La jornada del día después

La Marcha de la Mujer se erige como la mayor movilización social contra un gobierno entrante en la historia de Estados Unidos
La jornada del día después
La Marcha de la Mujer en Nueva York, será reccordada como una de las demostraciones política más importantes.

Una sombra de preocupación y miedo se cierne sobre el país desde el 8 de noviembre y se ha ido extendiendo en la medida que la elección de Donald Trump, no fue una pesadilla sino la realidad.  En todo caso, un día después de su posesión, nos sumamos en Nueva York a la Marcha de la Mujer, no sólo para apoyar el respeto a sus derechos individuales, sino también los colectivos, el de los más vulnerables, los inmigrantes, las minorías y en defensa de avances sociales como el Obamacare, vilipendiados y amenazados por el ahora presidente.

He marchado con mis hijas y juntos, hemos visto que como nosotros, muchas otras familias, con sus tiernos hijos en brazos, arrastrando cochecitos, gente de todas las razas, de todas las religiones, nos confundimos en la compacta masa humana que se desplazó en medio de cánticos, consignas y portando carteles con los más irreverentes mensajes exigiendo respeto, justicia social y  reivindicar no ser ignorados en las decisiones del Gobierno.

La Marcha de la Mujer -que originalmente fue convocada en Washington– se replicó simultáneamente en las principales ciudades del país y a través del mundo, quedará registrada en los anales de la historia como la manifestación más multitudinaria jamás vista, lo que contrasta con la escuálida asistencia del  día anterior en la asunción de Trump.

Por primera vez he visto tantas mujeres juntas en una causa generada por una coyuntura política que amenaza al tejido social. La enseñanza de la marcha ha sido enorme, pues si bien la convocatoria fue para mujeres, la respuesta fue abrumadora, una explosión social que ha cobijado a todos sin distinción de raza o credo bajo la bandera de la resistencia, para hacerle saber el nuevo inquilino de la Casa Blanca, que  deberá replantear su retórica populista incendiaria, o tendrá una revolución civil en las calles.

El clamor de la marcha reflejó eso, un generalizado y genuino fervor de decir: ¡Basta!

El reclamo a Trump va dirigido, primero, a recordarle que durante el poder transitorio que se le ha conferido, el derecho de las  mujeres, también son Derechos Humanos y en consecuencia, merecen la más absoluta equidad y, segundo, que no habrá lugar a un retroceso a las conquistas sociales.

En suma, la marcha ha sido una lección cívica audaz de madurez. Ha sido una demostración ciudadana de lo que es vivir en democracia, pero sobretodo, ha ratificado la capacidad de la mujer para asumir y liderar un desafío  nacional con repercusiones globales, no sólo en demanda de su agenda, sino de los grandes temas nacionales y de la sociedad en su conjunto.