¿Es posible hacer que dejen de perseguirte los recuerdos traumáticos?

Muchas personas experimentan situaciones traumáticas a lo largo de su vida que dan forma a malos recuerdos que parecen nunca borrarse. ¿Existe una forma de evitar revivirlos?
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¿Es posible hacer que dejen de perseguirte los recuerdos traumáticos?
Un par de ojos aterrados miran por una rendija

No fue una luna de miel normal. Margaret McKinnon y su marido se subieron al avión en Canadá en agosto de 2001 en dirección a Lisboa, Portugal.

Mientras el vuelo 236 de Air Transat volaba en medio del Atlántico, McKinnon fue al baño.

Nada funcionaba. “Me pareció raro”, dice McKinnon, pero no le dio muchas vueltas.

Al volver a su asiento, la tripulación sirvió el desayuno, pero luego anunció que iban a realizar un aterrizaje de emergencia.

Los sistemas del avión habían dejado de funcionar debido a una catastrófica pérdida de combustible.

Tras media hora en la que se prepararon para lo peor, McKinnon recuerda que alguien gritó que habían conseguido aterrizar.

Aterrizaron en las Azores, un archipiélago aislado a unos 1.360 kilómetros de Portugal.

Los 293 pasajeros y los 13 miembros de la tripulación sobrevivieron.

Pero para muchos, el vuelo no terminó ahí. Para algunos, incluida ella, la terrorífica experiencia volvió a aparecer vívidamente en forma de recuerdos intrusivos y pesadillas durante los meses posteriores.

La experiencia inspiró a McKinnon, ahora psicóloga clínica, a estudiar cómo afecta un trauma a nuestro cerebro: cómo cambia lo que recordamos y por qué alguna gente experimenta Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT).

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“Algunos estudios han mostrado que durante el recuerdo de eventos traumáticos, la memoria se potencia. La gente recuerda muchos detalles y no parece tener dificultades a la hora de recordar”, dice McKinnon.

Pocos estudios han examinado la memoria durante la propia experiencia del trauma.

Así que McKinnon decidió estudiar los recuerdos de los pasajeros que iban con ella en el vuelo de Air Transat.

“Quería utilizar esta oportunidad para examinar los recuerdos en una circunstancia muy controlada, por decirlo de alguna manera”.

Ella y sus colaboradores analizaron los recuerdos de 15 pasajeros del vuelo, comparando sus recuerdos sobre tres acontecimientos: el vuelo, un evento emocionalmente neutral del mismo año y su experiencia de los ataques del 11 de septiembre de 2001, que ocurrieron un mes después del vuelo de Air Transat.

De los 15 entrevistados, seis exhibieron síntomas de TEPT.

Los pasajeros, independientemente de si habían o no desarrollado TEPT, tenían recuerdos vívidos y reforzados del incidente, lo que sostiene la idea de que el miedo cambia cómo el cerebro almacena nuestros recuerdos.

Aquellos que desarrollaron TEPT “almacenaron muchos recuerdos superfluos, no solo del evento traumático, sino también del 11 de septiembre y del acontecimiento neutral”, dice McKinnon.

Esto sugiere que estos individuos tienen dificultades a la hora de editar lo que recuerdan, o eliminar algunos contenidos de la memoria.

Si los acontecimientos traumáticos son más vívidos, ¿qué pasa en nuestros cerebros cuando “hacemos” los recuerdos?

El cerebro contiene múltiples sistemas memorísticos. Tenemos recuerdos físicos, por ejemplo sobre cómo aprendimos a ir en bicicleta.

Tenemos recuerdos auditivos. Y tenemos sistemas memorísticos más específicos y “declarativos” que utilizan en gran parte la zona del cerebro denominada hipocampo.

El hipocampo guarda recuerdos como dónde aparcamos el auto o que dos más dos son cuatro.

Pero el miedo activa un sistema distinto: nuestro centro de control de emergencias: la amígdala cerebral.

La amígdala cerebral consiste en un par de estructuras con forma de almendra situadas en ambas partes del lóbulo temporal del cerebro. Interviene especialmente en recuerdos emocionales como el miedo, pero también en recuerdos placenteros como la comida o el sexo.

Cuando un recuerdo es particularmente llamativo e inesperado, activa este sistema de la memoria emocional.

Si escapas de un león una vez, o ves que alguien está siendo comido por un león, sabes que tienes que temer a ese león”, explica Kerry Ressler, profesor de Psiquiatría y Ciencias del comportamiento en la Universidad de Emory, Estados Unidos.

Esto es muy distinto de algo como estudiar los datos contenidos en un libro.

“Puede que esto tenga sentido evolutivo, porque queremos priorizar cosas que son verdaderamente importantes”, explica Ressler.

Cuando sentimos miedo, un estallido de adrenalina activa una cascada que parece realzar el almacenamiento de recuerdos de los eventos justo precedentes.

“El sistema del miedo ha evolucionado para manteneros vivos”, dice Karim Nader, profesor de Psicología en la Universidad McGill, Canadá.

Aunque no siempre las experiencias que nos provocan miedo nos dejan fuertes recuerdos.

Elizabeth Phelps, profesora de Psicología en la Universidad de Nueva York, estaba interesada en los llamados “recuerdos de flash” sobre el 11 de septiembre.

No se trataba de personas con TEPT, “sino gente normal que había experimentado el 11 de septiembre, es decir, la mayoría de nosotros”, dice Phelps.

Curiosamente Phelps vio que, aunque la gente sentía muy vívidamente estos recuerdos, no eran tan fuertes como ellos pensaban: podían ser modificados.

Esto sugiere que los “recuerdos de flash” difieren de recuerdos de acontecimientos más neutrales no porque los detalles se guarden mejor en nuestra memoria, sino porque pensamos que lo hacen.

La verdad es que muchos de los detalles que pensamos que son precisos, en realidad no lo son.

“Las emociones centran tu atención en unos pocos detalles, a expensas de muchos otros”, dice Phelps.

¿Significa esto que los recuerdos traumáticos pueden ser manipulados, incluso eliminados?

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La ventana de oportunidad para enfriar el almacenamiento inicial de los recuerdos, explica Nader, es del orden de unas seis horas.

Pero nuevas investigaciones sugieren que incluso pasadas esas horas, los recuerdos pueden ser recuperados, actualizados e incluso suavizados.

“No cambiamos tu conocimiento de lo sucedido. Solo cambiamos su asociación con las respuestas estresantes que obtenemos”, dice Phelps.

McKinnon admite que a pesar de la experiencia traumática tan vívida que experimentó, hay muchos detalles que no recuerda.

Cuando se trata de recuerdos aterradores, es posible que nuestros cerebros sean selectivos en el tipo de detalles que almacenan.

El vuelo a Portugal fue una forma ajetreada de empezar un matrimonio. “Fue un intenso comienzo, sí”, dice McKinnon riendo. “Inesperado”.

Ese año resultó ser uno que cambiaría la vida de McKinnon también en otras direcciones, haciéndola consciente de la necesidad de investigar, pero también de tratar mejor el trastorno de estrés postraumático, dice.

La experiencia que vivió ese día fue el comienzo de un nuevo e inesperado viaje personal y científico. A medida que pasa el tiempo, el recuerdo puede ser más fácil de revivir, pero el legado es difícil de olvidar.

Lee la

historia original en inglés en

BBC Future