El voto sin cadenas

Gana en Florida propuesta para restaurar el voto a ex encarcelados
El voto sin cadenas
Los votantes de Florida dijeron sí a la propuesta para restaurar el voto a ex encarcelados.
Foto: Giorgio Viera / EFE

Ya para las seis de la noche el día de las elecciones no había nada más que hacer. David Ayala ya aseguró que los lugares de votación se vistieran de carteles verdes con el lema, Sí en el 4.
Robert Dávila conducía hacia los lugares con filas enormes de votantes para verificar que todo estaba en orden. Leyla Martínez tocó puertas en Orlando rogando a la gente a votar Sí en el 4.
Y yo, la noche anterior, hice más de 70 llamadas a votantes hispanos en St. Cloud, Kissimmee, Port St. Lucie, Tampa y Orlando explicando la importancia de la propuesta Enmienda 4. A la siete en martes cerraban las filas en Florida y el que no hizo cola no iba a votar.

David, Robert y Leyla son personas que conocen directamente lo que es ser definido por un error anterior por vida. Es decir, conocen condenas perpetuas.
Los tres fueron encarcelados en EEUU. Y hoy día cada uno hace todo lo posible para romper la imagen que negativamente enmarcar personas que cometen delitos criminales.
Florida insiste en leyes y normas que le hacen la vida casi imposible para personas como ellos. No hay protecciones laborales que les darían una oportunidad equitativa cuando solicitan empleo.
Varias licencias profesionales no están a su alcance. Y la mejor herramienta para combatir estas normas regresivas – el voto – se les niega permanentemente en Florida.

Es ahí que nace la Enmienda 4. Les daría a los votantes de Florida, no a sus representantes elegidos, la oportunidad de enmendar la Constitución del estado, pero solo si es favorecido por 60 por ciento de los votantes que opinan. Más de un millón de votantes peticionaron al gobierno para tener esta oportunidad – firmas que David y Robert buscaron ansiosamente.

Al ganar la Enmienda 4 otorgaría la elegibilidad para votar a un millón y medio de floridianos, cada uno viviendo en sus vecindarios, pagando impuestos pero privado de una voz electoral. Cada uno con la esperanza de romper el estereotipo de criminales perpetuos que llevan como una cruz diariamente.

David y Robert viven en Florida donde no tienen voz en nuestra democracia. Leyla vive en Nueva York donde pudo votar después de cumplir con su condena y todos sus requisitos. Ella, igual que yo, no nos íbamos perder la oportunidad de estar presente en Florida para ser testigos de la votación para la Enmienda 4.

Todos seguíamos los pasos de la coalición, Florida Rights Restoration Coalition, y su líder carismático, Desmond Meade, afroamericano, que también no puede votar por un delito anterior.
Desmond escogió un señor blanco y republicano, Neil Volz, para dirigir la campaña con él. Neil fue convicto de soborno y como Desmond sabe que los castigos de nuestro sistema penal caen a todos por igual.

A las nueve de la noche llegó la buena noticia. La enmienda 4 ganó aprobado por más de 64 por ciento. Sonrisas, gritos y lágrimas llenaron el salón.

Florida desencadenó el voto y más de un millón de seres recuperaron su voz.

(Juan Cartagena, presidente de LatinoJustice)