Dismorfofobia, ¿el trastorno tras el cambio de imagen de Uma Thurman?

¿Qué hace que una persona como Uma Thurman quiera cambiar su imagen de forma extrema? La explicación podría residir en un trastorno que hace que una persona se vea de manera totalmente distinta a la realidad.
Dismorfofobia, ¿el trastorno tras el cambio de imagen de Uma Thurman?
Uma Thurman antes y después

El nuevo aspecto de Uma Thurman, la actriz de de 44 años protagonista de películas como “Las amistades peligrosas” o “Pulp Fiction”, causó sorpresa cuando apareció en un evento promocional de una serie de la cadena NBC.

Algunos medios lo calificaron de “irreconocible” y especularon que la actriz se había sometido a alguna intervención de cirugía estética.

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Pero, ¿qué es lo que lleva a una mujer considerada por muchos bella a transformar de esta manera su apariencia?

La respuesta podría estar en la dismorfofobia, un trastorno que hace que una persona se vea a sí misma o una parte de su cuerpo de manera totalmente distinta de como es en realidad.

“Esa parte en cuestión o el cuerpo por completo se ve feo, deformado y grande…no se tiene una visión real por lo que provoca una obsesión que conduce a la angustia y al malestar”, explicó Julia Vidal, directora del centro de psicología Área Humana en Madrid.

Los estudios demuestran que en el 45 % de los casos la queja se centra en la forma de la nariz, si bien, las alteraciones, imaginarias o mínimas, pueden corresponder a la cara (granos, boca, mandíbula…), el peso, la estatura, el trasero, la barriga, el cabello, los pechos, pies, manos, genitales, piernas, etc.

Aunque actualmente no existen estadísticas fehacientes que puedan ayudar a obtener un panorama completo acerca de cuanta gente padece esta fobia o miedo a no tener un aspecto considerado normal, algunos estudios norteamericanos indican que una persona entre 50 tiene especial fijación sobre su físico.

El trastorno se observa con más frecuencia en los adolescentes, sobre todo en mujeres y está extremadamente ligado a las transformaciones que se dan en la pubertad, comenzando hacia los 12 años y finalizando, en los casos no patológicos, hacia los dieciocho o veinte años.

Uma Thurman ha reconocido que tiene problemas con su cuerpo prácticamente desde que tiene memoria.

“Pasé los primeros 14 años de mi vida convencida de que mi aspecto era horroroso. Era alta, con pies grandes y rodillas huesudas. Me sentía muy fea. Tenía una nariz grande, una boca grande y esa clase de ojos separados en las que parece que tuvieras dos peces nadando entre las orejas. Incluso hoy, cuando la gente me dice que soy bella, no me creo una palabra”, aseguró la actriz según cita el libro Overcoming body image problems including body dysmorphic disorder (Problemas con la imagen corporal, incluyendo dismofofobia).

En el caso de Thurman, el problema no se quedó en la adolescencia. De hecho, reconoció que después de haber tenido a su primera hija se veía gorda.

Otra circunstancia en la que con frecuencia se da este trastorno es en mujeres a las que el marido socaba su seguridad mediante ofensas y comentarios sobre su físico.

El síndrome de distorsión de la imagen fue descrito en 1886 por el psiquiatra italiano Enrique Morselli, quien le llamó dismorfia corporal, y en la actualidad se le clasifica dentro del grupo de los trastornos somatomorfos, es decir, aquellos en los que el paciente presenta quejas y síntomas físicos sin que los exámenes médicos demuestren la presencia de alguna enfermedad.

Según Francisco Ferre, jefe de Servicio de Especialidades Psiquiátricas del madrileño Hospital Gregorio Marañón, la dismorfofobia “tiene que ver con personalidades muy controladoras y perfeccionistas hasta el límite y con una serie de experiencias en la infancia y adolescencia desvalorizantes hacia su persona que le generan una gran inseguridad”.

“Esas experiencias pudieron tener que ver o no con el cuerpo, pero a partir de ahí el cuerpo se convierte en una zona vulnerable, de donde sentir complejo con facilidad”, apunta el experto.

Los especialistas en salud mental coinciden en que no es curable, pero puede controlarse mediante terapia psicológica para tratar de modificar las ideas y conductas del paciente, a fin de que mejore la relación consigo mismo, aprenda a manejar el estrés y supere sus temores.

También es muy importante el apoyo que pueda brindar la familia (no debe ejercer presión en el paciente ni ridiculizar, además de entender el esfuerzo que está realizando) y, en casos severos, puede recurrirse al uso de medicamentos antidepresivos.

La cirugía plástica, según Ferre, no es una solución ya que muchos son trastornos imaginarios, no son reales. “Es más, hay que evitar que se operen . Los mismos cirujanos plásticos son juiciosos y no les operan cuando se trata de un caso de distorsión de la imagen”.

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