Profesora convierte a sus estudiantes en investigadores

Theresa Kutza promueve el aprendizaje práctico en el aula

Theresa Dunlap Kutza ayuda a la  estudiante Nicole Blake-Ramsay durante la clase de fisiología y anatomía.
Theresa Dunlap Kutza ayuda a la estudiante Nicole Blake-Ramsay durante la clase de fisiología y anatomía.
Foto: chalkbeat Patrick Wall

Una tarde reciente, aún después de clases en la Escuela Secundaria New Dorp de Staten Island, la profesora de Salud y Ciencias Theresa Dunlap Kutza seguía muy ocupada.

Cuando Kutza llegó a las aulas después de 17 años de trabajo en los hospitales, aplicó su eficiencia como enfermera a la enseñanza, asegurándose de desarrollar la totalidad del libro de texto de cada año. Pero con el tiempo, se dio cuenta que para absorber el material los estudiantes realmente tenían que hacer algo con él.

Por eso ahora, Kutza —que fue una de los siete educadores de la ciudad que se hizo acreedora al Premio Sloan a la Excelencia en la Enseñanza de Matemáticas y Ciencias— hace que sus estudiantes de primer año trabajen con ostras reales y debatan cuál es la mejor manera de contener el Ébola.

“Ella lleva todo más allá del aula”, dijo la directora Deirdre DeAngelis.

Chalkbeat presenció una clase de anatomía y fisiología a nivel universitario dictada por Kutza, donde los estudiantes se convirtieron en médicos que intentaban diagnosticar la enfermedad de una mujer sobre la base de un estudio clínico que la profesora encontró en una revista.

A continuación, lo más destacado de la lección:

10:41 a.m.: Tras recordarle a los estudiantes que tomaran notas detalladas como hacen los médicos, Kutza les leyó la historia clínica.

La mujer de mediana edad había perdido el conocimiento en el baño de una tienda por departamentos, en medio de un charco de diarrea con sangre. Los paramédicos le encontraron el corazón acelerado y su presión arterial peligrosamente baja. Más tarde, se determinó que su sangre había perdido la capacidad de coagulación.

10:46 a.m.: La primera tarea de los estudiantes fue hacer una lista de los indicios que habían escuchado. Señalaron que la mujer tomó antidepresivos y gozaba de buena salud antes del incidente, a excepción de una época en la que había sufrido síntomas similares.

También aventuraron algunas causas posibles. Un joven sugirió que podría tener muy pocas plaquetas, las células que detienen el sangrado, mientras que otro dijo que podía sufrir de hemofilia, un trastorno que impide que la sangre se coagule.

10:50 am Los estudiantes intercambiaron opiniones entre ellos, y luego recomendaron hacer un hemograma, una colonoscopia, y una investigación sobre la medicación de la mujer, en caso de que causara efectos secundarios relevantes.

Ellos estaban en el camino correcto. De hecho, el médico en la historia llevo a cabo una colonoscopia, y resultó que la medicación de la mujer era parte del problema. En ese momento, Kutza dijo a los estudiantes, que era hora de diagnosticar la causa del problema médico.

11:04 a.m.: La profesora dijo a la clase que cualquier que diera el diagnostico correcto obtendría crédito adicional en el próximo examen. Pidió a los estudiantes que deliberaran, pero a los 10 segundos una niña levantó la mano.

“Podría ser un problema con los mastocitos”, dijo en referencia a ciertos glóbulos blancos que producen sustancias químicas que pueden causar presión arterial baja y también evitar que la sangre se coagule. Otra menor añadió: “Ella podría tener una cantidad excesiva de mastocitos”.

Estaban en lo cierto: La mujer sufría de una rara enfermedad en la cual el cuerpo tiene demasiadas de esas células, y ciertos medicamentos pueden desencadenar las células para causar los síntomas que la mujer experimentó. Las dos chicas y el muchacho que había señalado a los antidepresivos recibieron crédito extra.

“Estoy muy orgullosa de ustedes”, finalizó Kutza

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