Editorial: El reconocimiento a Romero

La beatificación de Monseñor Romero acerca la Iglesia a los pobres

La Iglesia Católica hará justicia al beatificar hoy a Monseñor Óscar Arnulfo Romero asesinado mientras rezaba misa, por su defensa de los pobres. Hoy tanto los salvadoreños, como los oprimidos del continente, pueden sacar fuerza ante el reconocimiento de alguien que dio su vida para que ellos tengan voz.

El recorrido para que Monseñor Romero llegue a la beatificación no ha sido fácil. El religioso recién abrazó la causa de los pobres y se rebeló contra la violencia al llegar al Arzobispado de San Salvador. Desde allí comenzó su camino al martirio, desafiando a los poderosos. Esas acciones disgustaron al Vaticano bajo el reinado del Papa Juan Pablo II, un ferviente anticomunista para quien el acercamiento de los sacerdotes a los más pobres era un sinónimo de comunismo.

Recién después del deceso de Juan Pablo II, se retomó el camino a la santidad de Romero. Se dice que fue en un poema del obispo hispano-brasileño, Pedro Casaldáliga, la primera vez que se habló de San Romero de América. A partir de allí el reconocimiento de su martirio corrió como reguero de pólvora hasta que el Papa Francisco, el primera latinoamericano en llegar a ese puesto, aceleró el camino de Romero a los altares con su beatificación.

Hay muchas diferencias entre Monseñor Romero y el Papa Francisco, pero los une a la distancia el compromiso con la doctrina social de la Iglesia y la denuncia a la violencia tanto de la derecha como de la izquierda. A los dos los han querido encasillar en la Teología de la Liberación, sin reconocer que el compromiso de ambos con los pobres es un pilar de la iglesia tan antiguo como el Evangelio.

Las ceremonias de hoy le darán a El Salvador un respiro en su ciclo violencia. Ahora son las pandillas en vez de la ultraderecha las causas de tanto sufrimiento. El deseo de paz no ha cesado nunca entre la gran mayoría de la gente. Ojalá que las nuevas generaciones encuentren el pacifismo al que aspiraba Romero.

La beatificación de Monseñor Romero acerca la Iglesia a los pobres, en un continente en donde la jerarquía religiosa suele estar cerca del poder y el catolicismo pierde terreno ante otras creencias. Romero es un símbolo de la iglesia que todos queremos, del pastor que dio su vida por proteger a su rebaño.