Un partido dividido

La crisis en el bando republicano es evidente
Un partido dividido
El primer día de la Connvención republicana fue de puros gritos.
Foto: Chip Somodevilla / Getty Images

Cada cuatro años, la democracia estadounidense se viste de fiesta. Los dos principales partidos celebran sus convenciones nacionales; en una formalidad se elige al candidato a la presidencia y es todo aplausos y un mar de banderas y escarapelas rojas, blancas y azules.

Se aprueba la plataforma partidista; los líderes históricos declaran las virtudes del candidato presidencial, cuyo discurso inicia el tramo decisivo de la carrera a la Casa Blanca con el total apoyo partidista.

Así, en cada ciclo normal.

Pero este momento político no es normal. Es sin precedentes en la historia política del país.

En la convención nacional republicana que inició el lunes en Cleveland el partido no pudo mostrar una fachada unida.

Ante ruidosas protestas, los organizadores rechazaron el intento de los opuestos al magnate de cambiar los reglamentos para que los delegados no estén obligados a apoyar a Trump.

Los reglamentos originales fueron aprobados por aclamación entre gritos de protesta de los oponentes que luego abandonaron el recinto.

Los patriarcas partidistas, incluyendo a dos expresidentes y dos excandidatos presidenciales, entre la disyuntiva de apoyar a Trump o criticarlo desde el podio, simplemente no vinieron. A cambio, Trump trajo a su esposa.

El partido Republicano no salió de su profunda crisis. Una crisis que inició hace años pero es exacerbada por la candidatura de Trump.

Mientras ello sucedía, fuera de la convención tenía lugar “una multitudinaria pero pacífica marcha anti Trump, proinmigrante y contra el odio y el abuso policial”, según nuestra enviada especial Pilar Marrero.

El escándalo y la protesta fueron mayores dentro del recinto que desde afuera.

La campaña insistió en un mensaje populachero, apelando a su mensaje de mano dura y poderío, por su promesa del retorno de los buenos tiempos con “ley y orden”.

Pretende contender por la presidencia del país con el mismo mensaje de intolerancia con el que Trump ganó las primarias.

Por ello, lo que vimos en el primer día de la convención republicana es un partido muy diferente al de cuatro años atrás: más extremo, más intolerante y más dividido.