Editorial: Otra sombra sobre la CONCACAF
Lo ocurrido en esta semifinal recordó el por qué esta confederación vive bajo la sombra de la corrupción
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Si la Confederación de Fútbol de América del Norte, Central y Caribe (CONCACAF) esperaba que la Copa de Oro hiciera olvidar sus escándalos, el partido entre las selecciones de México y Panamá dio por tierra esa ambición. Lo ocurrido en esta semifinal recordó el por qué esta confederación vive bajo la sombra de la corrupción, dejando un sabor amargo entre los amantes de este deporte.
La crónica deportiva analizó al detalle las irregularidades causadas por el árbitro estadounidense Mark Geiger que ayudaron a que México llegue a la final del torneo. A diferencia de las usuales controversias surgidas alrededor del fútbol, como de otros deportes, ahora hay una acuerdo universal sobre la injusticia de la expulsión de un jugador panameño como de un penal que salvó a México de la derrota.
No hay prueba alguna de que el árbitro fue influenciado para favorecer a un equipo determinado, pero tampoco se necesita mucha evidencia para que la sospecha caiga sobre la confederación organizadora. La CONCACAF fue el centro en el escándalo de corrupción que estremeció a la Federación Internacional del Fútbol Asociado. Como consecuencia los dos últimos presidentes de CONCACAF han estado más cerca de la cárcel que de un estadio.
Esto causó la remoción de un liderazgo federativo mayormente de origen caribeño, abriendo el espacio para una directiva muy distinta. El entonces vicepresidente de CONCACAF, el hondureño Alfredo Hawit asumió la presidencia, mientras que se creó un Comité Especial para manejar los asuntos de la confederación, integrado por el estadounidense Sunil Gulati, el canadiense Victor Montagliani y el mexicano Justino Compean. La nueva directiva mencionó antes del inicio de la Copa de Oro su compromiso con la reforma para promover “..un juego con responsabilidad y transparencia“. Lo ocurrido no refleja esta metas, aunque sí da la ocasión para que la directiva actúe con firmeza mostrando los nuevos aires.
A la CONCACAF también le cabe la responsabilidad de la falta de seguridad y presencia policial en el estadio en donde se permite al público arrojar objetos contra los jugadores. Este comportamiento está prohibido hacerlo en Estados Unidos y suele a conducir a sanciones contra equipos y estadios de alrededor del mundo.
El partido México-Panamá fue vergonzoso, una estafa al bolsillo y a la ilusión de los fanáticos. La responsabilidad de que no se repita está en cómo actúan hoy los protagonistas de pantalón largo y traje del fútbol.