Jaime Jarrín: el hombre que enseñó a los Dodgers a hablar en español

Con 58 años como la voz hispana del equipo de Los Ángeles, el cronista ecuatoriano es una leyenda viviente con muchas historias que contar

Jaime Jarrín, narrador de los juegos de Dodgers en español.
Jaime Jarrín, narrador de los juegos de Dodgers en español.
Foto: JON SOOHOO - DODGERS

Jaime Jarrín cumple esta temporada 58 años como la voz oficial en español de los Dodgers.

Nada mal para un hombre que nació en un país donde el beisbol es casi inexistente y que inició su carrera en el micrófono como presentador en una estación de música clásica.

“Nunca creí que iba permanecer por tanto tiempo en una forma consecutiva con los Dodgers, pero me enamoré del beisbol, me encanta lo que hago y aquí sigo”, dijo el cronista de 80 años de edad.

El hombre que llegó en 1955 a Los Angeles, procedente de Quito Ecuador, se ha convertido en una leyenda de las Grandes Ligas con más de 10 mil partidos de beisbol narrados.

Su estilo de describir las jugadas, de contar anécdotas, de recrear historias, de hacer volar la imaginación de quienes lo escuchan, hacen de Jarrín un icono perene e inamovible dentro del mosaico cultural de Los Ángeles.

El narrador de mil batallas es también un hombre leal, un individuo pulcro, un caballero que ama a su esposa, Blanca, a sus dos hijos y sus tres nietos por encima de cualquier otra cosa.

“Mi esposa es la que se merece todos los elogios y laureles, ella me ha respaldado en esta carrera en la que he tenido que estar mucho tiempo alejado de casa. Si mi esposa alguna vez me hubiera dicho: ‘los Dodgers o yo’, la hubiera escogido a ella. Afortunadamente eso nunca sucedió”, apuntó.

Jarrín ha disfrutado una vida de ensueño desde que en 1958 la estación KWKW le dio la oportunidad de convertirse en cronista de los Dodgers, cuando el equipo se mudó de Brooklyn a Los Ángeles.

Fue ahí donde inició la carrera que lo ha llevado a narrar 26 Series Mundiales, 20 Juegos de Estrellas y a ser inducido al Salón de la Fama del beisbol.

Amante de los chiles rellenos y un buen trago de tequila, admirador del violinista clásico italiano Paganini, viajero empedernido que conoce todos y cada uno de los rincones del mundo, Jarrín también ha tenido momentos muy difíciles en su vida.

En 1990, mientras cubría los juegos de pretemporada de los Dodgers, en Vero Beach, Florida, sufrió un accidente automovilístico que lo dejó al borde de la muerte.

Las lesiones internas que sufrió lo mantuvieron cuatro meses en el hospital, seis de esas semanas en la unidad de terapia intensiva.

“Es un milagro que que haya sobrevivido”, señaló el hombre que en tres palabras es capaz de resumir toda una vida llena de logros y satisfacciones: “Responsabilidad, sacrificio y dedicación”.

¿Cómo describiría este increíble viaje de 58 años con los Dodgers?

Es una jornada increíblemente larga, nunca creí que iba  permanecer por tanto tiempo en una forma consecutiva con los Dodgers. Pero pues empecé, me enamoré del beisbol, me encanta lo que hago y no lo considero un trabajo, lo considero una distracción y una responsabilidad muy grande con el auditorio, que es el que me ha mantenido ahí. Mi longevidad se debe al respaldo enorme que he tenido del auditorio.

Recuérdeme esa primera narración que hace para los Dodgers en 1959

Estaba nervioso. En primer lugar sabía la importancia de las transmisiones porque los Dodgers habían llegado a Los Ángeles tras dejar Nueva York. En segundo lugar, era algo nuevo para mí a pesar de que ya tenía experiencia en radio porque ya había trabajado cuatro años en Quito como locutor antes de venir a Los Ángeles, y ya estando aquí, me tocó transmitir mucho boxeo desde el Olimpic Auditorium. Trasmití todas las peleas de los grandes peleadores mexicanos de aquella época como “Pajarito” Moreno, “Chucho” Castillo, “Toluco” López, Olivares, todos ellos. Sin embargo, en mi primera transmisión con los Dodgers sí estaba nervioso. Ver a un Memorial Coliseum donde había 70,000 personas sí fue abrumador.

Esta es un temporada muy especial en la historia de los Dodgers, pues será la última de Vince Scully como la voz oficial de los Dodgers en inglés después de 67 temporadas. ¿Qué sentimientos tiene al respecto?

Me siento muy triste porque va a ser el ultimo año de Vince, quien ha sido un hombre increíble en mi carrera. Él tuvo la amabilidad de ayudarme muchísimo cuando yo empezaba, siempre me distinguió con su amistad. Cuando él viajaba con el equipo y teníamos una noche libre, inevitablemente siempre estábamos cenando juntos. Él ha sido mi maestro, mi mentor profesional, mi inspiración profesional y ha sido mi amigo. En verdad que me da mucha melancolía pensar en el hecho de que después de este año ya no estará con nosotros.

¿Forjaron una gran amistad?

Tenemos una amistad muy estrecha, muy especial. Yo le caí bien a “Vicentico”, como le digo de cariño. Él es una combinación increíble del mejor narrador en toda la historia del beisbol, con un carisma extraordinario y como persona es un fuera de serie. Un caballero a carta cabal, muy amable, muy gentil, para mí, Vin Scully ha sido algo único en verdad.

¿Recuerda un momento especial con Vin Scully?

Yo tuve un accidente de auto muy fuerte en Vero Beach, Florida, durante el Spring Training de 1990. Casi pierdo la vida, los doctores no creían que iba a sobrevivir. Estuve casi cuatro meses en un hospital en Florida. Estuve casi seis semanas en cuidado intensivo, y prácticamente volví a nacer, tuve muchas lesiones internas. Pero mi ilusión era narrar el Juego de Estrellas de 1990 y pues yo me desesperaba porque que se acercaba el Juego de Estrellas y yo estaba en el hospital, pero gracias a Dios, me pude recuperar y llegué al Wrigley Field de Chicago a hacer el Juego de Estrellas. Cuando llegué al estadio, Vin Scully me recibió con un cariño tan enorme que es un momento que guardo en mi corazón. Solamente pude hacer dos innings porque tenía mucho dolor en el estómago, pero el recibimiento de Vin fue uno de los momentos más emotivos de mi vida.

Cuénteme qué significa compartir las transmisiones de los Dodgers con su hijo Jorge desde la temporada pasada

Es la bendición más hermosa que he recibido. Jorge ya tenía cuatro años trabajando con los Dodgers y un día el equipo me dio la sorpresa porque los Dodgers no me consultaron en lo absoluto y yo me enteré de que él iba a estar conmigo en las transmisiones hasta que los Dodgers hicieron el anuncio oficial. El hecho de que Jaime esté conmigo es una bendición muy grande porque él me cuida, yo lo cuido, cenamos juntos todos los días. En cierta forma estoy pagando las ausencias tan constantes y pronunciadas cuando yo estaba fuera de casa por los viajes con los Dodgers. Esta es una una oportunidad para pagarle a Jorge el tiempo que estuve ausente en su niñez. Nos llevamos muy bien, él me bromea diciéndome que es mi chofer y mi acompañante, así que es una bendición estar trabajando juntos.

¿Cuántas veces ha faltado a una narración de los Dodgers?

En al año que tuve el accidente perdí prácticamente toda la temporada. El resto, no recuerdo que haya perdido juegos. Hace apenas dos años comencé a tomar vacaciones dentro de la temporada, pero antes de eso no recuerdo haber faltado a un juego, si acaso una gripa por ahí, pero no recuerdo. Yo llegué a tener una racha consecutiva de más de 4,000 juegos consecutivos de 1962 a 1984. La cadena se rompió cuando los Dodgers me pidieron que me fuera a trabajar tres semanas con el Comité Olímpico durante las Olimpiadas de Los Ángeles, y ahí se rompió esa racha.

¿Cuáles han sido los momentos más emotivos que le han tocado narrar?

Siempre los juegos perfectos son muy especiales. El primer juego perfecto que me tocó narrar fue el de Sandy Koufax en 1965. Yo tuve la suerte de narrar tres juego perfectos. El de Koufax, el de Tom Browning, en 1988, que jugando para los Rojos de Cincinnati tiró en contra de los Dodgers, y el del nicaragüense Dennis Martínez, con los Expos de Montreal, también contra los Dodgers, un 28 de julio de 1991 en Los Ángeles. Ése fue muy especial porque lo lanzó un latino. La cadena maravillosa de Orel Hershiser de innings consecutivos sin permitir carreras rompiendo la marca de Don Drysdale fue algo verdaderamente espectacular. La temporada de 1981 cundo aparece Fernando Valenzuela, cuando se establece como un fenómeno, no solo deportivo, sino social, con sus tremendas actuaciones en la llamada Fernandomanía. Esa es una temporada que sin lugar a dudas no volverá a repetirse en los anales del beisbol.

¿Cómo ve a los Dodgers esta temporada?

Es muy prematuro y a mí no me gusta predecir porque en el beisbol hay muchos factores que entran en consideración, particularmente las lesiones. Un equipo que esté bien ensamblado, si sufre lamentablemente dos o tres lesiones, eso puede echar por los suelos cualquier posibilidad. Hoy más que nunca está difícil porque vamos a tener un nuevo manager. Yo estoy muy optimista en que Dave Roberts va a ser un excelente dirigente. Es un hombre de beisbol, es joven, es alegre, sabe llevarse con los peloteros. Los Dodgers dejaron escapar a un pitcher extraordinario. Es muy difícil llenar un hueco como el que dejó Zack Greinke, pero vamos a ver, yo veo un poquito débil la rotación de abridores de los Dodgers. Me abstengo de hacer un pronóstico definitivo, sobre todo por eso que digo de las lesiones.

Rapiditas con Jaime Jarrín

Su actor favorito: Pedro Armendáriz y José Ferrer

Su actriz favorita: Jane Seymour

Su película favorita: Rocky

Su música favorita: Clásica y semiclásica. En Ecuador yo empecé mi carrera en radio como presentador de una estación de música clásica.

Su compositor favorito: Paganini

Su platillo favorito: de Ecuador, los llapingachos y también me encantan los chiles rellenos. Me vuelven loco los chiles rellenos y un buen tequila.

Su tequila favorito: Reserva de la Familia de la Casa Cuervo

¿Tiene mascotas?: Tuve una perrita chiquita, blanquita, muy linda que se llamaba Golda, vivió con nosotros 15 años.

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