castigo mínimo puede verse como un premio: quitan la tableta por el resto de la clase y le dan un libro al infractor.

Su compañera Elizabeth Salcedo (10) dice que en su casa ya tiene una tableta de su propiedad, “pero yo dejo a mis padres usarla cuando me acuesto”.

Daniel Fernández (9), nieto de puertorriqueños y dominicanos, dice que en su apartamento la mamá tiene una tableta Kindle, la hermana un iPad mini, y hay “otro computador de los grandes y viejos”, dice. “Todos nos turnamos los aparatos y por eso no hay problema”.

Steven Moreno (10), hijo de mexicanos, dice que la tableta de su casa se rompió pero todavía funciona y se la turnan. “Mi mamá tiene un portátil, pero no me deja usarlo”.