Cómo lidiar con la incontinencia urinaria

Es vergonzoso e incómodo cuando no puedes controlar la orina cuando estornudas, o cuando corres al baño solo para experimentar un chorro inesperado tan pronto como te desabrochas el pantalón.

Más de la mitad de los adultos mayores de 65 años experimentan pérdidas accidentales de orina, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC).

En el caso de la incontinencia por esfuerzo, los movimientos al toser, estornudar o levantar objetos pesados ejerce presión sobre la vejiga, y esto provoca que se escape un poco de orina.

Con la incontinencia de urgencia (a veces llamada vejiga hiperactiva), el otro tipo principal, ocurre una urgencia repentina e inmediata de orinar.

Estos dos casos se vuelven más comunes a medida que envejecemos. “A medida que las personas envejecen, hay un debilitamiento natural de los músculos pélvicos y de la vejiga, especialmente entre las mujeres que han tenido partos vaginales”, dice Vannita Simma-Chiang, MD, uróloga de la Escuela de Medicina Icahn en Mount Sinai en New York City.

Eso no significa que tengas que vivir con esta afección.

“Las personas simplemente asumen que un poco de pérdida de orina a medida que envejecen es normal, y es algo que no se puede evitar”, dice Yul Ejnes, MD, especialista en medicina interna de Coastal Medical en Cranstone, RI, y ex presidente de American College of Physicians Board of Regents. “Si es algo que te molesta, hay cosas que puedes hacer para mejorar”.

Estas estrategias pueden ayudarte. 

Díselo a tu médico

“Puede parecer embarazoso hablar sobre eso “, dice Ejnes,” pero es importante que los proveedores de atención médica lo sepan, para que puedan asegurarse de que no se debe a otra afección, como la diabetes tipo 2  o una afección neurológica como la enfermedad de Parkinson”.

Tu médico te realizará un examen físico, te hará preguntas acerca de tu historial médico para tratar de identificar qué tipo de incontinencia padeces. (Por ejemplo, si tienes pérdida de orina después de toser o reír es más probable que tengas incontinencia por esfuerzo).

El médico también debe revisar tus medicamentos para asegurarse de que ninguno esté empeorando el problema y examinar tu orina en busca de sangre, lo que podría indicar una infección del tracto urinario.

El próximo paso a seguir podría ser que lleves un diario durante unos días, y anotes cuándo y cuánto líquido bebes, cuándo vas al baño, cuánta orina produces y cuándo tienes pérdida de orina.

Modifica tu estilo de vida

Unos pocos pasos, junto con el tratamiento de un médico, pueden ayudar a aliviar la incontinencia.

Pierde peso si tienes sobrepeso. Esto puede quitarle presión a la vejiga, dice Simma-Chiang.

Toma líquidos de manera inteligente. Intenta beber cantidades pequeñas a intervalos regulares durante el día en lugar de una gran cantidad de una sola vez, lo que puede sobrecargar tu vejiga. Limita el consumo de alcohol y el café, lo que aumenta la producción de orina.

¿Eres regular? Si estás estreñido crónicamente, los movimientos intestinales “atascados” pueden causar fugas al presionar la vejiga, dice Carrie Pagliano, DPT, portavoz de American Physical Therapy Association.

Qué debes hacer. Consume suficiente fibra. Las mujeres deben consumir 25 gramos; los hombres, 38 gramos por día. Habla con tu médico si esto no ayuda.

Prueba terapias que no involucren medicamentos

En lugar de medicamentos, la Asociación Estadounidense de Urología (American Urological Association) y el Colegio Estadounidense de Médicos (American College of Physicians) recomiendan primero intentar con ejercicios pélvicos y entrenamiento de la vejiga.

De acuerdo con un estudio publicado en 2016 en la revista Menopause, las mujeres posmenopáusicas que pusieron en práctica estos dos métodos semanalmente durante 3 meses tuvieron una reducción del 75% en la pérdida de orina.

La actividad física puede ayudar a normalizar el peso, lo que reduce la presión sobre la vejiga. Muchos tipos, como la caminata a paso rápido y el yoga, parecen fortalecer los músculos del piso pélvico que ayudan a controlar las acciones de la vejiga.

Los ejercicios de Kegel, que fortalecen los músculos que controlan la micción, son importantes para hombres y mujeres, dice Sandip Vasavada, MD, director de Cleveland Clinic’s Center for Female Pelvic Medicine and Reconstructive Surgery.

Para hacer los ejercicios de Kegel, puedes pretender que tienes que orinar y luego contenerte, relajando y apretando los músculos que controlan el flujo de orina.  Mantén esa posición durante 3 segundos, luego relájate mientras cuenta hasta tres. Con 3 series diarias de 10 a 15 repeticiones lograrás hacerlo durante 10 segundos a la vez.

Si estos ejercicios no te ayudan después de varias semanas, pide que te refieran para recibir terapia física del piso pélvico. Según una revisión de 2018, las mujeres que practican estos ejercicios tienen una probabilidad 5 veces mayor de informar un alivio completo de los síntomas.

“Podemos ver cómo hacen estos ejercicios durante un ultrasonido, para asegurarnos de que los estén haciendo correctamente y, de no ser así, mostrarles cuál es la forma correcta”, dice Pagliano.

La biorretroalimentación, que te muestra qué músculos estás usando, puede ser útil.

Un fisioterapeuta también puede trabajar contigo en el entrenamiento de la vejiga, ayudándote a “enseñarle” a tu vejiga a retener más orina al ir al baño a intervalos específicos durante el día y aumentar gradualmente el tiempo entre idas al baño.

En el caso de las mujeres con incontinencia por esfuerzo, un pesario, un dispositivo reutilizable que se usa en la vagina, puede ayudar a sostener la vejiga. Impressa, un dispositivo pesario de venta libre, también está diseñado para reducir las pérdidas de orina.

Ten cuidado con los medicamentos

Existen varios medicamentos aprobados para la incontinencia de urgencia, como mirabegron (Myrbetriq), oxibutinina (Ditropan XL y genérico), solifenacina (Vesicare) y tolterodina (Detrol y genérico).

Considera usarlos solo si los síntomas de incontinencia interfieren con una buena noche de sueño o si sientes incomodidad cuando sales de tu casa, dice Simma-Chiang.

La mayoría (excepto el mirabegron) son anticolinérgicos, que se han relacionado con resequedad de la boca, visión borrosa, estreñimiento, mareos y confusión, y demencia en adultos mayores.

Un análisis considerable publicado en 2018 en The BMJ encontró que estos tipos de medicamentos están asociados con un mayor riesgo de demencia incluso 20 años después de su uso.

Mirabegron puede causar resequedad en la boca, aumentar la presión arterial y aumentar el riesgo de infecciones del tracto urinario, así como estreñimiento.

Para los hombres cuyas pérdidas de orina están relacionadas con un agrandamiento de la próstata, tamsulosina (Flomax), finasterida (Proscar y genérico) y dutasterida (Avodart y genérico) facilitan el vaciado completo de la vejiga. El Tamsulosin puede causar mareos y dolor de cabeza; los otros podrían reducir el deseo sexual.

Considera otras opciones

Si los medicamentos y las terapias sin medicamentos no son suficientes, existen otras opciones, como las inyecciones de toxina botulínica tipo A (Botox) en los músculos de la vejiga. Es muy efectivo, pero “alrededor del 5% del tiempo puede afectar su capacidad para vaciar la vejiga por completo, por lo que es posible que necesite un catéter temporal”, dice Vasavada.

En la estimulación del nervio sacro, se envían impulsos eléctricos a los nervios de la parte baja de la espalda que controlan los músculos de la vejiga y el suelo pélvico.

En la estimulación del nervio tibial, los impulsos eléctricos se envían desde el nervio tibial a la columna vertebral, en donde se conecta con los nervios que ayudan a controlar la vejiga.

Además, existen varios procedimientos quirúrgicos disponibles para tratar la incontinencia por esfuerzo. El más común es el cabestrillo uretral, en el que se implantan tiras de malla sintética para apoyar la uretra. Puede ayudarte, pero conlleva peligros, como infección y empeoramiento de la incontinencia, y el riesgo de erosión de la malla.

 

Nota del editor: Este artículo también apareció  en la edición de marzo de 2019 de Consumer Reports on Health

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