Empresarias: El triunfo de la tenacidad

Yolanda Cuevas puso en marcha su empresa cuando tenía 46 años, su trabajo ha sido premiado este año por el programa Mission Main Street de Chase
Empresarias: El triunfo de la tenacidad
Yolanda Cuevas, fundadora y presidente de Cuevas Distribution.
Foto: Cortesía

Si no han conocido nunca a nadie que soñara trabajar en una empresa telefónica, permítanme que les presente a Yolanda Cuevas.

Cuevas es hoy la presidenta de Cuevas Distribution, una empresa en Fort Worth (Texas) que fundó en 1993 y que distribuye material para laboratorios médicos y centros de investigación (jeringas, guantes, gafas, gasas, máscaras, etc), además de equipamiento para riesgo biológico. Con ella trabajan siete personas, entre ellas, sus hijas y su ex marido.

La empresa, que ha sido recientemente galardonada con un reconocimiento y una beca por el programa Mission Main Street de Chase, la creó cuando tenía 46 años.

Ahora que tiene 68 dice que es algo que dice que disfruta mucho. Pero no era su sueño de niña o adolescente. Entonces, lo que deseaba era trabajar para una telefónica. ¿Por qué?

Por el aire acondicionado.

Yolanda Cuevas empezó a trabajar a los 10 años en el campo recogiendo algodón para ayudar a su extensa familia, y en esas circunstancias lo que ansiaba era escapar el calor. Lo que sabía de las telefónicas era que tenían aire acondicionado.

Cuevas, habla con voz dulce de experiencias duras que dan buena muestra de su tenacidad y fortaleza. Pero dice ser vehemente y desde luego no da rodeos al describir la situación en su infancia. “Eramos muy pobres”. “A veces comíamos pollo los fines de semana”, dice al hablar de una dieta dominada por el arroz y los frijoles.

Sus padres, mexicanos llegados a Texas cuando eran niños, tuvieron 13 hijos y su padre tenía dos trabajos. “Los hijos teníamos que colaborar. No era trabajo infantil, era lo que tocaba”, dice. Lo que también recuerda de la casa de sus padres también es que “había mucho amor”.

Cuevas tuvo una pequeña beca para estudiar pero seguía trabajando. Hasta los 18 años en el campo aunque también limpiando moteles, en una pastelería, etc. “Siendo mexicana o negra no se podía conseguir un buen trabajo porque te miraban por encima del hombro. Yo no tenía ropa adecuada para trabajar en una tienda”, explica. Cuevas vivió en primera persona los prejuicios raciales aquellos años.

Finalmente y tras solicitarlo varias veces empezó a trabajar en una telefónica independiente en San Marcos (Texas).

Apenas empezaba a estudiar cuando se casó y su esposo, mexicano, fue llamado a filas. Es algo que llevó a ambos a Alemania durante dos años. Él terminó la carrera de ingeniería y al volver a Texas, trabajó para General Dynamics en Fort Worth. Cuevas se empleó en otra telefónica y después en un banco donde estuvo 16 años. Fue la primera latina que trabajaba en esa entidad

Una de sus clientas le habló de un programa (Historically Underutilized Business) que obliga a quienes reciban dinero del estado a contratar con empresas de minorías y mujeres. “Es algo que abre puertas”, dice.

El trabajo de su marido le permitió abrir su negocio sin presión por tener que ganar dinero rápidamente. “Es algo que toma tiempo y mucha paciencia”, explica.

Y tuvo que aprenderlo todo. Estudió con ahínco los catálogos de sus proveedores, trabajó entre 16 y 18 horas al día y mandó centenares de cartas a universidades y laboratorios para presentarse. “Dos o tres respondieron, empezábamos con pasos de bebé”. Ella sabía que no tenía el aval necesario para tener un crédito bancario y tomó prestado del 401k para poner en marcha.

Cuevas recuerda que su primera venta fue de $40 y que perdió dinero con ella por el papeleo que tuvo que hacer y costos de entrega. Ahora tiene una facturación que ronda los tres millones de dólares al año.

En tres años se ve jubilada y dando paso a sus hijas en la empresa. “Estamos en esa transición”. Ellas tienen ideas sobre lo que quiere hacer “y serán responsables”, asegura. “Yo les he enseñado lo que he podido, he hecho lo que me tocaba”