La lucha contra la piratería llega a las prisiones

La compañía de música Universal demandó a las empresas que venden paquetes de productos, en los que se incluyen cintas musicales, a los familiares de los prisioneros de las cárceles estadounidenses. Este es el caso.
La lucha contra la piratería llega a las prisiones
Prisionero

Los presos de las cárceles estadounidenses reciben cada cierto tiempo de parte de sus familiares un paquete de regalos con golosinas, productos de higiene y fotografías.

También les llevan música. Por ahora. Porque Universal, la productora de música más grande del mundo, acaba de demandar a las empresas que organizan los paquetes que incluyen las cintas, por violación a los derechos de autor.

Aunque la demanda no especifica cuántas son las canciones, Universal busca una compensación de US$150.000 por cada canción copiada, entre las cuales se encuentran algunas escritas por artistas como James Brown, Eminem, Marvin Gaye y Stevie Wonder.

Las compañías -llamadas Centric Group y Keefe Group- no se han pronunciado de manera oficial sobre la demanda, interpuesta la semana pasada.

Pero una de las razones de su negocio es que este método de entregar cintas pregrabadas a los prisioneros ayuda a evitar el contrabando en las cárceles.

La demanda fue dada a conocer por la revista Hollywood Reporter, que publicó los detalles del caso.

“Los acusados cuentan en su página web que su negocio fue desarrollado para ‘eliminar el contrabando’, sin embargo, las copias infractoras de grabaciones sonoras de los demandantes y composiciones musicales, que los acusados ilegalmente tramitan y de las que injustamente se lucran, son contrabando en sí mismo”, afirma la demanda.

En el texto de la demanda se lee una interesante distinción entre lo que Universal considera una cinta legal y una ilegal: “Las cintas son una forma de música grabada en la que los DJs combinan (o mezclan) pistas, a menudo grabadas por diferentes artistas, en un solo disco, a veces superponiendo o mezclando una canción con otra canción, reflejando una canción sola o un estado de ánimo”.

Pero por otro lado están las citan que se están vendiendo para entregar en las prisiones: “Estos llamados ‘mixtapes’, salvo con autorización del propietario del derecho de autor o el propietario de los derechos de la ley estatal correspondiente, no son más que colecciones que infringen y piratean grabaciones de sonido con derechos de autor que están legalmente protegidas”.

La demanda afirma que las compañías discográficas y editores de música descubrieron a principios de este año que las cintas, conocidas en inglés como mixtapes, estaban siendo incluidos en los paquetes de atención para los reclusos.

Y añade que los acusados “a veces venden sus productos infractores sustancialmente por debajo de valor de mercado, con el fin de promover, comercializar y obtener ganancias de sus ventas de otros bienes y servicios”.

Desde la llegada de internet hace un par de décadas, la descarga de canciones hizo que las compañías de música casi se quebraran y, como respuesta, tuvieran que diversificar su negocio: aunque siguieron ganando dinero (mucho menos) a través de la venta de música por internet, se enfocaron en los conciertos y en la publicidad.

En 2010, el vicepresidente de digital de Universal, Francis Keeling, admitió que la piratería global no se puede detener.

“¿Vamos a acabar con la piratería? No, no lo vamos a lograr”, dijo.

“Pero ¿podemos hacer que la piratería sea socialmente inaceptable? Absolutamente, y eso tiene que ser nuestra ambición en todo el mundo”.

En efecto, esta no es la primera vez que los abogados de la gigante de la producción musical emprenden una demanda contra la piratería en un lugar quizá inesperado.

El año pasado Universal demandó a la aerolínea American Airlines por poner música de varios artistas en los vuelos, así como llevó a los tribunales a Ford, la productora de automóviles, por instalar en los carros dispositivos con música.

Las demandas de las compañías de música son, pues, otra forma de recaudar dinero desde que su negocio cambió.