Repartidor paga $300 tras ser amenazado con ‘La Migra’

Tras un leve incidente de tráfico, un joven es víctima del temor a ser denunciado a Inmigración
Repartidor paga $300 tras ser amenazado con ‘La Migra’
Gustavo Acosta frente al Cuartel 83 en Bushwick donde fue dos veces a denunciar su caso. ( Joaquín Botero /El Diario)

Gustavo Acosta, un peruano de 19 años que es estudiante de cuarto año de economía, vivió una mala experiencia el pasado 20 de diciembre con la sola mención de la palabra ‘inmigración’. El limeño que aquel día había empezado su primer turno de trabajo como repartidor de pizzas en bicicleta en Midtown, en Manhattan, rayó levemente y por accidente un auto que estaba estacionado con luces intermitentes sobre la calle 50 cerca de la Segunda avenida.

El conductor del auto Honda negro lo amenazó con llamar a la Policía y de ser necesario a inmigración hasta que no le diera lo que él consideró el precio del daño: $300. Acosta se los dio por temor de que pudiera arruinar su presente y la posibilidad de continuar sus estudios universitarios en el país. En la actualidad tiene una Visa J1 para estudiantes de intercambio que le permite trabajar por un máximo de cuatro meses.

“El tipo rondaba los 30 años y parecía de origen afroamericano”, contó Gustavo. “Amenazó con llamar a la Policía, pero luego insistió en que mejor arreglaran entre ellos. “Al menos no te van a deportar”, repitió varias veces.

Gustavo retiró de sus pocos ahorros en un ATM y entregó $300 entre lágrimas. El conductor le devolvió $40 y se fue rápido del lugar, pero Acosta alcanzó a anotar la matrícula del auto. Un estadounidense vio el final del incidente, Gustavo contó lo ocurrido y el hombre le dijo que había sido víctima de un robo y llamó al 911 de su propio teléfono. Sin embargo la Policía no acudió al lugar en la hora siguiente y Acosta decidió regresar a la pizzería, renunciar y volver a su apartamento en Brooklyn.

Los días siguientes Acosta enfrentó un laberinto de incompetencia de las autoridades. Ese mismo domingo 20 de diciembre llamó de nuevo al 911 desde la habitación que ocupa en Bushwick, Brooklyn, pero los policías tampoco acudieron. Luego fue a los cuarteles 10 en Manhattan y al 83 cerca a su vivienda, pero en ninguno de los dos lugares tomaron el reporte aduciendo que debió haber esperado en el lugar del incidente, pero principalmente porque al pagar había aceptado un acuerdo. “Luego dijeron que podía acudir a una corte civil pero el daño podía resultar más costoso y el proceso muy demorado”.

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Gustavo Acosta trabaja en una compañía de limpieza y sigue repartiendo comida a pesar del incidente de diciembre. (Joaquín Botero / El Diario)

En un último intento, Acosta volvió al cuartel 83 en Bushwick donde fue atendido por su comandante el inspector Máximo Tolentino y la encargada de asuntos comunitarios la detective Damaris Franco. Allí se encontró en el mismo callejón sin salida.

“Cada día pasan este tipo de incidentes de daños a la propiedad que a veces la gente trata de arreglar sin llamar a la Policía. Lo que el hombre hizo no alcanza a ser un delito sino apenas acoso o coerción”, indicaron en el cuartel.

El inspector Tolentino llamó al departamento jurídico del NYPD que explicó que no hubo delito ya que el hombre no amenazó con agresión, pero sí pudo proferir la amenaza de llamar a inmigración porque está amparado por la libertad de expresión.

Sin embargo, los oficiales confirmaron con los registros que en efecto se hizo una llamada al 911 desde el teléfono del bueno samaritano a la que la policía no acudió. Con esto y con un formulario se puede iniciar una queja con el estado de NY y el Departamento de Motores y Vehículos (DMV) y también en la corte civil de la Ciudad.

“La lección que se puede aprender es que al Departamento de Policía ni a la ciudad le importa su estatus migratorio en estos casos. Para la próxima siempre llame y espere a una patrulla”, le dijo el inspector a Acosta.