Lo echaron de EEUU, pero fundó su propia estación de radio

Conoce la historia de Luis Enrique, quien afirma que su deportación fue lo mejor que le ha pasado

MÉXICO – Luis Enrique García sumaba varios miles de pesos a bordo de una colorida combi pintada al estilo hippie ––de colores aunque con publicidad–– cuando conoció a Agustín. Fue en el campo sinaloense: el anciano lo saludó con una agitación suave de la mano, como si fuera un amigo de toda la vida.

Luis Enrique se detuvo en seco y regresó para hablar. Así se enteró que Agustín era un jornalero, cortador de calabazas, que tenía que trabajar para un familiar enfermo. El locutor le dio 2,000 pesos  (poco más de $100 dólares) y el anciano se echó a llorar como si estuviera viviendo un milagro.

Era un dinero muy especial: lo habían enviado inmigrantes mexicanos en Estados Unidos para que el locutor de radio lo entregara a gente pobre que le diera el mejor uso.

“Que me deportaran de EEUU es lo mejor que me ha pasado”, cuenta Luis Enrique en entrevista con este diario en uno de uno de los estudios en la Ciudad de México donde produce uno de los programas de radio en internet más escuchados por los inmigrantes en la Unión Americana.

Radio Mojarra, un talk show con reflexiones, narraciones, historias del círculo migrarorio: los que van, los que vienen, los que se quedan, los que echan, los que sufren o se levantan.

Luis Enrique es de los que pronto se ponen de pie. Después de una década de su repatriación construyó una casa, invirtió en bienes raíces, hizo una marca de ropa, viajar por 40 países, incluido uno a bordo de una combi hasta el fin del mundo (La Patagonia) y algo mucho más importante:

Un millón de radioescuchas que le confían los dólares para que los entregue a las personas que, a su criterio, observe que los necesita más, como el viejo Agustín.

El locutor viaja dos veces año al interior del país para grabar historias de personas que tengan algo que contar, no sólo historias migratorias, sino el día a día a día, el trabajo, los amores, las  penas y glorias de mexicanos de aquí para que los mexicanos de allá conozcan de viva voz al país que dejaron con su gente y paisajes.

Radio Mojarra viaja con su locutor en este vehículo de los años 70. En la foto, aparcado en la colonia Roma de la capital mexicana.
Radio Mojarra viaja con su locutor en este vehículo de los años 70. En la foto, aparcado en la colonia Roma de la capital mexicana.

Los patrocinadores del programa plasman sus marcas en la combi y pagan por aparecer en los viajes mientras Radio Mojarra entrega la plata que donan los paisanos. “Hemos llegado a entregar hasta $42,000 dólares”.

Antes de ser locutor, Luis Enrique fue jornalero en campos de cebolla y mesero de un restaurante, donde conoció a un locutor de la “Qué buena” que lo llevó a trabajar con él y lo convirtió en el personaje alejado del curioso muchacho que emigró con su tío para comprarse unos Nike.

Seguiría en Atlanta de no ser porque enfermó su madre y él creyó que después de 20 años era tiempo de volver, pero, después de unos meses, quiso regresar a EEUU. Recordó que alguien le había dicho que era más fácil entrar por Canadá.

Por eso  compró un boleto a Toronto y se presentó con su licencia de conducir estadounidense en la garita de entrada en Nueva York. El agente de migración se dio cuenta.

Luis Enrique regresó a Cancún. Allá usó su voz para animar a los turistas de una piscina. Gritó, cantó y puso su mejor arma: el carisma, pero ahí sólo valía $100 dólares a la semana. “Era imposible vivir así”.

Empacó e intentó otra vez reingresar a EEUU por Texas. Lo atraparon. Lo deportaron.

“Cuando todo te sale mal, no es el camino”, pensó Luis Enrique.

“Decidí quedarme en México con mis ahorros de 20 años con los que compré este departamento y me dedique a hacer Radio Mojarra”. Finalizaban los 90.

––Mojarra es el nombre con el que yo me presentaba para bromear en Atlanta, en lugar de “mojado” o “wet  back–– acota.

Desde 1998 al 2018 trabajó hasta diez horas sin parar al día para varias retransmisiones en Raleigh, Orlando y Atlanta.

Ahora sólo hace un programa por semana. Suficiente para los gastos y el lujo de levantarse sin despertador.

Ahora sería tiempo de buscar una novia o algo por el estilo (en Atlanta dejó a Brenda, a quien le prometió volver y, al no hacerlo, terminó), pero ahora tiene la libertad de ir a donde quiera: nadie aguantar ía sus largas ausencias, dice.

––Me gusta estar solo y tengo a mi perro Jackson, no hace falta más.

Mejor volver al ruedo y hacer de Radiomojarra un programa diario que relanzará antes de 2020. Mientras tanto, Luis Enrique toma la combi multicolor y sale a dar un paseo por Paseo de la Reforma, donde la gente saluda a su paso, divertida.

Con los dedos, Luis Enrique hace un V de la victoria, del amor y paz. Y piensa: “¡Claro que hay vida después de Estados Unidos!”