Seis pasos para dar una mala noticia

A nadie le gusta recibir ni dar malas noticias, pero a veces no hay otra opción

El impacto puede ser tan devastador que requiere una mínima preparación para reducir el efecto.
El impacto puede ser tan devastador que requiere una mínima preparación para reducir el efecto.
Foto: Shutterstock

Decir que las malas noticias son demoledoras está lejos de ser un eufemismo. Dependiendo de lo que se trate, pueden causar el derrumbe instantáneo de una persona y marcar un antes y un después definitivos en su vida.

Enterarse, por ejemplo, de que se tiene una enfermedad mortal, de que un ser amado ha fallecido, de que se está en quiebra, de una condena judicial desfavorable o del despido de un trabajo hace parte de esa clase de situaciones repentinas para las que nadie está preparado.

Como el impacto físico y emocional que se sufre está ligado a las características de cada individuo, no se puede decir que es igual en todos los casos. Es claro, sin embargo, que de entrada las personas experimentan una serie de reacciones que incluyen confusión, obnubilación y variaciones cardiovasculares como el aumento de la presión arterial o su abrupta caída (reacción vagal), lo que puede llevar a la persona a perder el conocimiento.

Las manifestaciones emocionales también varían; así como algunos simplemente se callan o se ‘apagan’, otros gritan, se desesperan e incluso son capaces de agredir o causarse daño.

El impacto puede llegar a ser tan fuerte y definitivo que exige que quien comunique una mala nueva sepa cómo y cuándo hacerlo, para facilitar el proceso de adaptación del afectado.

¿Entonces cómo?

Basada en su experiencia, la médica paliativista Claudia Agámez, quien frecuentemente se enfrenta a estas situaciones, explica que no todas las personas cuentan con las habilidades necesarias para comunicar asuntos negativos.

En ocasiones, la forma como se hace “puede multiplicar el daño que la misma noticia causa”, y eso incluye el tratar de atenuar o de disfrazar la gravedad de la noticia, en un vano intento por aminorar el malestar.

Es bien conocida la máxima de que “nadie ama al mensajero que trae malas noticias” (Antígona de Sófocles), pero igual se puede hacer el esfuerzo de transmitirlas lo mejor posible, pues nadie está exento de afrontar una situación de este tipo. Estas son algunas claves:

1. Revisa si eres la persona indicada
Establece si eres la persona idónea para transmitir una mala noticia; no es suficiente que seas cercano familiar o emocionalmente al otro para asumir esta tarea.

Por ejemplo: si se trata de un diagnóstico médico, un desenlace judicial o el estado de salud de un cercano, es más útil que las personas más informadas al respecto, y que estén en capacidad de resolver las inquietudes que surjan de inmediato, comuniquen lo que sucede. No tener respuestas incrementa la angustia. Si además consideras que la situación te afectará emocionalmente, mejor hazte a un lado.

2. Si puedes, prepara el terreno
Aunque buena parte de las malas noticias surgen de manera inesperada, hay otras que permiten anticipar los desenlaces. Si este es el caso y eres la persona idónea, habla calmadamente con la persona y plantéale los escenarios que se avizoran, incluido el más oscuro.

Aunque no se trata de algo definitivo, quien recibe la información tiene la oportunidad de ir procesando e ir preparándose para lo que ocurrirá, incluido lo peor.

3. Busca el momento más indicado
Cuando es necesario comunicar la mala nueva enseguida, haz lo posible por hacerlo cara a cara; es preferible que nunca lo hagas por teléfono ni, mucho menos, por escrito. Procura hacerlo en un sitio privado y tranquilo donde no sean interrumpidos y puedan estar sentados.

Si lo consideras útil y prudente, pídele a un familiar de la persona o a alguien de confianza que los acompañe. Evita, hasta donde sea posible, abordar a la persona al final de su jornada laboral, en las noches o antes de un fin de semana, sobre todo si la noticia que se da le generará dudas que necesita resolver ya o si no tiene redes de apoyo emocional suficientes.

4. Sé concreta
Evita los rodeos, los eufemismos o las narraciones innecesarias. Ten presente que nada de lo que digas puede suavizar o atenuar lo que ha ocurrido o sucederá. Con sensibilidad, pero con claridad, cuenta de entrada lo que pasa.

No des demasiados detalles en la primera parte. Dale oportunidad a la persona de reaccionar y respeta la forma como lo haga. A veces pasa que lanza juicios y culpa a otros; en este caso es mejor ser prudentes, mantenerse en calma y no entrar en contradicciones.

5. Conviértete en un soporte
La persona que da la noticia se convierte automáticamente en el primer respondiente de ese duelo; asume que eso pasará y prepárate para acompañar y ofrecerle algún tipo de ayuda: colaborar con un trámite, hacer averiguaciones, conectarlo con familiares, llevarlo a su casa e incluso llamarlo al otro día para preguntarle cómo está. No dejes la sensación de que te limitaste a darle una mala noticia y luego te apartaste.

6. Presenta alternativas
Por mala que sea una noticia, generalmente siempre hay opciones, por pequeñas que sean, para remontarla. Frente a un mal diagnóstico, una posibilidad de tratamiento; frente a una muerte inminente, el soporte espiritual y paliativo; ante el despido, opciones para encontrar una nueva fuente de ingresos, y en caso de muerte, todo el acompañamiento posible.