Los artesanos del lujo, una ‘especie’ en peligro de extinción

Miman durante horas las más delicadas joyas o los bolsos más exclusivos, sus técnicas pasan como ritos de una generación a otra y además es un gran negocio. Entonces, ¿por qué los jóvenes no quieren dedicarse al oficio?
Los artesanos del lujo, una ‘especie’ en peligro de extinción
Uno de los aprendices de la joyería de lujo Chaumet, una firma con más de 235 años de historia a la que le cuesta obtener nuevos artesanos.

Pascual Bourdariat, duodécimo director del taller de la joyería de lujo Chaumet en sus 235 años de historia, está observando como un trabajador pule con delicadeza una diminuta gema, tan pequeña que es casi invisible.

Aprender cómo crear y diseñar estas intrincadas piezas toma hasta una década y es un conocimiento que se transmite de una generación a otra, con los artesanos trabajando hoy en día de la misma manera que sus predecesores dos siglos antes.

Es en este taller, el cual una vez hizo toda la joyería oficial de Napoleón –incluyendo su corona-, donde se fabrican todos los pedidos especiales y las colecciones más exclusivas.

Elaborar un producto para este mercado es laborioso y consume mucho tiempo de trabajo.

Una sola pieza, como un collar o una tiara, generalmente comporta entre 600 horas y 1.000 horas de trabajo, pero puede llegar a tomar hasta 2.000 horas, dependiendo de la calidad de las piedras utilizadas.

En el pasado, Boudariat asegura que la compañía, ahora propiedad del emporio del lujo LVMH, pasaba un año haciendo simplemente un collar.

Las habilidades requeridas para realizar obras maestras como éstas, sin embargo, están en riesgo de desaparecer en la actual era de producción en masa.

Bourdariat estima que el número de artesanos que realizan este tipo de productos en París se redujo a la mitad en las dos últimas décadas como resultado de la caída de la demanda.

Sostiene que esto ha llevado a una escasez de ciertas destrezas, sin las cuales es imposible trabajar este tipo de joyería, tales como el moldeado, el engaste de las piedras preciosas o el pulido de las mismas.

El grupo LVMH, que además de Chaumet posee unas 70 marcas de lujo como Louis Vuitton, Dior o Givenchy, el año pasado abrió el Instituto de Oficios de la Excelencia, destinado a paliar el déficit de estas habilidades, acogiendo a 28 aprendices en diferentes áreas de su negocio.

El programa pretende transmitir su “savoir-faire” a la siguiente generación, ” no sólo para las necesidades de LVMH, sino también por el oficio, el arte en sí mismo”, dice Chantal Gaemperle, vicepresidente de recursos humanos y sinergias de LVMH.

Empresas del Reino Unido han hecho algo similar, como el fabricante de bolsos Mulberry.

Estas empresas están obrando sabiamente.

El sector del lujo, que incluye coches de gama alta o vinos y ropa exclusivos, es una de las industrias más importantes de Europa que englobó el 17% del valor total de las exportaciones de mercancías del continente en 2013, según el grupo de lobby Alianza Europea de las Industrias Culturales y Creativas.

Además, los consumidores cada vez tienen más en cuenta dónde y cómo se fabrican los productos para tomar sus decisiones de compra.

El presidente de esta alianza sostiene que el 80% de la gente lo primero que mira es la etiqueta de un producto para ver dónde se ha hecho.

“Si nos fijamos, lo que está impulsando el mercado de lujo es su valor como artesanía, la originalidad y la tradición, se trata de cómo agregar valor. Cuántas puntadas hay en un bolso de Fendi o cuánto tiempo se tarda en formar un tejedor, por ejemplo, son aspectos de gran importancia”.

Sin embargo, a pesar del aparente glamour de la industria, reclutar gente dentro del país de origen de la marca puede ser difícil, incluso con la persistente alta tasa de desempleo entre los jóvenes de la zona euro, que alcanza el 22,9%, según los últimos datos.

Elisabeth Ponsolle des Portes, presidenta de la asociación francesa de artículos de lujo Comité Colbert, dice que muchos padres tratan de orientar a sus hijos para se alejen de los trabajos manuales, una tendencia que está tratando de combatir.

El organismo luchó arduamente para conseguir el reconocimiento oficial del gobierno para que se preserven estas habilidades, y ahora está tratando de transmitir el mensaje de que pueden ofrecer a largo plazo una carrera gratificante.

“Nuestro desafío es demostrar hasta qué punto estos oficios están vinculados a la innovación y la creatividad. No son sólo vacías reproducciones de moldes viejos. Se benefician del conocimiento del pasado, pero están en perfecta sintonía con el presente”.

Quienes lo dudan deberían hablar con algunos de los que están aprendiendo las técnicas necesarias.

Maxim Fradin, aprendiz de LVMH se muestra orgulloso de trabajar con sus manos. Lo compara con el trabajo de un músico.

“Es la repetición de los gestos, horas y horas de ensayo para llegar después a una excelencia definitiva y convincente: el objeto perfecto”, zanja.