Miroslava Cerpas teme por su vida, pero seguirá defendiendo a inmigrantes. Premian a la hondureña en Nueva York

La defensora de derechos humanos dijo sufrir un atentado antes de viajar a los EEUU

El director de Human Rights First, Michael Breen, entregó el reconocimiento a Miroslava Cerpas.
El director de Human Rights First, Michael Breen, entregó el reconocimiento a Miroslava Cerpas.
Foto: Human Rights First/Michael Ian NYC

Miroslava Cerpas es consciente de que podría tener el mismo destino que su padre: ser asesinada por el crimen organizado en Honduras. A él, Ramón, lo mataron en 2013 por rechazar extorsiones debido a su empresa de transporte. Cuando murió, además de la tristeza e indignación, en su hija nacieron las ganas de luchar por la defensa de los derechos humanos, denunciar a los criminales, aunque reconoce que eso pone en peligro su propia vida.

En entrevista previa a recibir el “Zabel Human Rights Award” en Chelsea, Manhattan, por parte de la organización Human Rights First, la joven confió a este diario que debió viajar antes de lo planeado de su país, debido a que fue víctima de un atentado, una amenaza que la obligó a ocultarse bajo la cama mientras escuchaba cómo algunos sujetos echaban balazos al aire a un lado de su vivienda. “Yo siento que no era el día que querían matarme, porque hubieran tirado la puerta y me hubieran disparado”, expresa. Es valiente, pero sus lágrimas se asoman tímidas de derramarse. Ella las enjuga con discreción, sentada en un sillón en el Pier Sixty.

Cuenta que el nivel de corrupción en su país y la infiltración que ha logrado el crimen organizado ha hecho más complicado su labor en el Centro de Investigación y Promoción de los Derechos Humanos (CIPRODEH).

“Nos mandan a personas que se hacen pasar por víctimas. (El día del atentado) me contactó alguien… No sé cómo obtuvo mi teléfono personal. Empezaron a llamarme, como a eso de las 10 de la noche… me preguntaban si estaba en casa. Andaba sola porque mi compañero de casa no estaba. Llegué y apagué todas las luces y entré a mi teléfono para ver las cámaras, y vi que estaban cortadas. Empecé a escuchar cuando caminaban alrededor de mi casa. Llamé a mi enlace policial, porque tengo medidas de protección en Honduras, y no me contestaron el teléfono… tenía mucho miedo“, narró. “Se paraban en la esquina de una de las ventanas de uno de los cuartos y decían: ‘A ésta hay que encontrarla, quién sabe dónde se metió’… empezaron a hacer disparos al aire y se fueron, no hice ruido ni nada”.

Ella piensa que el galardón de Human Rights First puede darle una protección extra, darle mayor visibilidad, pero luego cuenta que su compatriota Berta Cáceres, quien recibió reconocimientos similares, fue asesinada por defender los bosques y ríos de manos de empresas energéticas. Aún así, Miroslava confía en que esto sirva para que sus enemigos resistan la tentación de callar su voz.

Su labor como defensora la coloca en una posición incómoda para muchas personas, a las que señala por no hacer su trabajo, por abusar de sus puestos políticos, por permitir que el crimen controle el Estado. Aunque tiene decenas de enemigos, Miroslava también tiene aliados, algunos en el mismo gobierno, quienes le han dicho que pronto podría enfrentar un problema judicial, como “traficante de inmigrantes”, debido al apoyo que brindo a sus compatriotas en la primera caravana. “Me dijeron que tienen la causa abierta y siguen avanzando”, reconoce.

– ¿En qué momento decidiste que debías dedicarte a la defensa de derechos humanos, a ayudar a inmigrantes, a desplazados?

“Mi padre tenía una pequeña empresa de transportes y lo asesinaro por extorsión. De ahí en adelante empecé con esta causa, fue muy grande. Empecé a conocer a personas y me fui involucrando cada día más.

“Sabía lo que se aproximaba en Honduras, porque atendía cada vez más casos de personas huyendo y el gobierno no respondía. Recuerdo que vine a este país a una audiencia, a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, vine a representar a las víctimas contra el Estado por desplazamiento interno y en el informe y en la audiencia le dije al gobierno: ‘Si no se toman medidas vamos a tener respuestas mayores de la población. Exactamente un mes después estaba saliendo el primer éxodo de Honduras, la caravana de migrantes sólo fue a hacer público lo invisible. El 12 de octubre de 2018 salieron más de 2,500 personas”.

– ¿Cuáles fueron los motivos?

“La mayoría obligados por miedo y por hambre, porque hay mucha hambre. Cuando uno escucha la historia de una persona hondureña, a veces la persona dice: ‘Es que ya no tenía cómo comer’, pero cuando uno escucha su relato, esa persona vivía en una comunidad y un grupo criminal lo expropió y se fue a otra comunidad y nunca encontró de qué trabaja ni cómo comer.

“En este momento el gobierno reconoce que hay más de 250,000 hondureños desplazados internamente por la violencia… Hay un patrón también, la gente se desplaza en varias ocasiones y al no encontrar apoyo del gobierno termina por abandonar el país, termina en Guatemala, otros en México y algunos en EEUU”.

– ¿Cuándo te diste cuenta que se avecinaba un problema migratorio más serio? 

“Como atendía varios casos en Honduras, a partir de 2016 empecé a ver el incremento y también los cambios en la modalidad, es decir cada día el crimen organizado tenía nuevas estrategias. Por ejemplo, en 2015 y 2016 escuchaba historias de que obligaban a una señora a tener armas en su casa. Ya en el 2017 no solamente las obligaban a tener armas, sino que les llevaban personas (secuestradas) que tenían que cuidar. Ya en el 2018 le expropiaban la casa. Entonces había como un crecimiento, en el reclutamiento forzado.

“A los niños, al principio, converzaban con ellos, les ofrecían cosas, pero no los obligaban, ya en 2017 había niños que me decían: ‘Me pusieron a otro enfrente que le pegara un tiro en la cabeza y si no lo hacía me lo iban a hacer a mí’. Los raptaban al salir de la escuelas públicas.

“Si en 2015 atendí unos 400 casos, en 2017 atendí más de 2,000 casos”.

– Aunque es multifactorial, ¿cuáles serían los principales motivos por los que la gente está huyendo?

“Son dos claramente, es decir el miedo y el hambre. El miedo porque es ocasionado por estos grupos criminales que están en el Estado con la tolerancia del gobierno. Recientemente aquí en Nueva York fue sentenciado (Juan Antonio Hernández), el hermano del presidente (Juan Orlando Hernandez) por tráfico de drogas… Ese es el problema. ¡Es que nos gobierna el crimen organizado! Entonces, la población no tiene a dónde ir a poner una denuncia. Se demostró, por ejemplo, la vinculación de este cártel con la MS-13. ¿Cómo va a ir una persona a poner una denuncia contra la MS-13 a la Policía Nacional si sabemos que están vinculados con quienes nos gobiernan?”

– También se hablaron de vínculos con otras oganizaciones transnacionales, como el Cártel de Sinaloa, con Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera.

“Bueno, por ejemplo, ¿qué pasa con una persona que está huyendo del cártel de los hermanos Hernández y llega a México? Trabajan asociados con cárteles mexicanos, entonces siguen persiguiéndolas. Es bastante complejo para algunas personas comprender este tipo de expulsión y el nivel de riesgo que esto significa, porque en otros países se trata de temas políticos, pero en nuestro caso es que nos gobierna el crimen organizado y es difícil que tengamos acceso a la justicia… Es por eso que las personas terminan huyendo, pero ¿qué pasa?, llegan a Guatemala, llegan a México y enfrentan persecución, incluso hay casos de que han llegado a este país (EEUU) y han sido perseguidos”.

– ¿Tienen esos casos documentados?

“Claro que sí. Los presentamos ante la Comisión Interamericana. Entregamos en 2018 un informe de 50 páginas donde pusimos casos en las distintas modalidades: trata de personas, personas que han sido víctimas de persecución política, víctimas de crimen organizado.”

La activista Miroslava Cerpas previa a la ceremonia de premiación en el Pier Sixty, Manhattan. / FOTO: JESÚS GARCÍA

– El presidente Trump culpó a los inmigrantes de generar crisis…

“Creemos que los Estados Unidos es culpable de gran parte de esta situación. Nuestro pueblo no puso el gobierno de Hernández… fue un gobierno impuesto por el fraude electoral, pero por la fuerza posterior a un golpe de Estado que fue apoyado por el gobierno de los Estados Unidos. Ellos respaldado este gobierno, lo han mantenido en el poder para mantener el control de la geopolítica de la región y este gobierno está expulsando a la población”.

– Parece un doble mensaje…

“Claro que sí, para nosotros es doble moral cuando el gobierno de los Estados Unidos nos dice: ‘Nosotros estamos trabajando para prevenir la migración’, pero son sus políticas son las que están expulsando a la gente. Una de las partes más hipócritas es la implementación de las industrias extractivas energéticas, son muchas industrias en Honduras… matando nuestros bosques y secando nuestros ríos, incluso se han asesinado a defensoras como Berta Cáceres y Margarita Murillo por defender esos territorios ancestrales… y eso ha expulsado a muchas personas de sus tierras”.

– ¿Qué opinas de este programa del presidente Andrés Manuel López Obrador? El dichoso Plan Integral de Desarrollo.

“En lo personal estoy muy decepcionada del gobierno mexicano, teníamos muchas expectativas. En enero de este año recibimos al Comisionado Nacional del tema de migración… llegamos a algunos acuerdos, que íbamos a mantener información bilateral para comprender las causas de expulsión. Al final lo que hemos encontrado como respuesta es lamentable, hemos visto cómo nuestros migrantes están siendo privados de muchos derechos en su camino. Ponemos en duda el plan del presidente Andrés Manuel López Obrador. Hasta el momento lo que hemos visto son violaciones de derechos humanos que están atentado contra la vida de nuestros inmigrantes”.

– Es decir, ¿replica la estrategia de Estados Unidos con detenciones y deportaciones?

“Y lo que más lamentamos es que también los mexicanos están siendo víctimas de esto y lo están aplicando con nosotros… como dice el dicho: ‘Mal paga el Diablo a quien bien le sirve'”.

– México es el muro invisible…

“Reconocemos mucho el trabajo de las organizaciones civiles de México. Es increible y lo agradecemos eternamente que apoyan a nuestros inmigrantes, pero también lamentamos todas las campañas de xenofobia que se han empredido contra la población. Cuando paso por México tengo miedo. Cuando llegó al aeropuerto y miran mi pasaporte siento el cambio. La xenofobia que se ha desarrollado contra la población centroamericana es increíble.

“El problema es que en países como México, la xenofobia se convierte en muerte para nuestros inmigrantes… El año pasado solamente nosotros atendimos a familiares de más de 400 desaparecidos”.

– ¿Y qué hace el Gobierno mexicano?

“El gobierno mexicano nunca nos da respuestas… quienes colaboran son las organizaciones sociales”.

– ¿Qué opinas de los nuevos acuerdos del presidente Trump con Honduras, con Guatemala, recientemente con El Salvador, que ayudó a ampliar el TPS? Son acuerdos de intercambio de datos biométicos, acuerdos para obligar a dar asilo.

“En Honduras es lamentable, el sistema de asilo no tiene ninguna de las condiciones que se se necesita para brindarle la atención a la población… Es una realidad, es muy malo, no tienen ningún tipo de condiciones, me atrevo decir que EEUU al lograr este acuerdo sobre asilo apuntalando económicamente, me atrevo a decir que llegará a manos de la corrupción y el narcotráfico y no a los refugiados”.

Miroslava habla de varios problemas entrelazados y proyecta pocas soluciones en un futuro inmediato, pero tiene esperanza en ayudar a que la situación mejore en su país, a generar un cambio. Confía que ha sacrificado a su familia, a su madre y hermanos, a quienes ve poco por asuntos de seguridad.

La joven defensora de derechos humanos también tiene sueños personales y profesionales, como lograr ser juez de la Suprema Corte de Honduras. Espero que me des una entrevista cuando estés ahí, le expreso cuando comparte su anhelo. Sonríe y asienta con la cabeza. “Claro que sí”, responde antes de despedirse de mano y dirigirse a la ceremonia donde recibiría su reconocimiento de manos de Michael Breen, presidente y CEO de Human Rights First.