Padres reciben residencia como regalo de Navidad de sus hijos autistas

Los menores de 21 años con autismo de moderado a severo pueden ayudar a sus progenitores indocumentados a salir de las sombras

Cuatro padres de familia con hijos con autismo fueron sorprendidos por el abogado Alex Gálvez quien les dio la buena nueva  de que su residencia fue aprobada. (Araceli Martínez/La Opinión).
Cuatro padres de familia con hijos con autismo fueron sorprendidos por el abogado Alex Gálvez quien les dio la buena nueva de que su residencia fue aprobada. (Araceli Martínez/La Opinión).
Foto: Araceli Martinez / La Opinión

LOS ÁNGELES.- Ricardo Sánchez, un niño autista de 16 años está que brinca de la felicidad: su padre Cesáreo Sánchez recibió una carta que le informa que su residencia permanente en los Estados Unidos fue aprobada. El autismo de Ricardo ayudó a su padre a salir de las sombras.

“Me siento el hombre más feliz del mundo, y muy agradecido con Dios”, dice Cesáreo, irradiando alegría, y quien asegura que no ha podido recibir mejor regalo de Navidad que su residencia.

Cesáreo junto con Sergio, Ofelia Reyes y Ricarda Muñoz fueron sorprendidos por su abogado de migración, Alex Gálvez con las cartas de aprobación de la residencia.

Cuatro padres de familia pasarán la Navidad más feliz de su vida. (Araceli Martínez/La Opinión)

Los cuatro padres de familia tienen en común varias cosas: son inmigrantes mexicanos, tiene hijos nacidos en Estados Unidos con un autismo de moderado a severo; y fue justamente esta condición la que les permitió obtener la residencia.

Cesáreo, obrero en una fábrica de textiles en Los Ángeles, dejó Zinacantepec, un pueblo en el estado de México hace 25 años para venir a los Estados Unidos, en busca de una mejor vida.

Ricardo es su hijo más pequeño. Además de autismo sufre de epilepsia. ”Yo no hubiera querido este tipo de enfermedad para él”.

Él platica que fue a través de este diario que se enteró que el autismo de su hijo podría ayudarlo a obtener la residencia.

“Decidí ir a ver al abogado de migración Alex Gálvez”, cuenta Cesáreo, pero antes de hacerlo lo investigó. “No quería ser víctima de una estafa. Hasta fui a la Cámara de Comercio para ver su récord”, recuerda. ­­­­­­

Cesáreo Sánchez con su hijo Ricardo. (Araceli Martínez/La Opinión).

Dos años después de esa primera visita, Cesáreo fue llamado a la oficina de su abogado. No sabía que la residencia sería el regalo de Navidad más maravilloso de su vida.

“Tengo 53 años. Mis planes ahora son superarme y en la primera oportunidad quiero ir a ver a mi mamá y a mis hermanos a México. No pude ver a mi papá cuando falleció”, expresa.

Cesáreo soltó el cuerpo por primera vez después de 25 años de no tener estatus migratorio. “Me siento dichoso y más libre”, externa.

Sergio Reyes tiene los ojos enrojecidos. La noticia de saberse residente lo ha conmovido. Él y su esposa Ofelia son padres de Yarezi, una niña autista de nueve años de edad.

Siento una emoción muy grande”, dice Sergio con la voz quebrada por el sentimiento y luchando por contener las lágrimas.

Sergio y Ofelia Reyes, felicitados por recibir la residencia gracias a su hija Yarezi. (Araceli Martínez/La Opinion).

Sergio es de Colima, México. Emigró hace 27 años a los EEUU y su esposa Ofelia llegó al país hace 15. Él se gana la vida como chofer. Ella se dedica al hogar.

Nos dimos cuenta que la niña era autista cuando tenía dos años de edad”, dice Ofelia.

Oían historias de que podían obtener la residencia por medio de la condición de su hija, pero no estaban seguros porque otra gente los desanimaba.

“Un abogado nos dijo que no se podía”, externa, pero en 2017, fueron a ver al abogado Gálvez.

“Mi esposo no quería. Decía también que no era cierto. Tanto le rogué que aceptó. Le dije, ¡vámos solo a preguntar!”, expone.

A pocas semanas de que reciban la tarjeta de la residencia, Sergio dice que buscará un mejor empleo para asegurarles a sus hijas un futuro más promisorio.

En tanto, su esposa Ofelia tiene sus ojos puestos en su natal Michoacán, México. “Quiero ir a ver a mi mamá. Mi papá murió hace dos años y no pude verlo. Ese es el precio que pagamos los inmigrantes sin papeles. No tenemos la posibilidad de ir a enterrar a nuestros seres queridos”, expresa con un dejo de tristeza.

Sergio y Ofelia Reyes posan felices al lado de su hija Yarezi. (Araceli Martínez/La Opinión).

Ricarda Muñoz obtuvo su residencia gracias al autismo de sus dos hijos: Richie Reyes de 8 años y Héctor Reyes de 16. El menor y el más grande de sus cinco hijos.

“Siento un desahogo. A cómo están las cosas. Cualquier día me aventaban a México por no tener papeles. La verdad, a veces sí sentía miedo”, comenta la inmigrante de Aguascalientes, México. “Mi sueño ahora que soy residente es ir a mi país. Desde hace 17 años no puedo ver a mi familia”.

Ricarda también se enteró por las noticias sobre la posibilidad de tener un estatus migratorio por medio del autismo de sus hijos.

“Vine un día de pasadita sin cita a ver al abogado Gálvez después de ver a otro que no me convenció”, expone.

Ricarda Muñoz obtuvo la residencia gracias a sus dos hijos con autismo. Aquí aparece con Richie. (Araceli Martínez/La Opinión).

Residencia por autismo

El abogado en migración Alex Gálvez dice que en lo que se refiere al autismo, los padres de hijos con esta condición pueden calificar para la residencia, siempre y cuando la categoría sea de moderada a severa.

“Si el autismo es leve, no van a calificar; a menos que tengan otra condición añadida como retraso mental, hidrocefalia, etc”, subraya.

Enfatiza que estos casos se ganan en la corte de migración y son aprobados por un juez.

“No hay necesidad de llevar al niño a la corte”, observa.

Sin embargo, la clave para ganar es presentar la documentación que pruebe el autismo de moderado a severo.

“Los jueces quieren ver evaluaciones de las escuelas, y reportes del doctor y psicológicos. Estos casos se ganan con documentos que demuestran la condición. Podemos tener un caso severo de autismo, pero si los padres no se han preocupado por llevar a sus hijos a un doctor, clases especiales y terapias, entre otros servicios, y no se puede probar y documentar, no se gana”, remarca.

El experto en temas de migración, indica que los jueces simpatizan con estas familias. “Yo he ganado todos los casos, pero hay que demostrarlos para convencer al juez”.

El otro elemento de suma importancia, es que se solicite la residencia cuando los hijos no tengan más de 16 años.

El abogado en migración, Alex Gálvez reunió a tres familias con hijos autistas. (Araceli Martínez/La Opinión)

“Aunque la ley dice que se puede calificar hasta los 21 años, no se aprueban si los menores ya cumplieron esa edad”, sigue. “El promedio para que se resuelvan estos casos es de entre dos y tres años, pero me ha tocado ver que se toman hasta cinco años por cambios de jueces y otras cuestiones. Por eso es mejor solicitarlos lo más pronto posible”.

El abogado subraya que el autismo se manifiesta entre los dos y tres años de edad.

Los otros dos requisitos para que los padres califiquen para obtener la residencia cuando un hijo tiene autismo es que hayan vivido en el país al menos diez años; no tengan antecedentes delictivos ni deportaciones exprés.

“Es muy importante que, durante el proceso de solicitud de residencia en base a un hijo autista, el padre o la madre no cometan ningún delito porque a un paso de ganarse se puede perder por un error”, señala.

Y finalmente el abogado recomienda que, busquen abogados con experiencia en casos de residencia con base en una discapacidad.

Gálvez comenta que este tipo de alivios también aplica para cónyuges o un papá indocumentado con condiciones de salud severas. “Los hijos o esposos deben tener residencia o ciudadanía para solicitar la residencia”.

El abogado dice que esas tres familias de inmigrantes con niños autistas pasarán este 25 de diciembre, la Navidad más feliz de sus vidas.

“A como están los tiempos con este presidente Trump, no podían haber recibido mejor regalo”, externa.