¿Cómo saber si se porta mal o tiene déficit de atención?

El trastorno no tiene cura y se presenta en niños y adultos, pero un buen tratamiento puede mejorar el estilo de vida

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En el caso de adultos con TDAH son menos precisas las estadísticas debido a que recurren a psiquiatras o a psicólogos. Crédito: Shutterstock

Ves a un niño distraído, desorganizado, que se le pierden las cosas y le cuesta trabajo prestar atención. Continúas observándolo y parecería que al pequeño le hablan y no escucha, que quiere correr todo el tiempo e incluso da la impresión de que tiene un “motorcito” por dentro que le impide quedarse quieto.

Ese niño creció y ahora es un adulto disfuncional, descuidado, empieza tareas y no las termina, no presta atención, es impuntual en su trabajo, se le olvidan las cosas, a veces puede ser impulsivo y se le hace difícil mantener relaciones interpersonales saludables, y quienes le rodean perciben sus actitudes como dejadez o falta de compromiso.

Por otro lado, ves a un niño que continuamente grita, no obedece y no responde las reglas de sus padres, cuidadores u otro adulto. ¿Es indisciplina o déficit de atención?

Según la neuróloga pediátrica Karen Cruz, los comportamientos de inatención y descuido, la dificultad para completar tareas o enfocarse, así como ser olvidadizo o impulsivo forman parte de los múltiples síntomas que exhiben quienes padecen el trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH). Sin embargo, para que un niño, adolescente o adulto pueda ser diagnosticado con la condición, debe replicar estas señales en dos o más escenarios -por ejemplo, en su casa y en la escuela o trabajo- de tal manera que afecte sus funciones cotidianas, explicó la doctora.

Sobre la frecuente confusión entre lo que es un caso de indisciplina versus uno de TDAH, la especialista aclaró que, si el menor sólo se comporta de esa manera en su casa, “ese niño lo que puede tener es un problema de conducta por el entorno familiar, no porque tenga un trastorno”.

“Esto es un diagnóstico clínico. No hay un estudio como tal que pueda hacerse por sangre o por un estudio de la cabeza (para determinar que un paciente tiene TDAH)”, indicó Cruz. “Lo importante es que ese niño tenga esos síntomas y que esos síntomas interfieran en la vida de ese niño significativamente. O sea, que interfieran en su entorno escolar, social, familiar o, si es un adulto, en su vida familiar o laboral”, añadió la doctora al destacar que un niño o un adulto podría presentar algunos de esos síntomas y ser capaz de controlarlos sin necesidad de tratamiento.

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“Si no tiene los síntomas en dos entornos o más, entonces hay otro problema que podría ser falta de disciplina o algún otro trastorno que puede ser detectado mediante una consulta con un psicólogo o un psiquiatra”, reiteró.

La profesional reveló que en Puerto Rico cualifican por síntomas para el diagnóstico de TDAH entre un 9 y un 13% de los niños. Mientras, en Estados Unidos el 11% de la población de menores entre cuatro y 17 años (6.4 millones) han sido diagnosticados con la condición, de acuerdo con un informe de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, en inglés) divulgado en 2011.

En el caso de los adultos con TDAH, son menos precisas las estadísticas debido a que, por lo general, recurren a psiquiatras o a psicólogos para buscar ayuda a causa de una condición no diagnosticada. Por ejemplo, porque notan que tienen dificultad para concentrarse, se sienten ansiosos u olvidan las cosas fácilmente.

El proceso de diagnosticar

La neuróloga afirmó que a partir de los seis años es posible diagnosticar a un menor si presenta más de seis síntomas por al menos seis meses. “El diagnóstico final debe ser por un psiquiatra de niños y adolescentes o por un neurólogo pediátrico. Sin embargo, en muchas ocasiones, es un psicólogo escolar quien detecta la condición y lo refiere a un especialista”, abundó Cruz.

Una vez el niño llega al consultorio, la doctora explicó que se procede a realizar un examen físico y un historial. “En ese historial es que el padre dice los síntomas que el niño presenta, se envían cuestionarios a los maestros o cuidadores de ese niño para ver que el niño tiene los mismos síntomas en distintos entornos”, agregó.

Sobre los adultos que padecen el trastorno, la neuróloga señaló que es recomendable realizar pruebas de laboratorio y consultar a un cardiólogo antes de comenzar cualquier tratamiento químico estimulante recetado por un especialista.

Aunque el TDAH no es un trastorno curable, existen opciones de tratamientos multidisciplinarios que pueden ayudar a que los pacientes disfruten una vida normal y productiva, aseguró Cruz.

Estrategias terapéuticas

No todos los pacientes con el trastorno de déficit de atención e hiperactividad requieren ser medicados con estimulantes debido a que, según la neuróloga, hay que evaluar si los beneficios del tratamiento químico serán superiores a los efectos secundarios.

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“Estas medicinas lo que hacen es trabajar con los neurotransmisores para estabilizar y que el niño pueda funcionar mejor. Al niño que es inatento, lo enfoca; y al que es hiperactivo, lo va a tranquilizar. No es un tratamiento curativo. Es de mantenimiento para que ese niño pueda ir modificando su conducta y evite tener tantas dificultades”, afirmó la doctora.

El tratamiento preferido para los pacientes de TDAH es la terapia ofrecida por un psicólogo en consulta con un neurólogo o psiquiatra.

La psicóloga Amalia Alicea explicó que la terapia de modificación de conducta, que requiere la presencia y compromiso de los padres o cuidadores, es una de las principales herramientas que utiliza en su consultorio para atender a pacientes ya diagnosticados. Con este tipo de tratamiento, se le enseña al niño a desarrollar hábitos de estudio, a realizar actividades en casa que requieran que preste atención y otras estrategias para que el menor aprenda cómo manejar sus síntomas y sea funcional.

Otra opción de terapia es la que se conoce como “economía de fichas”. “Esta es una técnica que se utiliza para trabajar lo que es el refuerzo positivo y negativo. Por ejemplo, quitar o dar privilegios si el niño cumple o no cumple con su tarea a la hora que corresponde”, indicó Alicea.

La psicóloga agregó que en la terapia también se trabajan aspectos cognitivos para lograr que el niño aprenda a redirigir sus pensamientos y así, eventualmente, su conducta también cambiará.

“Una vez se evalúa y se diagnostica al niño, se establece un plan de tratamiento. Dentro de ese plan, se establecen metas para que el niño y la familia las vean. Así, se incorpora el modelo terapéutico y las técnicas que se vayan a utilizar. Sin embargo, la realidad es que si papá y mamá no se involucran o las personas encargadas, la terapia no va a funcionar”, declaró la especialista en conducta humana.

Y es que Alicea precisó que, para que la terapia funcione, es vital que los padres o encargados continúen las estrategias en la casa porque, eventualmente, “la terapia se va a acabar. Hay niños que parecen no responder al tratamiento, pero es porque en el hogar no se les da seguimiento”, destacó.

¿Cuáles son los síntomas del trastorno de déficit de atención e hiperactividad?

Según la doctora Cruz, existen tres tipos del trastorno: inatento, que muchas veces pasa desapercibido; hiperactivo impulsivo y el combinado, que es el más común. Para lograr un diagnóstico, la persona debe presentar seis o más de estos síntomas y que los mismos hayan persistido por seis meses o más. Aplica a los adultos de igual manera aunque, según Cruz, en adultos el TDAH se manifiesta más en su modalidad de inatención.

Síntomas:

  • No escucha con atención
  • Tiene dificultad para completar tareas
  • Es desorganizado
  • Se le pierden las cosas
  • Se distrae fácilmente
  • Se le olvidan las actividades diarias
  • Le hablas y parece que no escucha
  • Falta de atención
  • Comete muchos errores por descuido
  • No presta atención a los detalles

Síntomas de hiperactividad/impulsividad:

  • Es inquieto
  • Se levanta de su silla frecuentemente
  • Corre excesivamente o en lugares inapropiados
  • Siempre está en movimiento
  • Dice que siente como si tuviera un “motor” por dentro
  • Habla excesivamente
  • Dificultad para participar en actividades silenciosas
  • Deja tareas incompletas
  • Responde abruptamente sin pensar
  • No puede esperar su turno
  • Interrumpe conversaciones
  • Es impaciente
  • Quiere ser el primero en todo

– Dalissa Zeda Sánchez

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