Dos Bocas, la nueva refinería mexicana a contracorriente

Para el gobierno de AMLO lo más importante es que México produzca lo que necesita
Dos Bocas, la nueva refinería mexicana a contracorriente
AMLO quiere que México produzca lo que necesita.
Foto: Getty Images

MÉXICO – El presidente Andrés Manuel López Obrador cree en el petróleo como asunto de Estado. A la defensa de los pozos catapultó su exitosa carrera política, desde 1996, a golpe de bloqueos y enfrentamientos con el gobierno en turno, que comenzó a verlo como el líder que es hoy: el que empuja a contracorriente a Petróleos Mexicanos (Pemex).

La gloria para el mandatario mexicano significa que la empresa paraestatal haga autosuficiente al país en materia energética, y para ello tiene un plan que se corona con la construcción de una nueva refinería: Dos Bocas, la obra que según los planes de AMLO, apoyaría la producción de otras seis refinerías que serán rehabilitadas, para alcanzar ambiciosas metas.

En abril pasado se extrajo un promedio de 1,7 millones de barriles de petróleo al día; dentro de tres años se pretende que la producción sea de 2,4 millones diariamente.

Proyectada en el estado de Tabasco la polémica tiene diversos antecedentes, pero el más  reciente salió a la luz cuando AMLO declaró “desierta” la licitación para la construcción, porque todas las propuestas le parecieron muy caras (la obra estaba calculada en un máximo de cerca de $8,000 millones de dólares) y no se comprometían a terminarla en tres años.

Entre las seis empresas que habían sido invitadas estaba la estadounidense Bechtel, que competirá en equipo con la italiana Techint; la australiana Worley Parsons en consorcio de la estadounidense Jacobs; la francesa Technip y KBR, también de EEUU. “Las mejores del mundo”, según definió la secretaria de Energía, Rocío Nahle,  en una primera etapa.

Luego AMLO dijo que no iría con ninguna. “Somos codos (tacaños)”, concluyó para explicar el porqué la Secretaría de Energía tomaría en sus manos la construcción, para sorpresa de las casas calificadoras que opinan que este tipo de proyectos no deben estar en manos del gobierno, porque distrae el presupuesto e impone costos y retrasos en el cumplimiento de políticas fiscales.

“Distraerán la atención de Pemex cuando tiene otros graves problemas que debe atender (como su deuda)”, advirtió Carlos Petersen, director gerente para América Latina, Argentina y México de la consultoría en negocios Eurasia Group.

Para el gobierno de AMLO lo más importante es que México produzca lo que necesita porque poco a poco se dejó de refinar el petróleo en sexenios anteriores y se comenzó a enviar a Estados Unidos, para luego devolverlo al país como gasolina con el argumento de que  disminuía los costos.

El presidente y su equipo, por el contrario, apuntan a que todo el proceso se haga aquí. “Es una contradicción, un absurdo que tengamos petróleo crudo y estemos comprando gasolinas”.

Para algunos analistas especializados en el tema energético estas proyecciones, aunque con buenas intensiones, son “peligrosas” por sus cuentas “alegres” y porque, a diferencia de los años 60 del siglo pasado (cuando México tuvo su época de oro en el tema petrolero), actualmente aquí hay la mitad de reservas que en aquella época y  la apuesta mundial es por la energía limpia.

El Plan Nacional de Desarrollo en México estableció la meta de pasar de 25.6% de energía eléctrica producida mediante fuentes limpias en el 2018 a 35.8% al 2024, pero para los analistas esto no garantiza mucho.

“Oficialmente se mantiene el respaldo al uso de energías renovables, pero AMLO parece privilegiar la extracción de hidrocarburos”, explicó el académico de la Universidad Iberoamericana José Alberto Lara. “Esperamos que no se eche por la borda este tipo de proyectos en el que México era referencia”.