No hay amor más sincero… 

Lo que sentimos por la comida es más que una necesidad simplista
No hay amor más sincero… 
El acto de comer involucra todos los sentidos./Shutterstock
 Las emociones que despierta lo que pones en tu plato van más allá de una glotonería simplista. Los bocados son un fino hilo conductor de tus recuerdos; comer es volver a convivir con quienes ya no están, viajar a lugares y momentos grabados en la memoria. La mesa es una metáfora de la vida, asegura el historiador Massimo Montanari.
Cierto, la comida satisface una necesidad básica; sin embargo, tu universo alimentario y los más íntimos sentimientos respecto a lo que te llevas o no a la boca están finamente delineados por tu historia y visión del mundo.
Según la doctora en antropología Laura E. Corona, el ser humano es instruido sobre su gama de posibilidades comestibles incluso antes de existir: durante el embarazo, la madre aporta, mediante el cordón umbilical, un catálogo de sabores.
Las asociaciones positivas con la comida comienzan a reforzarse durante la lactancia. Cuando la madre amamanta, además de aportar nutrientes, brinda sensaciones de seguridad y protección a su bebé, explica la maestra Fátima Moneta, especialista en atención psiquiátrica.
“Hay una relación entre la amígdala, que concibe la alimentación como una necesidad básica, y el córtex cerebral, generador de recuerdos y emociones, donde las neuronas de la memoria hacen conexiones a partir de olfato y gusto”, señala la especialista.
Lo que sientes por la comida no es sólo por necesidad nutrimental, sino por herencia cultural.
“Lo que une a las personas con sus alimentos es la cultura que los vincula con sus antepasados. La comida es un elemento muy fuerte a nivel emocional y cultural”, apunta Corona.
Un placer íntimo
El acto de comer involucra todos los sentidos. El olfato, generalmente, seduce; la vista cede ante una atractiva apariencia; el gusto percibe cada textura y el oído registra el crujido de un pan tostado o el chisporroteo de una carne recién salida de la parrilla.
Degustar resulta, entonces, en un placer muy íntimo. Cada órgano con el que pueda percibirse un alimento expresa sus matices en un mensaje que cada quien interpreta de manera única.
La naturalista Diane Ackerman sostiene que el modo de degustar y la exacta composición química de la saliva es tan individual como las huellas digitales.
 El aroma juega un papel fundamental en esta ecuación. Según explica Ackerman, cuando el bulbo olfativo detecta algo, se lo comunica a la corteza cerebral y envía un mensaje al sistema límbico, una sección misteriosa, antigua e inmensamente emocional del cerebro, en la que sentimos, gozamos e inventamos.
“El órgano del gusto no es la lengua sino el cerebro, que transmite y aprende criterios para evaluar la comida”, aclara Montanari.
Deliciosa relación 
Luis Alberto Vargas, doctor en antropología e investigador, ahonda en que, desde el punto de vista crudamente neurológico, el alimento produce gozo y profundiza lazos sociales en fechas que la cultura ha marcado como festivas, como hoy  14 de febrero, cuando se celebra el Día del Amor y la Amistad.
Hay productos como el chocolate que no sólo liberan sustancias en el cerebro que producen placer, sino que mentalmente se asocian con ser una muestra de afecto, cariño o amor cuando se regalan o reciben.
“En días especiales se busca halagar, y muchas veces se logra a través de una comida que implica mayor cuidado en la preparación, con más trabajo y tiempo empleados que cualquier otro día; como cuando la mamá o la abuela cocinan algo diferente, sin descartar que a diario la cocina en la familia es una demostración de cariño”, dice.

Abrazos culinarios

Y come el cariño no sólo se expresa con abrazos y besos, también la gastronomía puede ser una muestra de amor a través de una comida hecha en casa, una invitación a un restaurante o un detallito como un postre.
Toma nota de este menú del chef Bernabé Soto, de Hemingway’s, y haz que el Día del Amor y la Amistad sea compartir con  abrazos culinarios.
Tártara de atún con vinagreta de jengibre
Rinde: 2 porciones
 
Ingredientes:
Vinagreta:
10 gramos de jengibre finamente picado
2 limas, su jugo
1 cucharada de salsa de soya
½ limón, su jugo
100 mililitros de aceite de oliva
Sal
Pimienta
Tártara:
200 gramos de medallón de atún crudo
2 cebollitas cambray, el rabo
 Aguacate en rebanadas, al gusto
Pan melba tostado, al gusto
Preparación:
Vinagreta: Mezclar todos los ingredientes y reservar.
Tártara: Picar el pescado y el rabo de cebolla en cubos pequeños, mezclar y, por a poco, añadir vinagreta al gusto. Servir con aguacate y pan.

Risotto de hongos

Rinde: 2 porciones
Ingredientes:
Aceite de oliva
2 cucharadas de chalota picada
50 gramos de arroz arborio
30 mililitros de vino Chardonnay o Sauvignon Blanc
3 tazas de fondo de verduras
1 taza de variedad de hongos picados
Sal
Pimienta
30 gramos de queso parmesano rallado
Preparación:
Colocar 2 cucharadas de aceite de oliva en una cacerola y blanquear la chalota. Añadir el arroz, sofreír por unos segundos e integrar el vino blando. Dejar reducir e incorporar a fuego lento para soltar la cremosidad del arroz.
En una sartén, saltear en aceite los hongos y salpimentar. Reservar. Una vez que el arroz se vuelve suave pero con el centro firme, agregar los hongos. Continuar con el queso parmesano.
Panna cotta de Nutella 
Rinde: 2 porciones
Ingredientes:
60 gramos de Nutella
½ taza de crema para batir
20 mililitros de leche
11 gramos de grenetina
Agua
½ cucharada de azúcar
Preparación:
 Mezclar la Nutella con la crema y leche en batidora por 3 a 4 minutos. Hidratar la grenetina en agua e introducir al horno de microondas por 20 a 30 segundos. Incorporar a la batidora junto con el azúcar. En una copa grande, redonda y colocada de forma horizontal, verter la mezcla con cucharón y refrigerar hasta cuajar.

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