Martin Greenfield: De sobreviviente del Holocausto a sastre de presidentes

Desde su fábrica en Brooklyn, Greenfield emplea a inmigrantes latinos para confeccionar trajes para celebridades, políticos, y estrellas del deporte
Martin Greenfield: De sobreviviente del Holocausto a sastre de presidentes
Martin Greenfield, el doctor de los sastres, trabajando. (Foto cortesia Martin Greenfield Clothiers)

WASHINGTON.- A Martin Greenfield una máquina de coser le salvó la vida en los campos de concentración nazi, emigró a EEUU de la antigua Checoslovaquia en 1947 y, desde que estableció su fábrica en Brooklyn en la década de 1970, se ha apoyado en sastres inmigrantes para crear finos trajes para presidentes, políticos,  y celebridades.

Desde su taller y fábrica, donde comenzó como un “floor boy” – un especie de niño de mandados-, Greenfield ahora emplea a 120 sastres y costureras de 17 países, incluyendo Puerto Rico, México y de Centroamérica, para confeccionar piezas hechas a la medida.

Prácticamente cada traje que el presidente Barack Obama luce en público, por ejemplo, fue hecho por “el sastre de sastres”, un hombre que, en entrevista hoy con este diario, dijo estar agradecido con la vida y dispuesto siempre a ayudar a inmigrantes como él.

“Tuve suerte de sobrevivir, pero también tuve la ayuda de Dios y de mucha gente. Después que fui rescatado y liberado por soldados de EEUU en Buchenwald, un tío patrocinó mi visa para viajar a EEUU. Mi opción fue muy clara: siempre he tratado de ayudar a otros, de forma individual y a través de organizaciones comunitarias locales”, explicó Greenfield.

Como muchos de su generación, Greenfield llegó de adolescente a las costas de EEUU en un barco con apenas $10 en el bolsillo, y en 1947 consiguió empleo llevando y trayendo telas y demás materiales de un piso a otro para la empresa GGG Clothes.

Greenfield compró el negocio y la fábrica en 1977. Sus empleados reflejan las diversas olas de inmigrantes en EEUU, y en la actualidad tiene empleados de Puerto Rico, México, Costa Rica y otros países de América Latina, según confirmó a este diario uno de sus dos hijos, Tod.

A lo largo de más de 60 años de carrera, sus hábiles manos también han confeccionado trajes de expresidentes como Dwight Eisenhower y Bill Clinton, líderes del Congreso, y celebridades como Paul Newman o Michael Jackson, ya fallecidos, Tom Cruise, Danny Glover, los jugadores de baloncesto Shaquille O´Neal y Patrick Ewing,  los diseñadores Calvin Klein y Donna Karan, o estrellas de exitosas películas de Hollywood.

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De Obama dice que “está en buena forma, es muy carismático, y es un placer hacerle trajes”.  Pero atesora en particular un recuerdo de 1958, cuando Eddie Cantor lo invitó a Hollywood y pudo conocer a sus artistas favoritos de entonces, como Edward G Robinson, Bob Hope, y decenas más.

Su conocida obsesión por la calidad le ha abierto las puertas de la Casa Blanca donde le gustaría seguir al servicio del próximo inquilino, porque “desde luego sería un gran honor tener la oportunidad de vestir a otro presidente”.

Lealtad y “familia”

Greenfield,  de 87 años, siempre luce impecable pero, sobre todo, se ha sabido ganar la lealtad de sus empleados, a quienes trata “como familia”, según dijeron hoy a este diario dos de ellos en sendas entrevistas telefónicas desde Nueva York.

El puertorriqueño Sal Nazario, de 77 años, trabaja con el afamado sastre desde hace 52 años, arreglando y dando mantenimiento a las máquinas de coser,  aún cuando ya se jubiló.

“Yo ya me jubilé pero le sigo trabajando al señor Greenfield. Aprendí muchísimo con él, y es difícil dejar un lugar donde te han tratado bien, donde te tratan como familia“, dijo Nazario,  quien conoció a Greenfield por medio de la amiga de su hermana, que trabajaba de costurera.

“Aprendí a planchar y lo hice durante nueve años. Me había graduado de secundaria como mecánico… pero el señor Greenfield me animó a que siguiera estudiando, así es que regresé a sacar mi diploma de ingeniero”, dijo Nazario.

Por su parte la costurera mexicana Josephina Vega, de 46 años y madre de cuatro hijos ciudadanos, enumeró ejemplos de las veces que Greenfield y su familia le tendieron una mano, comenzando con el patrocinio de su visa.

“Entré a la compañía cuando tenía 18 años, y ya sabía un poco de costura porque mi papá es sastre. Hago de todo, acabados, pego botones… esta familia me ayudó cuando mi papá se enfermó en México, cuando tuve mis embarazos y, cuando compré nuestra casa en Brooklyn, su hijo Tod me sirvió de fiador”, explicó.

La costurera mexicana, Josephina Vega, empezó a trabajar para Greenfield a los 16 años, y dice estar acostumbrada a coser para famosos.
La costurera mexicana, Josephina Vega, empezó a trabajar para Greenfield a los 16 años, y dice estar acostumbrada a coser para famosos.

A Greenfield ahora “le fallan sus oídos y a veces se marea, pero aún así llega todos los días a la oficina”, señaló.

La costura le salvó la vida

Greenfield no sabía ni enhebrar una aguja –el sueño de su padre era que fuera médico- pero, en plena Segunda Guerra Mundial y bajo la Alemania nazi, aprendió a coser en un campo de concentración en Buchenwald, viendo cómo lo hacían los demás prisioneros.

Ya en Nueva York, William P. Goldman, su jefe de entonces cuando recorría los pisos cargado de telas y trajes, lo convenció a que, en vez de médico, se convirtiera en “doctor de sastres”, afirmó.

Greenfield perdió a su familia en el Holocausto y aprendió de su padre el valor de la disciplina,  pero tiene un consejo a los hispanos que sueñen con una carrera en el mundo de la costura: “tienen que perseguir lo que les despierta pasión… a mí me ayudó también el trabajo duro, y siempre intentar ofrecer un valor intrínseco, primero a mi empleador y después a mis clientes y empleados”.

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