Tenemos que actuar para salvar el sistema de salud en Puerto Rico

English version below Spanish text
Tenemos que actuar para salvar el sistema de salud en Puerto Rico
Melissa Mark-Viverito, presidenta del Concejo Municipal.

Nueva York tiene una de las mayores concentraciones de puertorriqueños en los Estados Unidos. Muchos de nosotros tenemos familia viviendo en Puerto Rico, incluyéndome. Tenemos que trabajar juntos para levantar nuestras voces y exigirle al gobierno federal que actúe ahora para salvaguardar el sistema de salud de nuestros hermanos puertorriqueños antes de que sea muy tarde.

Los puertorriqueños son ciudadanos estadounidenses que contribuyen al sistema y pagan los mismos impuestos por el Medicare. Sin embargo, Puerto Rico recibe menos fondos federales para el cuidado de salud que cualquiera de los 50 estados. Algunos se recuestan sobre el estatus territorial de Puerto Rico para preservar este estatus quo. No importa las vueltas que se le dé, esto es discriminatorio y tiene al sistema de salud en Puerto Rico al borde del colapso. La situación está tan mal que algunos expertos estiman que un doctor al día se va de Puerto Rico para irse a trabajar a alguno de los estados.

El 60%  de la población en Puerto Rico – más de 2 millones de pacientes – reciben su cuidado de salud a través de Medicare, Medicare Advantage o Medicaid. Aunque algunos de esos programas públicos son una gran parte de la industria del cuidado de salud en Puerto Rico, los proveedores reciben unas tasas de reembolsos significativamente menores que sus contrapartes en los estados. Y ahora, el gobierno federal quiere cortar sus fondos aún más.

¿Por qué la salud de los puertorriqueños vale menos que la de otros ciudadanos estadounidenses? Esta situación es más que vergonzosa. Y se pone peor.

Actualmente, Puerto Rico está atravesando una de las peores crisis fiscales y económicas en su historia. Las medidas de austeridad que son necesarias para su bienestar fiscal están afectando los servicios públicos de salud. La industria de cuidado de salud representa un 20% del producto bruto nacional en Puerto Rico. Un colapso no tan sólo pondría en precario el cuidado de salud de millones de ciudadanos estadounidenses, sino que podría resultar en un dramático golpe a la economía de Puerto Rico, que ya de por sí, está bastante frágil.

La supervivencia del sistema de cuidado de salud de Puerto Rico es más que crítica. Si el gobierno federal no interviene, cientos de miles de pacientes verán una disminución dramática en su cobertura de cuidado de salud.

Las familias puertorriqueñas merecen acceso a cuidado de salud de calidad y asequible. No es un privilegio – es un derecho para cada ciudadano estadounidense. La comunidad puertorriqueña ha contribuido enormemente a la sociedad, cultura e idiosincrasia de este país. No podemos abandonarlos ahora en este momento de necesidad. Tenemos que actuar para salvar el sistema de cuidado de salud en Puerto Rico.

No podemos permitir que esto se ponga de mal en peor. Mientras nos preparamos para celebrar la Parada Puertorriqueña y las innumerables contribuciones de esta comunidad, tenemos que enviar un mensaje contundente a los puertorriqueños – que su bienestar y sus vidas importan y que no vamos a permitir que sean sometidos a la indiferencia o a un tratamiento de segunda categoría.

English version

We Need to Act Now to Save Puerto Rico’s Healthcare System

New York is home to one of the largest Puerto Rican populations in the country. Many of us have family living in the Island, myself included. We need to work together to raise our voice and call on the federal government to act now to safeguard the healthcare system of our Puerto Rican brothers and sisters before it is too late.

Puerto Ricans are U.S. citizens who buy into the system and pay the same Medicare taxes. Yet the island receives less healthcare funding than any of the fifty states. Some individuals lean on Puerto Rico’s territorial status to preserve this status quo. But however you cut it, this is nothing short of discriminatory funding and it has the Island’s healthcare system on the brink of collapse. The situation is so bad that some advocates estimate that one doctor a day leaves Puerto Rico to go work in the states.

Sixty percent of the Island’s population – more than 2 million patients – receives their care through Medicare, Medicare Advantage or Medicaid. Even though these public programs are such a large portion of Puerto Rico’s health care industry, practitioners receive much smaller Medicare and Medicaid reimbursement rates than those received by their counterparts on the mainland. And now the federal government wants to cut funding even more.

Why is the health of Puerto Ricans worth less than that of other Americans? This situation is beyond shameful. And it gets worse.

Puerto Rico is currently facing one of the greatest fiscal and economic crises in modern history and the austerity measures necessary for its fiscal well-being are sure to take a toll on public health services. The healthcare industry represents 20 percent of the Island’s GDP. A collapse would not only jeopardize care for millions of U.S. citizens, but could result in a dramatic blow to Puerto Rico’s already fragile economy.

The survival of Puerto Rico’s healthcare system is beyond critical. If the government does not intervene, hundreds of thousands of patients will see a dramatic decrease in their healthcare coverage.

Puerto Rican families deserve access to affordable high quality healthcare. This is not a privilege – it is a right for every U.S. citizen. The Puerto Rican community has contributed greatly to this nation’s society, culture, armed forces and beyond. We cannot abandon them now at this time of need. We need to act now to save Puerto Rico’s healthcare system.

Bad to worse simply cannot be the allowed outcome. As we prepare to mark the National Puerto Rican Day Parade and the innumerable contributions of this community, we can and should deliver a strong message to Puerto Ricans – that their well-being and lives matter and that they will not be subjected to second-class treatment and disregarded.