¿Hasta dónde se extendió el califato de Estado Islámico este año?

Los yihadistas declararon el califato desde junio pasado y han conquistado zonas del este de Siria y buena parte del norte y oeste de Irak
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Militantes del autodenominado grupo Estado Islámico (EI) reportaron este miércoles que derribaron en Siria un avión de combate que pertenece a la coalición que lidera Estados Unidos.

Es el último incidente en la escalada de esta agrupación, cuyo violento ascenso en Siria e Irak marcó 2014.

(*) En el siguiente texto Mariano Aguirre, director del Centro Noruego de Construcción de la Paz (NOREF), analiza hasta dónde llegó su influencia este año.

En junio pasado el grupo conocido como Estado Islámico (EI) o Estado Islámico de Irak y el Levante (ISIS, por sus siglas en inglés) lanzó una ofensiva sobre la ciudad iraquí de Mosul y llegó hasta pocos kilómetros de Bagdad.

En paralelo, anunció el establecimiento de un “califato” en las zonas controladas, bajo el liderazgo de Abu Bakr al-Baghdadi, declarado “líder de los musulmanes en todas partes”.

Desde entonces, EI ha conquistado zonas del este de Siria y buena parte del norte y oeste de Irak, ha consolidado el control de media docena de campos petroleros y otras instalaciones relacionadas con esa industria y ha anunciado la acuñación de su propia moneda.

Igualmente, creó el Banco Financiero Musulmán para gestionar la economía del califato.

Pero, ¿cuánto ha logrado avanzar EI en la práctica y qué factores pueden frenarlo o permitirle avanzar?

La intención declarada de EI es, por un lado, imponer un Estado que acabe con las fronteras establecidas por las potencias coloniales, especialmente Gran Bretaña y Francia.

El grupo es una organización sunita inspirada en el wahabismo, una interpretación sectaria y radical del Islam practicada y promovida por Arabia Saudita.

Como indica el experto Ahmed Rashid, “los líderes de ISIS buscan eliminar todas las minorías musulmanas y no musulmanas de Oriente Medio (…) y cambiar completamente la composición étnica, tribal y religiosa de la región”.

Esto lo convierte en una amenaza para los gobiernos de Irán, Siria, Bahréin, Jordania, y la propia Arabia Saudita.

Varios de estos países cooperan con la coalición militar que lidera Estados Unidos contra EI.

En el terreno, el grupo yihadista ha adoptado la estrategia de avanzar sobre espacios sin presencia real ni legitimidad de los Estados. Lugares en los que cuenta con adhesión de parte de la población.

Según diferentes cálculos, el grupo controla de 30.000 a 90.000 kilómetros cuadrados, un área en la que viven de 6 a 8 millones de personas.

Pero sus conquistas no son absolutas ni libres de obstáculos; no significa que su dominio tenga continuidad geográfica ni que haya logrado consolidarse.

Esto se ha puesto en evidencia en los últimos dias cuando las milicias kurdas iraquíes han reconquistado parte del territorio que controlaba EI desde el verano pasado.

Por una parte, el gobierno iraquí y las milicias con las que colabora han retomado algunas ciudades. En el resto del territorio, no está claro si EI podrá resistir la presión militar.

El 3 de diciembre, el Secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, dijo que Estado Islámico había sido frenado en su avance, aunque admitió que derrotarlo tomaría años.

En opinión del investigador Yezid Sayigh, del Centro Carnegie en Líbano, EI no ha logrado avances significativos desde que lanzó su ofensiva el verano pasado.

Particularmente, su marcha ha quedado detenida en la ciudad siria de Kobane, cercana a la frontera con Turquía.

Una de las razones de este freno son los ataques aéreos de la coalición liderada por Estados Unidos.

Con todo, el sectarismo del enfrentamiento entre chiitas y sunitas puede favorecer que EI volva a tomar zonas de las que es expulsado.

En octubre pasado, por ejemplo, las fuerzas iraquíes recuperaron la ciudad de Jurf al-Sakhar, en la zona del valle del Éufrates, pero desde entonces la población sunita no ha sido autorizada a regresar.

Esto puede aumentar las simpatías por EI.

Además, EI ha demostrado tener una gran capacidad de adaptación para seguir ejecutando operaciones mientras son atacados, reclutar militantes en Siria y conquistar nuevas áreas o resistir en las zonas que controla.

La ofensiva de Estado Islámico ha logrado que cinco países con fuertes enemistades geopolíticas e ideológicas estén coordinando no oficialmente sus respuestas.

Arabia Saudita con Irán; Estados Unidos e Irán; y Estados Unidos con Siria. Estas alianzas no formales, y altamente inestables, han logrado controlar el avance del EI.

Washington no quiere desplegar sus tropas en el terreno, una tarea que llevan a cabo con grandes deficiencias el ejército iraquí, las milicias chiitas como las de Asaib Ahl al-Haq, las Brigadas Badr y las de Kataib Hezbollah, algunas milicias sunitas y fuerzas kurdas.

Estas últimas han impedido por el momento que EI tome el Kurdistán iraquí.

En la primera semana de diciembrem la inteligencia de Estados Unidos reveló que Irán está bombardeando posiciones del EI en la provincia de Diyala, en el este de Iraq.

Teherán ha indicado que no permitirá que el EI opere cerca de su frontera.

Desde que comenzó la ofensiva, Teherán ha facilitado armas, municiones e inteligencia a Bagdad para sostener a un gobierno aliado y contener una amenaza insurgente que podría llegar hasta sus fronteras.

Turquía ha mostrado hasta ahora más interés en derrocar a Bashar al Asad que en frenar a EI.

Para el gobierno turco se trata de un delicado equilibrio que concilie tres intereses: acceder al petróleo del Kurdistán iraquí, continuar las negociaciones sobre el Kurdistán turco sin su secesión, y convencer a Washington que imponga una zona de exclusión aérea sobre Siria.

Esto último serviría para consolidar los grupos armados que luchan, a la vez, contra el régimen sirio y Estado Islámico.

En muchos casos EI no ha mostrado tener capacidad administrativa para asentarse y gestionar los territorios conquistados.

Pese a la importancia de Mosul, donde EI tiene que compartir poder con otros grupos sunitas, el grupo tiene informalmente su capital en la ciudad siria de Raqqa, indica Sarah Birke, en The New York Review of Books.

EI experimenta ahí su administración: tribunales locales, cuerpos de policía, educación, salud, provisión de servicios y sistemas de impuestos al comercio y a quienes tengan líneas telefónicas.

Estas medidas se desarrollan en el marco el marco de una férrea y arbitraria represión.

Pero al mismo tiempo provee estabilidad frente al caos anterior creado por grupos armados y criminales, y ante la represión del gobierno sirio, según Peter Harding, del International Crisis Group.

Sin embargo, Estado Islámico está formado por diversas fuerzas (desde exgenerales de Saddam Hussein a exmiembros de al Qaeda y tribus sunitas) que no necesariamente continuarán juntas si sus reivindicaciones no son atendidas, como explica Nadim Shehadi, del centro de estudios Chatham House.

Pero quizás lo más significativo sea el hecho de que la expansión del Estado Islámico va más allá de fronteras geográficas como lo muestra el surgimiento de ramas y el uso de la marca EI en Pakistán, Libia, Argelia y en el Sinaí egipcio.

A la vez, la presencia en sus filas de milicianos provenientes de Oriente Medio (incluyendo a Turquía) y Europa abre un futuro imprevisible en el caso que decidan volver a sus países con intenciones de continuar su guerra contra los supuestos infieles.

Algunos análisis estiman que EI controla la producción de 80.000 barriles de petróleo diarios. Y con esos ingresos paga a sus milicianos mucho mejor que otros grupos armados.

Se cree que EI podría estar obteniendo alrededor de US$2.000 millones anuales de la venta de petróleo, peajes, extorsiones y robos a las personas y comunidades a las que reprime, además de donaciones externas, pero la cifra es muy difícil de comprobar y variable según las circunstancias.

EI impone cuotas de peaje a los camiones que transportan mercancías.

Hábilmente, cobra menos que otros grupos, o que los Estados en los que opera. En numerosas rutas subcontrata a grupos sunitas para que la hagan el trabajo.

Estados Unidos y sus aliados están empezando a impactar sobre la infraestructura y las rutas que utiliza para vender ilícitamente el petróleo.

Sin embargo, se trata de un arma de doble filo: EI provee energía a los ciudadanos en las zonas que controla.

Cada vez que la coalición internacional destruye una refinería, especialmente ahora en invierno, EI gana credibilidad.

Estratégicamente, la forma de detener a EI en estos países fracturados por líneas étnico-sectarias es -como indica David Gardner en el Financial Times- contar con instituciones federales creíbles, institucionalizar los poderes locales y garantizar una gestión conjunta de los recursos naturales.

¿Pero podrá Estado Islámico imponer un califato? La respuesta es no. Puede sumar fuerzas y recursos pero también fragmentarse en diversos grupos, como ocurre con las milicias en Siria.

Sin embargo, su presencia garantiza inestabilidad violenta y profundas rupturas en parte de Siria e Irak. La respuesta local, regional e internacional será clave sobre su futuro y el de la región.

Mariano Aguirre dirige el Centro Noruego de Construcción de la Paz (NOREF). http://www.peacebuilding.no