El Oscar le suena bien al nominado mexicano Martín Hernández

Martín Hernández, tras años de relación profesional con Alejandro G. Iñárritu, opta a su primer Oscar por la edición de sonido de 'Birdman'
El Oscar le suena bien al nominado mexicano Martín Hernández
Martín Hernández está nominado al Oscar a la Mejor Edición de Sonido.
Foto: IMDB

Comenzaron juntos en 1985 en la emisora de radio mexicana WFM.

Y el domingo, 30 años después, los dos se pasearán por la alfombra roja del Dolby Theatre, en Hollywood, camino de, quién sabe, subir a su escenario para recibir el Oscar.

Alejandro G. Iñárritu, el director, co-guionista y co-productor de “Birdman” —es candidato por cada una de estas facetas— y Martín Hernández —co-editor de sonido por dicho filme y también nominado— comparten así años de amistad y experiencias.

Hernández, nacido en el D.F. hace 50 años (Iñárritu es un año mayor), habló con este medio acerca de una carrera que dio inicio con el debut del director en “Amores perros” (2000) y tras filmes como “21 Grams”, “Babel” y “Biutiful” , llega a su cénit con “Birdman”, nominada a nueve Oscar.

La gala tendrá lugar el domingo a partir de las 8:30 p.m. E.T./5:30 p.m. P.T. y será transmitida por ABC.

Son ya 15 años de trabajar en cine juntos. ¿Cómo ha cambiado tu relación con Alejandro?

Pues extrañamente, no mucho. Desde luego hay rigor profesional cuando estamos trabajando. Pero como [hemos colaborado] por tantos años, no hay un cambio. Alejandro sigue siendo el mismo tipo generoso que conozco desde que me acuerdo. Ha habido una madurez… lógicamente estamos viejos. A los 50 [años] ya se van apagando las luces y la vida cambia.

Iñárritu es un cineasta de enorme fuerza visual. ¿Es tan exquisito en su apuesta por el sonido?

Sí, absolutamente. Incluso más. Él siempre ha sido más un cuate cuyos detonadores vienen por el audio. Siempre ha sido más de sonido que visual.

Has sido diseñador, mezclador y editor de sonido. ¿Cuáles son las diferencias?

Es un poco difícil explicarlo breve sin que sea tedioso, pero para dar una explicación simple, uno tiene que traducir el lenguaje subjetivo del director para cada escena y personaje. Es lo que hacen los actores. Nosotros en el sonido [también] hacemos eso. Tengo una conversación con Alejandro para saber dónde está la poesía de la película. Y nada, nos dedicamos a esta conversación en el cuarto de edición durante muchas horas. Desde cosas muy obvias como el entorno físico de [los personajes] hasta cosas muy subjetivas como transiciones o cosas que no están en la realidad. Y esta conversación no termina allí, porque todos estos elementos los llevamos a la sala de mezcla y mezclamos: ahí definimos dónde está el claroscuro, el volumen, el tamaño, la proporción, la profundidad de las cosas… Es un proceso largo.

¿Crees que la audiencia se da cuenta de eso, del trabajo que hay detrás del sonido?

Cuando un actor sobreactúa, lo notas. Con el sonido puedes caer en eso: es un error ser grandilocuente y salirte de la proporción de la película y de la escena. El trabajo bien hecho, y al mismo tiempo inconveniente, del sonido, es hacer que no se note.

El desafío técnico del rodaje de “Birdman”, ¿cómo afectó a tu labor?

Mucho. A mí me llegan los “tracks” del sonido directo, que son los diálogos. [En “Birdman”] fue extraordinario. En el cuarto de edición, con Alejandro y los otros editores, la conversación fue cómo íbamos a sortear el movimiento que tenía la cámara y los personajes, que se estaban desplazando de un lugar a otro. Tuvimos que mover los elementos [sonoros] de la misma forma cómo se movía la imagen.

Este domingo por la mañana, cuando te levantes por la mañana, ¿qué va a pasar?

Pues espero que nada. Yo estoy tratando de darle la proporción que esto tiene. Entiendo la atención mediática que un premio como éste comporta. Pero es un momento, un abrazo muy amplio —y se agradece—, pero sólo es eso: un paréntesis en la vida. Esto va a terminar, pero la vida va a continuar. Porque si no, sucumbes a una locura mediática que está fuera de la proporción: está esquizofrénico el discurso que te premian porque es tu mejor trabajo. Entonces llega la reflexión: si nunca más me vuelven a nominar quiere decir que jamás habré hecho otro trabajo que valga la pena. Yo no creo que esa lectura sea ni justa ni razonable.

Al fin y al cabo es una fiesta.

Es una gran fiesta. Y no deja de ser muy honroso que el núcleo de personas que la crearon te inviten.​