Letras: El poder del lenguaje

El mito de Babel pretende explicar la diversidad de lenguas, pero la herramienta de todo humano hablante es la misma, con diferentes recursos y sonoridades aunque con los mismos principios
Letras: El poder del lenguaje
Las palabras son mucho más de lo que parecen: son, dejan de ser, sugieren, confunden, maravillan y asombran./Shutterstock
El lenguaje es una facultad poderosa que sirve para comunicarnos, manifestar sentimientos, transmitir información, fijar conocimientos y promover la cultura. También nos facilita las herramientas para razonar, aprender, educar, teorizar, conjeturar. Más allá de su sentido literal nos permite hacer juegos de palabras, crear invenciones literarias, dar vuelo a la poesía.
¿Cuál es el secreto del lenguaje humano? El mito de Babel pretende explicar la diversidad de lenguas, pero la herramienta de todo humano hablante es la misma, con diferentes recursos y sonoridades aunque con los mismos principios. Esa maravillosa facultad le permitió dar un paso inmenso para la evolución de la cultura y el comienzo de la historia.
¿Secreto? Los poetas lo intuyen. Las palabras son como pequeñas partículas atómicas que estallan con el manejo de una pluma (hoy computadora) hábil. Porque las palabras son mucho más de lo que parecen: son, dejan de ser, sugieren, confunden, maravillan y asombran.
Los curiosos del idioma explican que todas las palabras tienen su denotación, que es su sentido primero, y sus connotaciones (en plural), que son sentidos que se le van agregando como las capas de una cebolla. Estas connotaciones dependen del idioma, la cultura, las circunstancias, la tradición y muchas otras causas.
Veamos, por ejemplo, una palabrita inocente como ‘verde’. ¿Qué significa? Bueno, todos sabemos que es un color, y si nos fijamos en el Diccionario vemos que es el cuarto color en el espectro luminoso. La luz se descompone en un arco iris de colores, y al verde le corresponde la cuarta franjita.
Pero si le hablamos de ‘verde’ a un irlandés le haremos evocar su patria; al musulmán su religión; al ecologista la naturaleza; a un caboverdiano el nombre de su país. Al igual que todas las palabras, ‘verde’ tiene innumerables connotaciones. Pueden ser positivas como el color de la clorofila que evoca la vida y la naturaleza, y también _según una tradición hispana_ el color de la esperanza. Pero también se dice que alguien ‘se puso verde de envidia’ y se habla en burla o sentido despectivo del ‘viejo verde’ que les echa el ojo a las chiquillas.
Cuando Federico García Lorca lanza ese ‘verde que te quiero verde’ va mucho más allá del color: apunta también a la sonoridad de las sílabas, a la aliteración o repetición, a la intensidad de la frase y la evocación visual de la figura literaria. Mario Vargas Llosa escribió ‘La casa verde’, Julio Verne ‘El rayo verde’, Richard Llewellyn ‘Cuán verde era mi valle’ y Eduardo Mallea ‘Todo verdor perecerá’. Cada uno de esos ‘verdes’ agrega connotaciones insospechadas.
O también las connotaciones juguetonas sirven para despertar una sonrisa, como aquella estrofa del cancionero de la provincia argentina de Corrientes que proclamaba “Me gusta la cinta verde / porque es color de esperanza / pero más la torta frita / porque me llena la panza”.