Alquiler, acceso a capital y status preocupan a negociantes inmigrantes de NYC

El acoso del casero, la renovación de la renta y los impuestos de propiedad quitan el sueño a empresarios

Alquiler, acceso a capital y status preocupan a negociantes inmigrantes de NYC
El ecuatoriano Christian Ramos tiene un negocio en El Bronx desde 2004 y es cicepresidnete de la Asociación de Comerciantes de Kingsbridge Road./A. B. N.
Foto: El Diario

“Amo lo que hago porque todo el mundo viene a mi tienda y me dicen que les hace feliz lo que ofrezco. Pero estoy luchando y me quitan el sueño los impuestos a la propiedad. Es demasiado”. Así se expresó, con dulzura y fuerte acento, una mujer asiática que dice llevar más de dos décadas como comerciante en China Town en Manhattan y paga impuestos de propiedad a pesar de no ser la dueña del local sino la inquilina.

Su voz fue una de las varias que se oyeron en la presentación del informe sobre dueños de negocios de inmigrantes en NYC elaborado por la The Association for Neighborhood & Housing Development, ANHD y el apoyo de Goldman Sachs. Este reporte está elaborado a partir de  entrevistas a empresarios de Lower East Side, Jackson Heights y el barrio de Kingsbridge en El Bronx que comparten con esta mujer razones para el insomnio.

Es algo tan frecuente que el inquilino comercial se haga cargo de estos tributos, o una buena parte de estos, que esta preocupación añade peso a los gastos que ya les abruman por el alto costo de la renta. El 77% de estos negociantes, que son clave para la economía y la diversidad cultural, dicen que están agobiados por su actual alquiler en una ciudad que no tiene límites en los locales comerciales. El 47% de ellos ha tenido que subir sus precios para pagar la renta e incluso casi un tercio de ellos ha tenido que despedir empleados.

En el caso del área de Kingsbridge, mayoritariamente dominicana, esta es una situación muy complicada porque de todos los entrevistados estos son los negocios que menos empleados suelen tener, apenas 2.5 como media en una comunidad en la que el 38% ha tenido que rebajar su plantilla para poder mantener las operaciones.

El 19% de los entrevistados no tiene contrato de alquiler y eso es un grave problema en dos frentes: no pueden modernizar o adecuar su negocio porque les pueden echar en los siguientes 30 días y como explicaba el ecuatoriano Christian Ramos, “es imposible que le den a uno un crédito si no tiene lease”.

Y la financiación es el otro gran problema según elaboraba Ramos. El 46% de los empresarios de Kingsbridge no tienen acceso a capital, un porcentaje en el que se mueve la media de los tres vecindarios a los que se ha tomado el pulso. Aunque hay organizaciones como Kiva que están haciendo llegar capital a los negociantes más humildes, la banca tradicional no abre las puertas ni real (hay menos instituciones financieras en estos barrios) ni figuradamente a quienes no tienen colateral o complicaciones con el estatus migratorio.

De acuerdo con Ramos, la alternativa son los créditos predatorios de los shark lenders que proliferan en estas zonas. No solo se trata de préstamos de altas tasas sino que además “al cabo de las pocas semanas ya les tienes en tu puerta pidiendo que empieces a devolver, es como una corrupción”. Este ecuatoriano que tiene una tienda de reparación de zapatos, relojes, ropa y vende celulares, dice que muchos empresarios “trabajan para el casero y el prestamista”.

Además del crédito, el estatus migratorio de latinoamericanos y asiáticos es un problema para muchos empresarios por miedo a represalias. El 25% de los entrevistados dicen que su situación en este sentido influye en su negocio de una manea y otra y el 21% explica que también les afecta la presencia de la migra, no solo por ellos sino por su clientela objetiva. “Esa vulnerabilidad es mala para todos en la ciudad, explicaba Will Spisak, director de programas de Chhaya CDC en Queens.

Tanto Spisak como Lena Afridi, de ANHD, creen que es importante definir cómo la ciudad santuario que es Nueva York va a responder a estos temores. “¿Cómo les protegemos? No solo cuando estos inmigrantes van a recoger su green card sino cómo pueden reaccionar ante el acoso por ejemplo”, razonaba Afridi.

Tanto Spisak como Ramos recordaron que las multas e inspecciones, los permisos y la burocracia son también una preocupación para los inmigrantes. El ecuatoriano aconsejaba a todos los negociantes que se prepararan y siguieran las reglas para operar en una ciudad con distintas normas que en sus países de origen. Ramos explicaba, ahora con una sonrisa, que en sus primeros años él mismo estuvo mucho tiempo pagando multas.

 

Acoso de caseros

El 40% de los empresarios encuestados dice hacer frente a acoso de sus caseros y las protecciones según la ANHD no son suficientes por que la ley aprobada en 2016 para evitar estas situaciones que se definen como la negación de servicios esenciales conforme al acuerdo de alquiler. Aunque se puede demandar al casero, esto son costos que no siempre se pueden permitir los pequeños negociantes y el gobierno no tiene papel a la hora de hacer seguimiento para saber si se ha acabado el acoso.

Sin contrato de lease, las protecciones son aún menores y el riesgo de desplazamiento es mayor. El 56% que se siente acosado afirma que los caseros renuncian a darles un contrato o a negociarlo. Christian Ramos, explica que en muchas ocasiones estos leases llegan como una opción de tomarlo o dejarlo con fuertes subidas de precio. “Y eso no es una renegociación, es una carta de desalojo”.