Cómo serán los ascensores más altos del mundo

La población urbana crece cada día más y en la próxima década los edificios serán aún más altos. Pero el desafío principal para seguir creciendo en altura no era la construcción en sí, sino los ascensores. Hasta ahora.
Cómo serán los ascensores más altos del mundo
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A finales de esta década los récords de los edificios más altos del mundo van a ser rotos. Y, como consecuencia, el de sus ascensores.

Pero este detalle, del que la mayoría de nosotros ni siquiera se percata, es más significativo que la propia construcción de otro rascacielos: podría cambiar la arquitectura como la conocemos.

Entrar en un ascensor y plantearnos a cuántos pisos puede llegar parece una pregunta intrascendente.

Pero la marca de ascensores Kone ha pasado años tomando en cuenta este problema.

“Los ascensores han permitido el crecimiento de los rascacielos, pero la tecnología había llegado a su límite de altura”, explica su director de tecnología de gran altura, Santeri Suoranta.

“Los ascensores que suben más de 500 metros no eran viables ya que el peso de los cables de acero es tan grande que se necesitan más cuerdas para hacerlos funcionar”.

Pero la búsqueda de una solución ha dado sus frutos.

Después de nueve años de rigurosas pruebas, se lanzó Ultrarope, un material compuesto de fibra de carbono cubierto de una capa a prueba de fricción.

Su peso es un séptimo del de los cables de acero, por lo que es más eficiente, tiene el doble de vida útil y, sobre todo, hace que los ascensores de hasta 1 kilómetro de altura sean mucho más fáciles de construir.

Otros fabricantes de ascensores, como Toshiba, Mitsubishi, Otis, Schindler, y otros, también aumentan sus apuestas.

Y la competencia por crear ascensores más ecológicos, menos costosos, más fáciles de instalar, más altos y/o rápidos está desatada.

Pero fue Kone el elegido para ser instalado en lo que será el edificio más alto del mundo.

Cuando se complete en 2020, la Torre del Reino, en Yeda, Arabia Saudita, tendrá un kilómetro completo de altura y contará con el ascensor más alto del mundo, de 660m.

No es sólo el más alto, sino también el más rápido de dos pisos, con dos espacios uno encima del otro que viajan a la velocidad de 10 metros por segundo.

Actualmente, el edificio más alto del mundo es el Burj Khalifa, ubicado en Dubái.

Su ascensor alcanza 163 pisos y cubre una distancia de 504 metros. Pero más allá de la altura, el diseño de un ascensor debe contemplar otras variantes.

“Hay toda una ciencia detrás del diseño de tráfico”, explica David Cooper desde el Instituto de Ingeniería y Tecnología, y precisa: “el número de ascensores por grupo, su tamaño y la velocidad”.

Existen dos medidas esenciales que cualquier ingeniero en la materia debe tener en cuenta.

Primero, el tiempo medio de espera, es decir, la media de cuánto debe esperar cada pasajero para que llegue un ascensor. Eso es típicamente la mitad del intervalo entre un ascensor saliendo y otro que llegue.

Segundo, el manejo de la capacidad, es decir, el número máximo de pasajeros que pueden ser transportados en un período de cinco minutos, expresado como porcentaje de la población del edificio.

“El tiempo medio de espera en un edificio de oficinas agradable sería de alrededor de 25 segundos, con una capacidad de transporte de entre 14% y 17% en un margen de cinco minutos”, añade Cooper.

“Así que, por mucho que sea posible hacer todo el camino hasta la cima con un nuevo sistema de elevación ligera, todavía hay limitaciones, ya que el número de ascensores necesarios para ir y venir aumentará”.

En este momento algunos de los edificios más altos del mundo, tienen pisos de cambio, donde los pasajeros pasan de un ascensor a otro.

Esto ayuda a minimizar las esperas.

Pero los ascensores exprés, que sólo viajan entre la planta baja y las más altas todavía son útiles, sobre todo para escapadas rápidas.

La fibra de carbono resuena a una frecuencia más alta que el acero, lo que debería significar que los sistemas de ascensores que la utilizan serán más confiables. Las vibraciones de edificios altos por el viento son actualmente una de las principales causas de los ascensores fuera de servicio.

Suena bien, en teoría.

Pero cuando todavía no existe ni el edificio ni un ascensor de esta altura, ¿cómo se prueba esta tecnología?

Kone asegura que la solución está en sus instalaciones de Tytyri en Finlandia, donde cuenta con un hueco de ascensor cavado a 333 metros bajo tierra.

“Es bajo el suelo, no se sacude, lo que significa que podemos simular diferentes fenómenos en un ambiente libre de perturbación”, explica Suoranta.

“La otra ventaja es que las condiciones subterráneas son muy duras para el equipamiento”.

“Por ejemplo, los niveles de humedad y temperatura son mucho más exigentes que en los edificios normales”.

“Esto significa que cuando los componentes pasan nuestras pruebas subterráneas, están listos para ser usados en los edificios más altos del mundo”.

Se calcula que en 2030 habrá 1,4 mil millones de habitantes en las ciudades. Y con las urbes con cada vez menos espacio, la única manera de crecer es hacia arriba.

Cooper sugiere que los “ascensores de levitación magnética” pueden ser una solución.

“Hasta el minuto se ha hecho para desplazamiento horizontal; hay trenes Maglev en Alemania”, dice.

“Se adhieren a las vías con magnetismo. Eventualmente, eso se podría hacer en un sistema vertical puramente magnético, donde no hay contacto con el edificio “.

Y ese futuro puede no estar tan lejos.

ThyssenKrupp, otro fabricante de ascensores, ha estado investigando y desarrollando un sistema de elevación giratoria con varias cabinas que rotan alrededor de un eje de elevación.

Así, conforme la tecnología aporta una nueva libertad arquitectónica, parece que sólo el deseo y el dinero se interpondrán entre nosotros y el cielo.