¿Cuál será el papel de EEUU para ver el “último día de guerra” en Colombia?

Ahora viene la parte más difícil y llena de desafíos para lograr un acuerdo de paz justa y duradera en Colombia, según expertos
¿Cuál será el papel de EEUU para ver el “último día de guerra” en Colombia?
Los colombianos celebraron el anuncio. EFE
Foto: EFE

WASHINGTON.- Como aliado clave de Colombia, EEUU debe jugar un papel destacado en el proceso de pacificación en el país andino, ahora que inicia la parte más difícil para una paz duradera, afirmaron este viernes algunos expertos.

Con la mediación de Cuba y tras cuatro años de negociaciones, el gobierno de Colombia y las guerrilleras Fuerzas Armadas de Colombia (FARC) suscribieron ayer en La Habana un acuerdo de cese al fuego y desarme que previsiblemente iniciará el fin de un conflicto civil de más de medio siglo, el más prolongado de América Latina.

El secretario de Estado, John Kerry, aplaudió ayer el anuncio y elogió al presidente colombiano, Juan Manuel Santos, por su “coraje, liderazgo y compromiso inquebrantable con la paz”, además de reconocer la labor de Noruega y Cuba como países garantes.

Asimismo, Kerry afirmó que EEUU continuará su “estrecha colaboración” con Colombia “para asegurar que los compromisos asumidos durante las negociaciones producen beneficios tangibles para los ciudadanos del país”.

En abril pasado, el Senado aprobó una resolución bipartidista de apoyo al proceso de paz en Colombia, que desde 2000 y hasta 2015 recibió cerca de $10,000 millones en ayuda estadounidense dentro del “Plan Colombia”, aunque el mayor costo, en recursos y vidas, las puso el país sudamericano.

El papel de EEUU

A través del plan “Paz Colombia”, que el presidente Barack Obama anunció en febrero pasado como un nuevo marco estratégico de colaboración bilateral, EEUU apoyará un ambicioso programa de desminado, entre otras medidas.

Expertos consultados hoy por este diario coincidieron en que este es un momento crítico para el proceso de pacificación en Colombia y el papel que debe jugar EEUU, tomando en cuenta las décadas de desconfianza mutua entre el gobierno y la guerrilla y los retos por delante.

“El acuerdo de cese al fuego es un avance y un logro significativo y se debe celebrar, porque no fue nada fácil llegar a este punto. Pero ahora viene la parte más dura, porque la implementación de los acuerdos será extremadamente difícil y complicada”, dijo Michael Shifter, presidente del Diálogo Interamericano, un centro de estudios políticos en Washington.

Es un proceso que requerirá recursos “considerables”, una atención sostenida, y un amplio consenso y apoyo en un país polarizado sobre este asunto, pero eso “no debe restarle valor al logro de poner fin al conflicto armado”, según Shifter.

Para Shifter, lo lógico ahora es que EEUU mantenga el apoyo a “Paz Colombia” –la nueva fase de ayuda anunciada en febrero pasado por el presidente Barack Obama- y “una cooperación sostenida a un nivel significativo para consolidar la paz”.

Así como el gobierno de EEUU ya ha invertido durante años en Colombia, ahora debe hacer lo propio para evitar reveses en el proceso, enfatizó.

Por su parte, Cynthia Arnson, directora del programa de América Latina del Centro Internacional Woodrow Wilson, apuntó que asuntos como el desarrollo rural y la eficaz reinserción civil de los excombatientes tomarán recursos y capacidad institucional en Colombia.

Colombia tiene una fuerte capacidad institucional, más que la mayoría de los países latinoamericanos, aunque la capacidad es dispareja, indicó.

“El desafío más grande será ocupar el espacio que deje la desmovilización de las FARC, no sólo con las fuerzas de seguridad sino también con una amplia gama de instituciones estatales”, señaló Arnson.

También están los retos que supone el combate al crimen organizado y la desmovilización del otro grupo guerrillero, el Ejército de Liberación Nacional (ELN).

“Todas estas dificultades no deben restar al significativo de este momento histórico, porque es algo que abre innumerables oportunidades además de los riesgos”, puntualizó Arnson.

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Un pasado y futuro compartidos

Estados Unidos, donde viven poco más de dos millones de colombianos,  ha sido un aliado comercial, político y militar importante para Colombia: desde 2000, ese país andino ha sido el mayor receptor de ayuda estadounidense en América Latina, principalmente dentro del “Plan Colombia” para combatir al narcotráfico y el terrorismo.

Esa ayuda, sin embargo, fue disminuyendo conforme mejoraba la seguridad ciudadana en Colombia, y EEUU posteriormente cambió su enfoque del terreno militar hacia esfuerzos de desarrollo social y económico.

Para el año fiscal 2016, la ayuda de EEUU por $289 millones ha estado destinada a ayudar al Gobierno colombiano en la erradicación de cultivos de coca; la ampliación de su presencia institucional en zonas de conflicto; la desmovilización y reinserción civil de excombatientes; la restitución de tierras; la aplicación de la reforma judicial, y ayuda humanitaria para las víctimas del conflicto y poblaciones vulnerables.

La ayuda estadounidense también respaldará la implementación de un eventual acuerdo de paz que ponga fin a un conflicto de 52 años.

El acuerdo abarca cinco áreas, incluyendo la participación política, reparación de las víctimas, el desarrollo rural, y el desarme y eventual desmobilización de la guerrilla, y se prevé que las autoridades divulguen mayores detalles para antes de la celebración del día de la independencia en Colombia el próximo 20 julio.

Tras la firma del cese al fuego en La Habana, el principal comandante de las FARC, “Timochenko”, expresó confianza en que la fecha marque “el último día de guerra” en su país, que data de 1964.

Son muchos los desafíos por delante para que esa meta se cumpla –como ejemplos, la realización de un plebiscito sobre el acuerdo, y la continua oposición de partidarios del expresidente Alvaro Uribe-, y EEUU jugará un papel importante en las próximas etapas del proceso, según los expertos.