Clemente bateó contra la injusticia

A 42 años de su muerte, su legado aún vive entre los atletas que alzan la voz ante las injusticias y el racismo que enfrentan las comunidades de color en Estados Unidos

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Roberto Clemente enfrentó rivales que jugaban rudo desde que desembarcó en Pittsburgh en 1955.

El boricua básicamente tenía dos strikes en su contra: era negro y no hablaba inglés. Esa mezcla en los Estados Unidos de aquellos años era suficiente argumento para que, a pesar de ser un jugador de Grandes Ligas, fuera sometido a los tratos que vivían las personas de color.

“En Pittsburgh, ciudad comparativamente pequeña, donde la industria acerera era la espina dorsal, a la gente se le hizo difícil entender la existencia de Roberto. No sabían si era negro, africano, latino. Él sufrió mucho de los prejuicios en esa ciudad. Máxime que no dominaba el inglés”, señaló Luis Mayoral, amigo cercano de Clemente.

En los periódicos de la época, el pelotero boricua era continuamente ridiculizado por su acento, como detalla el documental Roberto Clemente, del cineasta mexicano Bernardo Ruiz.

“Su pronunciación del inglés no era la correcta. Los periodistas se mofaban de él citándolo fonéticamente”, afirmó Mayoral. “Eso le dolía a él, pero siguió hacia adelante. Todo eso no impidió su camino al estrellato”.

Ya para 1961, Clemente era una estrella de Grandes Ligas y aprovechó esa plataforma para manifestarse en contra de la injusticia, legado cuyo espíritu vive en las demostraciones que jugadores de fútbol americano y basquetbol han protagonizado tras las trágicas muertes de Michael Brown y Eric Garner a manos de la policía.

“Roberto fue un pionero en crear conciencia sobre la igualdad y la enfermedad del racismo”, aseguró Mayoral. Él hablaba y siempre dio a entender que estaba en contra de las injusticias”.

Sin embargo, aseguró su amigo, Clemente no habría recurrido a camisetas u otro tipo de demostración.

“Roberto fue constante en su lucha, pero con clase. Él no se habría puesto una camiseta alusiva porque no era ese tipo de personas”, dijo.

En una América donde la segregación racial era una ley, Clemente no podía quedarse en el mismo hotel que el resto de sus compañeros durante los campamentos de primavera en Florida, una de las regiones más inhóspitas para las personas de color.

“Me contó una vez que no lo habían dejado entrar a un restaurante con el resto de sus compañeros de Piratas. Uno de ellos salió al bus para ofrecerle un sándwich pero él dijo que no iba a comer nada de ese lugar. En cambio, le pidió al gerente general del equipo, John L. Brown, que rentara una camioneta para que los jugadores negros pudieran ir a comer a un lugar donde fueran bien recibidos”, rememoró Mayoral.

Su origen humilde le hacía más fácil relacionarse con la gente común y corriente que con las celebridades, producto de su infancia en la que sus padres le inculcaron valores humanitarios, de acuerdo con Mayoral.

“Él siempre me decía, ‘Yo me identifico con el ser humano que batalla todos los días para llevar pan a su mesa, los que entienden la esencia de estar vivos”, argumentó. “Él tenía una conciencia social bien acentuada”.

Los personajes de la época alimentaban su conciencia.

“Por esos ideales, admiraba a gente como el presidente John F. Kennedy, el reverendo Martin Luther King Jr. y al boxeador Muhammad Ali, a quien admiraba por sus convicciones para, en plenitud de su carrera, renunciar a todo con tal de no tomar las armas en contra de otras personas”, manifestó