El festival swinger que se convirtió en un maratón de sexo

Durante 2 días, decenas de parejas se entregaron al erotismo en el Festival Swingfields

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El festival swinger que se convirtió en un maratón de sexo
Los swinger intercambian parejas sexuales.
Foto: Shutterstock

Cuando quieren, los ingleses pueden caer en curiosas contradicciones. Pueden, por ejemplo, cerrarle la puerta en la nariz a la Unión Europea so pretexto de salvaguardar su cultura anglosajona, y al mismo tiempo hacer un festival al mejor estilo Creamfields, pero de sexo. Sí.

Hace unos días se realizó en el Reino Unido la tercera edición del Festival Swingfield, un encuentro que congrega a los miembros de la comunidad swinger del reino, y que este año según la organización sumó cerca de 700 participantes. Una multitud.

El primer Swingfields fue en 2013 en Worcestershire y entonces asistieron apenas 250 personas. Pero la colectividad empezó a sumar miembros, por lo que según las crónicas, el escenario de este año lució como “una enorme película porno”.

Los convidados (que pagaron cerca de $500) se entregaron sin pausa durante dos días a todas las actividades y entretenimientos eróticos planeados, además del intercambio de parejas, porque a eso se dedican concretamente los parroquianos de este club.

La palabra swinger viene del verbo inglés to swing que significa labancearse, oscilar, columpio. Se sabe que los esquimales, por ejemplo, suelen jugar a “la lámpara apagada” un divertimento que consiste en mezclarse en la oscuridad, respetuosamente y de forma consentida. Primero cenan todas las parejas juntas, después bailan y cuando ya están a punto se apaga la luz… y agarráte Catalina.

Para mantener la privacidad y evitar filtraciones a la prensa, los invitados al Swingfield se enteraron a último momento el lugar de la cita, que fue en un bucólico pueblito de 2,800 habitantes ubicados al sur de Gales, en la localidad de Monmouthshire.

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Es de imaginar la sorpresa que se habrán llevado los vecinos cuando de la noche a mañana apareció en el patio de atrás el dichoso campamento. Las postales muestran gente desnuda circulando entre una miríada de carpas blancas y tinas de baño colectivas, espacios donde supongo habrán sucedido los hechos principales.

Personalmente creo que el intercambio es una práctica de lo más común y natural. Algunos se espantan ante la idea pero cierto es que tu marido o tu esposa puede estar acostándose con la esposa de tu amigo y viceversa, la diferencia con los swingers es que lo comparten con su pareja, no lo hace cada uno por su lado sottovoce. Es una forma de infidelidad consentida, para explicarlo mejor.

Sucede en las mejores familias y acá existe incluso un club privado donde se reúnen también quienes no tienen grupos de amigos, es decir, las parejas que quieren probar de qué se trata pero no saben con quién compartir su inquietud.

Se da bastante, según me contaron algunos organizadores cuando escribí mi libro, que incluye un capítulo dedicado al tema, en los countries y barrios cerrados donde hay buena onda entre los vecinos.

En fin, si los nudistas tienen playas propias porque los swinger no podrían tener su festival.

– Amanda Jot