Para que la economía de NYC siga prosperando, Trump debe dejar de ahuyentar a los inmigrantes


En Nueva York, se está disfrutando de un auge económico sin precedentes. Nuestra tasa de desempleo es del 4.2 %, la más baja que se haya registrado. Las tasas de participación de la fuerza laboral se encuentran entre las más altas de la historia, y han transcurrido 104 meses de crecimiento económico sin una recesión sostenida, la racha más prolongada en la historia de la ciudad. Tenemos más compañías en la lista Fortune 500 que cualquier otra ciudad de los EEUU, más de 60 millones de turistas por año, y se espera que incorporemos 400 000 residentes durante las próximas dos décadas.

La economía de la Ciudad de Nueva York jamás había sido tan fuerte ni tan diversa como lo es ahora. Pero no debemos confundirnos. Esto se debe en gran medida a los inmigrantes, que son fundamentales para nuestra fuerza laboral. Desde nuestros neurocirujanos hasta nuestro personal de mantenimiento, necesitamos estos talentos para conservar el ímpetu de nuestra economía e impulsarnos aún más lejos.

Sin embargo, en lugar de motivar a los trabajadores extranjeros para que se muden a los EE. UU., el Gobierno federal los está desalentando en cada oportunidad. La semana pasada, la Administración de Trump anunció que estaba trabajando para limitar la ciudadanía de los inmigrantes legales que hubieran aceptado asistencia del Gobierno. Desde el rechazo de la Regla de Empresario Internacional (también conocida como programa “visa para emprendedores”) y la disminución de los programas de las visas H1-B y H-4, hasta aplicando la puesta en práctica de tácticas insensibles contra los inmigrantes indocumentados y los residentes legales, en la Casa Blanca se están causando estragos en un sistema que ya no funcionaba. Estamos comenzando a ver las repercusiones de estas políticas terribles.

En la actualidad, viven en nuestros cinco municipios 3.1 millones de inmigrantes, un número mayor que en cualquier otra ciudad; de hecho, es el doble de la cantidad de inmigrantes que hay en la segunda ciudad de la lista, Los Ángeles. Los inmigrantes son los propietarios de un poco más de la mitad de las empresas de la Ciudad de Nueva York y representan el 43 % de nuestra fuerza laboral, que incluye el 84 % de los taxistas y choferes; el 80 % de los trabajadores domésticos y empleados de limpieza doméstica; el 76 % de los asistentes enfermeros, psiquiátricos y de atención médica en el hogar; y el 74 % de los obreros de la construcción. Sin los inmigrantes, esta ciudad no funcionaría.

Además de mantener la economía en marcha, los inmigrantes hacen contribuciones invaluables a la sociedad estadounidense con su ingenio y su espíritu emprendedor. Joseph Pulitzer ayudó a formar el periodismo moderno e inspiró la ambición literaria. Marcus Samuelsson celebra la diversidad culinaria con su exitoso restaurante, Red Rooster. Oscar de la Renta definió la alta costura, Ariana Huffington fue pionera de las noticias en línea y Regina Spektor nos deslumbró con su voz.

También hay innumerables inmigrantes cuyos nombres no conocemos, pero que influyen drásticamente en la vida de los estadounidenses. Son ingenieros en Apple, desarrolladores de software en LinkedIn, investigadores sobre el cáncer en Memorial Sloan Kettering. Un estudio de 2016 demostró que los inmigrantes fundaron más de la mitad de las nuevas empresas valuadas en mil millones de dólares o más y que trabajan en más del 70 % de ellos en puestos clave.

Los inmigrantes siempre son fundamentales para nuestro éxito, pero su impacto positivo en la economía es particularmente notable durante los auges, cuando hay menos nativos de Nueva York en busca de empleo. La historia ha demostrado que el influjo de fuerza laboral es necesario para mantener el ímpetu de la economía.

Sin embargo, a Nueva York se le está volviendo cada vez más difícil atraer a inmigrantes, a medida que en Washington redoblan las medidas contra los inmigrantes. Sin duda, la prueba más condenatoria de nuestro deteriorado sistema de inmigración es la devastadora crisis humanitaria que se desarrolla en la frontera sur. Pero las políticas tóxicas del presidente y su retórica divisoria están arrastrando a los inmigrantes hacia las sombras, desalentando el ingreso de extranjeros talentosos a los EEUU y dañando las economías locales.

Los propietarios de empresas están padeciendo las discriminatorias y peligrosas tácticas de esta Administración. De acuerdo con el informe de enero de la Reserva Federal, en la Ciudad de Nueva York y en otros sitios, se está experimentando una “escasez de mano de obra” y “dificultades para encontrar trabajadores cualificados en diversas competencias y sectores”. Si bien esto puede dar como resultado un aumento de salarios, también puede representar problemas para las empresas.

Aquí, en los cinco municipios, los contratistas luchan por conseguir trabajadores en obras de construcción, los empresarios de la tecnología buscan programadores y los padres buscan quien cuide de sus hijos para poder trabajar a tiempo completo. En el norte del estado, en las granjas, se necesita mano de obra para cosechar y empacar la cosecha y, en los hospitales rurales, se está experimentando escasez de médicos debido a los cambios en las políticas de la visa H1-B, un problema que podría llegar a las propias salas de emergencia de la ciudad.

La economía actual no es lo único que se está viendo perjudicado por estas políticas fallidas. Excluir de la sociedad a los inmigrantes trae consigo consecuencias graves a largo plazo. No se cubrirán puestos de trabajo. No se construirán viviendas. Y no se crearán nuevas empresas. Todo esto tendrá un efecto acumulativo, cuyo comienzo apenas estamos empezando a presenciar. Y lo que tal vez sea peor para el panorama económico a largo plazo, las compañías que no se funden en Nueva York se llevarán a otro lado su talento, su investigación y desarrollo, y sus trabajos bien pagados. La casa matriz de Google, Alphabet, cuenta con más de 85 000 empleados, entre los cuales se cuentan miles de trabajadores en la ciudad. ¿Qué habría sucedido si Sergey Brin nunca hubiera inmigrado a los Estados Unidos y Google se hubiera fundado en Europa?

El renacimiento económico de la Ciudad de Nueva York durante las últimas dos décadas ha sido completamente extraordinario. Pero mantener nuestro ascenso requerirá más trabajadores de los que hay en nuestra fuerza laboral actualmente. Son las bases de la economía: capital + fuerza laboral = crecimiento. Si escasea una de ellas, la ecuación no se cumple.

Sabemos que hay trabajadores inmigrantes dedicados y dispuestos a venir a los cinco municipios, ayudar a nuestra economía y conseguir una mejor calidad de vida. Es hora de que el Gobierno federal se dé cuenta de que los inmigrantes no les quitan el trabajo a los estadounidenses; los inmigrantes son el motor de nuestro crecimiento económico.

(James Patchett es el presidente y director ejecutivo de la Corporación de Desarrollo Económico de la Ciudad de Nueva York).

Publicado originalmente en Crain’s New York Business.