En mi Viejo San Juan Gay

Un libro rememora la edad de oro de la cultura gay en Puerto Rico... que ocurrió hace 40 años
En mi Viejo San Juan Gay
Antonio Pantojas, primer transformista en llegar a los medios de comunicación masiva en Puerto Rico. /SUMINISTRADA

Cuando la Compañía de Turismo de Puerto Rico lanzó hace dos años una campaña promocionando la isla específicamente como destino gay, parecía culminar un proceso de apertura a la comunidad LGBT que incluye la aprobación del matrimonio entre personas del mismo sexo en 2015, la emergencia de personalidades mediáticas abiertamente gay (el activista Pedro Julio Serrano, el cantante Ricky Martin), y la retirada de figuras consideradas homofóbicas como el personaje televisivo La Comay.

Sin embargo, aunque cueste de imaginar, este no es el momento de mayor presencia de la comunidad gay en las calles de la isla. “Los años 60 y 70 para mí es la época de oro que no hemos logrado recuperar de la cultura gay en Puerto Rico”, dice el historiador y ambientalista Javier Laureano, autor del ensayo histórico “San Juan Gay: Conquista de un espacio urbano de 1948 a 1991”, publicado por el Instituto de Cultura Puertorriqueña.

El libro documenta hasta una treintena de negocios gay solamente en el Viejo San Juan, incluyendo barras, hoteles y locales de espectáculos de transformistas que llegaron a provocar cierta alarma social. Un artículo publicado en 1968 por la periodista Ángela Luisa Torregrosa exclamaba: “Las prostitutas, atómicos y homosexuales se han adueñado de mi Viejo San Juan y han hecho un San Juan depravado”.

Portada de “San Juan Gay”. /Suministrada

Hoy, sin embargo, no queda ningún local gay en el Viejo San Juan, por lo que Laureano tuvo que reconstruir aquella época a menudo recurriendo a los recuerdos de la gente que la vivió.

“Mi compañero es 19 años mayor que yo, él nació en el 53, y pasó su adolescencia y temprana adultez circulando por estos circuitos gay ocultos del Viejo San Juan y de Santurce, y cada vez que caminábamos por la ciudad él me indicaba: Mira, aquí estaba el Lion’s Den, aquí estaba el Lion’s of St. Marks, aquí había un hotelito que me acuerdo que era exclusivamente gay…”, recuerda Laureano, de 45 años, desde su apartamento en el Greenwich Village de Manhattan.

The Lion’s Den era una barra inmensa situada cerca de la casa del gobernador. Otros locales emblemáticos de la capital donde había espectáculos de travestis fueron El Cotorrito, que fundó el músico Johnny Rodríguez en Santurce, y la discoteca Bachelor, en Condado, desde donde el transformista Antonio Pantojas se convirtió en una figura popular en toda la isla.

Estos espacios de liberación sexual dieron lugar en los años 70 a la fundación del Colectivo Orgullo Gay (COG), la primera organización pro-derechos gay en Puerto Rico. “Las barras fueron muy importantes en los 70s en el comienzo del activismo gay porque financiaron parte del activismo, los newsletter, los periódicos, las marchas, los desfiles…” explica Laureano.

Represión y visibilidad

“San Juan Gay” señala la relación directa entre el proceso de urbanización de Puerto Rico después de la Segunda Guerra Mundial, y la aparición de una comunidad gay muy unida y conectada pese a la clandestinidad. También describe el esfuerzo de los medios y la publicidad para promover cierto patrón de masculinidad.

“Desde el principio de la televisión en Puerto Rico había hombres vestidos de mujer. Yo lo veo como un proceso para reglamentar la heterosexualidad”, explica el autor, quien nota la contradicción entre el travestismo abierto en locales como el Cotorrito, donde acudían figuras respetadas del gobierno, con “la burla en la TV, que muestra cómo los hombres no deben usar las manos, los labios, cómo no deben caminar, qué balance debe tener el cuerpo”.

La represión contra la homosexualidad también estuvo en la esfera política. En 1974, como parte de la reforma del código penal del gobernador Rafael Hernández Colón, se penalizó la sodomía consensual, incluso entre parejas heterosexuales.

Portada del programa de El Cotorrito, famoso club de transformistas en San Juan. /Suministrada

“Es algo que se lo tengo que repetir a la gente varias veces porque no lo pueden entender, que un hombre y una mujer no podían tener sexo oral porque podían estar presos 10 años”, explica Laureano. “No creo que haya tenido grandes consecuencias, no conozco ningún caso hasta ahora, pero lo importante es que estuvo en la legislación hasta que el supremo federal lo eliminó en 2004”.

La presencia gay en las calles de San Juan empezó a mermar en los años 80, en medio de una serie de episodios de violencia (simbolizada por el asesino en serie Ángel Colón Maldonado, que mató a 27 homosexuales) y principalmente por culpa del estigma del sida.

“El golpe que nos dio a la cultura gay fue irreparable al día de hoy… Había mucha paranoia, no se sabía si el sida se contagiaba por una lágrima, un beso, un inodoro”, recuerda Laureano. “En mi caso, yo siempre he sido muy gay, muy alto y muy visible; yo uso mucho las manos (gesticula) y siempre he sido un target para el odio de la gente homofóbica. Entonces yo dije, déjame ver si perdiendo peso desaparezco un poco y logro escaparme del acoso. Pues inmediatamente la gente me dijo que yo tenía sida, ¡siendo un jovencito de 12, 13 años!”

“San Juan Gay” termina a principios de los años 90, cuando una nueva generación de activistas impulsó eventos como la hoy muy popular parada gay de Puerto Rico. Sin embargo, coincide con otro de los factores que liquidaron las barras gay: Internet.

“Con gay.com puede hacer lo que hacías en la barra, o escoger la pareja o el grupo de gente con quien quieras estar, y lo hacías en tu casa sin temor a que te arrestaran o a encontrar tus vecinos en la barra”, explica Laureano. “Ese fue otro elemento importante en la manera que se ha ido desarmando el circuito gay urbano de San Juan. Lo mismo ocurre en Christopher Street o Chelsea; cada año hay menos barras”.

Anuncio de teleinfo Gay, servicio de la Coalición Puertorriqueña de lesbianas y homosexuales publicado en la revista HEAT en 1992. /Suministrada