Las ayudas no llegan a los negocios de El Barrio

Comerciantes no logran levantar cabeza aún
Las ayudas no llegan a los negocios de El Barrio
Dimitri Gatanas y su vivero esperaban la primavera.
Foto: G. ROMO

“Mal. Todo está muy lento”, ésa es la respuesta generalizada y frustrada de muchos de los dueños de negocios de la calle 116 en el East Harlem y alrededores cuando se les pregunta cómo ha ido este año tras la explosión. Muchos se encogen de hombros porque no tienen muchas explicaciones.

Los clientes no llegan. Sus cuentas tampoco les alcanzan. Sus negocios están sufriendo mientras que la ayuda monetaria que se les prometió para reparaciones y reemplazo de inventario no ha llegado.

Por iniciativa del asambleísta demócrata Robert Rodríguez se puso en marcha un programa de préstamos de emergencia por un valor de $425,000 millones en agosto para los negocios del área y, aunque en octubre empezaron a aceptarse las peticiones para esta ayuda, aún no se ha desembolsado ni un dólar.

Desde el Upper Manhattan Empowerment Zone (UMEZ), que está gestionando este capital, un portavoz explicaba ayer que se sigue trabajando con “representantes y agencias comunitarias y del estado para asistir a los negocios locales para que obtengan la documentación apropiada y se puedan distribuir los fondos proporcionados por el programa”.

Desde esta organización se explica que el primer desembolso se hará la semana que viene.

El primer cheque

Kadia, dueña de la boutique Sahara en la calle 116, ha recibido la notificación de que va a recibir $7,500 el día 17. Esta empresaria de Mauritania abrió su tienda hace dos años. El primero “nos fue muy bien”. El segundo, tras la explosión que destrozó las vidrieras, el aire acondicionado y $20,000 en inventario, “ha sido duro”, explicaba a El Diario. “Me hubiera venido mejor este préstamo hace meses”, lamenta, “necesito dinero para comprar más inventario”.

Kadia, que se refiere al destino de este dinero como “el misterio de la ciudad”, explica enfadada que para conseguir que le den este capital ahora, ha llamado sin descanso durante semanas para trabajar en su documentación. “No tiro la toalla”, dice.

“Cuando ocurre una tragedia, las instituciones comunitarias —como el UMEZ y el ESD (Empire State Development)— deben responder rápidamente. Aseguramos que los fondos se desembolsen inmediatamente y los esfuerzos de divulgación se redoblen”, pedía ayer en un comunicado Robert Rodríguez.

Raphael Benavides, presidente de la East Harlem Merchant Associaciation, explica que los negocios no se han podido recuperar porque perdieron semanas de ventas por los cierres de locales y calles, tuvieron menos tráfico de clientes por los meses de las obras y en muchos casos se quedaron sin inventario, además de tener que hacer reparaciones.

Con respecto a la falta de estos fondos prometidos, no ahorra las críticas: “están matando a los negocios”. “Da rabia”, admite. Según explica, los planes pasaban por hacer eventos una vez que se distribuyeran los fondos para atraer de nuevo a los clientes a la zona. “La gente está ahora sobreviviendo”, lamenta.

Las peluqueras de la calle 116, entre Park y Madison Avenue, se quejaban de la falta de clientes. “Nadie se ha responsabilizado de nada y la gente tiene miedo”, explicaba una de ellas que no quiso dar más explicaciones. Las demandas están pendientes y algunos negocios no quieren hablar mientras no se resuelva la cuestión judicial. Con todo, varios de los comercios decidieron no demandar y concentrarse en salir adelante como fuera.

Y ha sido una tarea ardua porque muchos de las empresas de la zona no tenían seguro. Según Benavides, los pequeños márgenes que tienen muchos de ellos les impide pagar esta protección. “Hay veces que hay que optar, pagar la renta o el seguro”.

El Servicio a Pequeños Negocios de la ciudad, el SBS, ha prestado asistencia personal para ayudar con los papeles, además de conectar con asistencia financiera o legal. La mayor parte de la ayuda se proporcionó en varios idiomas