‘Vida Americana’ muestra la influencia del muralismo mexicano en el arte estadounidense

El Museo Whitney abrirá una de sus exposiciones más grandes del año con 200 obras que destacan el arte latinoamericano

‘Vida Americana’ muestra la influencia del muralismo mexicano en el arte estadounidense
Diego Rivera, El Levantamiento, 1931. Fresco sobre cemento reforzado en un marco de acero galvanizado.
Foto: Museo Whitney / INBAL / Cortesía

Marcela Guerrero parecía estar en problemas cuando le pregunté sobre su obra preferida de ‘Vida Americana’, pero después de pensarlo unos momentos, la curadora del Museo Whitney reconoció que le impactó conocer el diálogo de artistas mexicanos y estadounidenses en los años veinte y treinta del siglo pasado, que dieron como resultado artistas del nivel de Alfredo Ramos Martínez y sus trabajos que reflejan a personajes como La Malinche.

“Pasó la mayor parte de su vida en Los Ángeles”, contó Guerrero sobre el mexicano nacido en Nuevo León. “No es tan conocido, pero me parece como el prototipo del artista latinx. Tenemos como tres pinturas de él y la gente se preguntará: ‘¿Quién es ese artista tan fabuloso?’ A mí me impactó mucho la pintura de La Malinche y su historia… como una mujer traidora, que me parece una visión muy injusta… Es muy fuerte, no puedes ver a otro lado, con sus facciones”.

A partir del 17 de febrero, los neoyorquinos y visitantes podrán descubrir a lo que Guerrero se refiere. Ese día abre la exhibición “Vida Americana: los muralistas mexicanos reinventan el arte estadounidense, 1925–1945” (“Vida Americana: Mexican Muralists Remake American Art, 1925–1945”), que cuenta con 200 obras teniendo como eje a los grandes: José Clemente Orozco, Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros, y cómo establecieron un diálogo con artistas emergentes en Estados Unidos que llegarían a ser grandes, como Jackson Pollock y Philip Guston.

‘Vendedora de alcatraces’, de Alfredo Ramos Martínez, 1929. Foto: The Alfredo Ramos Martínez Research Project /Museo Whitney

El montaje anunciado el año pasado tardó meses en concretarse, debido a que varias de las obras fueron trasladadas de México y otros países, como Japón, en una reto de dimensiones diplomáticas, debido a que las pinturas son consideradas patrimonio cultural.

“A diferencia de muchas exhibiciones fue como una misión diplomática. Tuvimos que ir a México varias veces”, reconoce Guerrero. “Todas estas obras son patrimonio nacional, o sea que es muy difícil que ellos accedan a prestarlas”.

La curadora se refiere al Gobierno mexicano que, a través del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, logró coordinar el traslado.

“Ellos han sido sumamente generosos y como son patrimonio nacional hay un nivel de complejidad que los espectadores no se imaginan”, expresó. “Cuando estamos hablando de patrimonio nacional… consideran aspectos como marcar que un número de obras pueden ir en un avión, no puedes enviarlas todas juntas. No puedes poner a todos tus Rivera en un avión”.

El traslado implicó destinar a un “courier”, una especie de cuidador especializado en arte, que acompaña la obra desde que es envuelta, empaquetada, trasladada al avión, durante el vuelo, sin permitir que abran el paquete sin los protocolos adecuados, asegurarse de su transporte seguro al museo y observar su montaje.

“Esa obra se tiene que colgar mientras esa persona esté presente”, indicó Guerrero, quien pide multiplicar ese esfuerzo por 200, el número de pinturas a exhibirse. “Son como 200 obras, 20 artistas son de México y el resto son estadounidenses, porque lo que queremos mostrar es ese diálogo que hubo”.

Extracto de la obra de Jacob Lawrence sobre la migración de la comunidad negra. FOTO: The Jacob and Gwendolyn Knight Lawrence Foundation-Museo Whitney

Thomas Hart Benton, Elizabeth Catlett, Aaron Douglas, Marion Greenwood, William Gropper, Eitarō Ishigaki, Jacob Lawrence, Harold Lehman, Fletcher Martin, Isamu Noguchi, Ben Shahn, Thelma Johnson Streat, Charles White y Hale Woodruff son parte de la muestra que también incluye a Miguel Covarrubias, María Izquierdo, Frida Kahlo, Mardonio Magaña y a Rufino Tamayo.

Guerrero destaca cómo los tres grandes mexicanos estuvieron en distintas regiones en EE.UU, como Orozco en New Hampshire y Rivera en San Francisco, Detroit y Nueva York, donde pintó para Jonh D. Rockeffeller con quien tuvo una fuerte controversia por incluir a Lenin en el mural.

Los asistentes verán la réplica del mural que está en el edificio de Bellas Artes en México, lo mismo que pintó en la Gran Manzana.

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