Hincapié: “Cuando pueda iré a Colombia”

Johnny Hincapié estrena su libertad, se sorprende con la vida moderna, y sueña en volver a su tierra natal

Hincapié: “Cuando pueda iré a Colombia”
María Hincapié sonríe mientras ve a su hijo Johnny hablar de sus planes futuros. Mariela Lombard/El Diario
Foto: Mariela Lombard / El Diario

Dos días después de que un juez anulara la condena que lo mantuvo 25 años tras las rejas, Johnny Hincapié fue atendido este jueves por la cónsul colombiana en Nueva York, María Isabel Nieto, quien le facilitó la obtención de su nueva cédula de ciudadanía y pasaporte, lo que permitirá regularizar su situación migratoria.

Durante su permanencia en la sede diplomática, al originario de Bogotá le dieron un trato excelente, pero también a sus familiares quienes se tomaron un café con la cónsul. El clan de Hincapié, sus padres, hermano, cuñada y su amigo John Medina, casi que no se han separado de él en las 48 horas que lleva feliz estrenando su libertad, y es que saben que pudo haber sido víctima de una condena errada, tras una confesión forzada.

Pese al exceso de felicidad y a que sus padres le cedieron su excelente cama que es como un somnífero, en las dos noches que ha dormido en su casa se le ha dificultado conciliar el sueño. “Allá los colchones son delgados y duros”, contó Hincapié sobre sus días durmiendo en la cárcel, agregando que por costumbre, y como era obligado en prisión, se sigue levantando muy temprano para hacer su sesión de flexiones o lagartijas. Lo qué sí ha sido nuevo son las arepas colombianas y huevos revueltos que le ha preparado su mamá para el desayuno.

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La mañana de este jueves caminó por su barrio y usó su propio dinero por primera vez en décadas. “Compré el periódico, agua y chicle. Fue una experiencia fenomenal. Pero lo que más me sorprende es el uso constante de tarjetas para pagar. Ya pocas personas usan efectivo”, dijo con una sonrisa.

Otro de los asuntos de la vida moderna que requerirán un lento aprendizaje, según dijo Hincapié, y que es algo muy cotidiano para cualquiera, es acostumbrarse al uso de un teléfono celular inteligente. “También me sorprendí al ver las tarjetas MetroCard, pero todavía no quiero montar en metro, hasta que le vaya perdiendo la incomodidad por las aglomeraciones y el estrés de la ciudad”.

Con tanta información para procesar, no sabía que Colombia enfrentaba este jueves a Perú por las eliminatorias mundialistas y agradeció a El Diario por el dato. “Lo veré, seguro. El año pasado durante el Mundial de Brasil contagié a mis compañeros de la pasión y todos se alegraron por el buen juego de la selección”.

Muchos planes

Los Hincapiés ven remota la posibilidad de que la Fiscalía de Manhattan se empeñe en impulsar un segundo juicio como ordenó el juez Eduardo Padró el pasado martes, algo que se sabrá el 9 de noviembre. Además, consideran que el asunto judicial debería llegar a su fin si se toma en cuenta la condena de 25 años que ya cumplió Johnny con excelente comportamiento, así como los testimonios que indican que é no estuvo en el lugar de la muerte de Brian Watkins en 1990.

Tras obtener una seguridad provisional de que no sería deportado, poco a poco planean posibilidades de recorrer tantos lugares que Johnny ha dejado de ver. “Cuando pueda iré a Colombia. Quiero ver a la familia. Quiero pisar mi tierra y ver el progreso del país”, dijo Hincapié quien vino de Bogotá a los dos años, y para quien Medellín está clara en la memoria porque vivió allí entre los 6 y los 9 años. “Recuerdo mucho el centro de la ciudad, las festividades, los globos y la pólvora en diciembre. También a la gente bailando”.

Los días antes de su liberación sus compañeros de la penitenciaria de Fishkill le deseaban la mejor de las suertes. “Hasta los mismos guardias eran amables y querían que saliera. A todos les di mi último adiós”, contó.

Johnny es una persona muy religiosa, que nunca dejó de tener fe en que sería liberado, y quien además apoyó a muchas personas. “Siento que pude haber ayudado a más de cien personas en todo tipo de problemas. Muchos querían que los escuchara, me pedían consejos, ayuda con su familia”, cuenta con una sonrisa y recordando que muchas veces tenía que parar los que estaba haciendo para atenderlos.

Pero fueron tres a los que más ayudó: “A Pedro Ospina, colombiano, lo ayudé a reconectarse con su hija de California después de muchos años y mis padres la recibieron y la llevaron. Joe Negedo, no tenía a nadie más que a mí y lo convencí de que no se suicidara y le di mi apoyo. A Miguel Peña lo estimulé  a terminar la universidad”.

No fue un camino de rosas hasta convertirse en un líder carismático y un hombre respetado por su corazón y no por sus puños. “Los primeros años tuve que ocultar mi lado amable en ese nuevo mundo. Me tocó defenderme porque podía haber mucho abuso”, indicó el ex presidiario.

Ahora, gozando de su libertad, Johnny espera poder disfrutar de muchas cosas como el ver la postemporada de sus queridos Mets. Cambiaría su corazón por las entradas a algún juego. ¿Fanáticos generosos?