Educación: Orfandad en Puerto Rico


Chile fue uno de los primeros países en venir al auxilio de Puerto Rico en los días que siguieron al huracán que arrasó con la isla del encanto. Generosamente, envió un barco carguero repleto de primeros auxilios, pero jamás tocó las costas puertorriqueñas. Tuvo que regresar a su punto de origen, sin haber entregado la valiosa mercancía.

Por absurdo que pueda parecer, las leyes portuarias que rigen este estado mancomunado, prohíben que ningún barco toque las playas de Puerto Rico si no ha pasado por un puerto norteamericano primero. Como se imaginarán, para que esto ocurra, se requieren más de uno o dos días. Un tiempo precioso que Puerto Rico no tenía.

En lo relativo a la educación pública de sus niños, Puerto Rico ha estado igualmente regido por decretos disparatados, pobre administración y una corrupción rampante.

Antes de que el último ciclón hundiera a este pueblo hermoso en una desesperanza aún mayor, los niños llevaban años enviándose mensajes de texto con fotos de las páginas de los libros que necesitaban para hacer sus tareas, porque en sus salones no había suficientes libros para todos los estudiantes.

Hoy día, a través del impulso de una nueva gerencia en el departamento de educación, se está buscando remediar la situación. No obstante, la tarea de reorganizar los distritos, optimizar los recursos, funcionar de manera más efectiva, ha sido recibida con una avalancha de críticas. Según parece, los opositores piensan que las cosas, como estaban, iban muy bien.

Sin embargo, si observamos el declive histórico en el número de estudiantes que ocupaban los asientos de las escuelas de la isla, deducimos que las cosas ¡hace rato! van de mal en peor.

Debido a este éxodo masivo, un alto porcentaje de las escuelas públicas (más de la mitad en San Juan) han operado año tras año con menos de cien alumnos.

Ahora bien, mantener abierto un plantel semi-despoblado es caro. Los salarios, reparaciones, cuentas de agua, luz, basura, seguros y demás se comen los recursos existentes, dejando muy poco disponible para lo más importante: educar a los nenes. Y esa es la razón por la cual la secretaria de educación, Julia Keleher, organizó el cierre de muchas escuelas, a fin de reducir los gastos de operación y redirigir el flujo de los recursos hacia el área de desarrollo académico.

Este plan no deja de ser un inconveniente para muchas familias que estaban acostumbradas a tener las escuelas a la vuelta de la esquina y, de repente, han sido forzadas a caminar o conducir más lejos. Además, para los niños, esto ha significado -en algunos casos- perder la conexión con sus antiguos compañeritos.

A pesar de estas complicaciones, el cambio era necesario, puesto que continuar haciendo lo mismo y esperar resultados diferentes, es la definición misma de la locura.

El cambio nunca es fácil, raramente es bienvenido, pero siempre conlleva a un aprendizaje, a un nuevo paradigma. Y Puerto Rico necesita uno con urgencia, tanto en la educación como en el comercio y en las leyes portuarias. Y también en un sin fin de razones que han mantenido a nuestros hermanos puertorriqueños en una orfandad espantosa.

(Hergit “Coco” Penzo Llenas es una activista y escritora dominicana. Actualmente es la directora nacional de Participación Hispana para The American Federation for Children (https://www.federationforchildren.org), una organización sin ánimo de lucro que aboga por el derecho a opciones escolares, a fin de que todos los niños en edad escolar tengan acceso a una educación de alta calidad).