Mentira y gobierno

Columna de opinión de Samuel Schmidt

La Procuraduría General de Justicia reclama crédito por la detención de Tomás Yarrington, aunque al parecer Estados Unidos solicitó la detención y proveyó la información.

¿Para qué mentir arriesgándose a ser mostrados como mentirosos? Pensarán que una vez publicada una noticia la gente la cree, pero en la posverdad, se puede confirmar la mentira y la ganancia se convierte en perdida.

Con el término demagogia la Ciencia Política califica la tendencia a incumplir lo ofrecido sabiendo que no se cumplirá, de ahí a mentir hay gran distancia.

Los políticos prometan bajar el cielo y las estrellas. Un candidato uruguayo prometió que todas las calles serían de bajada para ahorrar gasolina. Ese ingenio se compara con el candigato o el burro Chon, cuyos rebuznos se equiparan a muchos discursos políticos, por lo menos en contenido.

¿Creen los políticos que la gente cree sus mentiras? ¿O en la posverdad no les preocupa?

El presidente de la república niega haber recibido la Casa Blanca como prestación por  servicios a un constructor; su secretario de hacienda dice que la casa de campo comprada al mismo constructor fue pagada con su salario; gobernador de Chihuahua declara propiedades con información alterada sin decir de dónde salió el dinero para comprarlas; gobernador envía decenas de millones de pesos en efectivo diciendo que eran para una feria; PGR oculta información sobre el soborno de Obedrecht? La lista es interminable.

¿Hay diputados, senadores, presidentes municipales o gobernadores  que terminan su gestión en la misma condición económica en que entraron?

Alguien me dijo que la presidencia municipal de Ciudad Juárez debía producir 10 millones de dólares en tres años, algunos salieron con más. Un senador aprovechaba el fuero para contrabandear pigmentos para su fábrica de pintura.

Le pregunté a un ex alcalde cuánto le produjo la presidencia municipal porque entró quebrado y salió boyante, me acusó de atacarlo.

La corrupción se relaciona con la mentira; mienten para ocultar el origen de la riqueza, porque dice el refrán: no se pueden ocultar la riqueza y la pendejez. Nuestros políticos son todo menos pendejos, por eso y sus complicidades no los agarran.

En el pleno de la Cámara de Diputados un diputado espetó: Queremos que regrese Raúl Salinas, el sólo pedía el 10%, ahora piden el 30%. Ya extrañamos a los buenos corruptos que eran buenos mentirosos.

Los políticos se comportan como criminales haciendo evolucionar el discurso político y que sea más mentiroso, al grado que terminan creyendo sus propias mentiras.

Echeverría inauguró un pozo, abrió la llave y brotó agua cristalina. Terminó el mitin y se llevaron la pipa que proveía el líquido, oculta detrás de una loma.

Para Peña las reformas funcionan, la economía crece, la gente paga impuestos feliz de la vida, la educación avanza, y el petróleo nos sacará del atolladero, aunque la realidad lo contradiga, a final de cuentas: si la realidad no se ajusta al discurso político, que se joda la realidad.

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