Un día en la vida de Yolanda

MÉXICO

No hace falta despertador. El cuerpo de Yolanda sabe que son las 5:00 de la mañana y se activa justo a esa hora en la que tiene que dejar el cuarto —donde apenas cabe una cama y un diminuto mueble para la ropa— y comenzar la limpieza en la casa de sus patrones donde duerme.

Yolanda no es su nombre real. Lo cambió para hablar a sus anchas de los abusos que vive como trabajadora doméstica y evitar la deportación del Instituto Nacional de Migración o el despido de la familia que la emplea en Chiapas.

Chiapas es un estado con muchos rezagos colonialistas y para las clases más altas es “normal” considerar que los trabajadores les deben servicios las 24 horas al día, por un sueldo mensual de alrededor de 13 dólares y con un solo día de descanso a la semana.

Yolanda lava, plancha, cocina, barre, trapea, hace camas y caprichos múltiples para cinco personas y si algún día llega a faltar al trabajo por razones de salud, simplemente no se le paga porque no puede tener un contrato legal en su condición de indocumentada. Mucho menos reclamar seguro social o denunciar maltratos.

“Una vez fui a investigar cómo podría sacar un documento, pero costaba muy caro”, afirma Yolanda.

El comisionado del Instituto Nacional de Migración, Ardelio Vargas, por su lado, dice que tramitar una visa de trabajador fronterizo “no cuesta un peso”.

El problema es que Yolanda tendría que entrar y salir entre México y Guatemala constantemente y los patrones no la dejan porque debe atenderlos: sólo le permiten faltar en caso de enfermedad aunque esto ya es ganancia para ella. “Al menos no me corren”, dice

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