COVID-19: Los enmascarados son los buenos. Y las buenas

COVID-19: Los enmascarados son los buenos. Y las buenas
Las autoridades neoyorquinas han instado a los residentes a usar mascarillas y mantener el distanciamiento social, como una forma de mantener la pandemia en control.
Foto: Cindy Ord / Getty Images

Si les preocupa tanto como a mí el COVID-19 y sus consecuencias terribles, desde infecciones con efectos prolongados hasta muertes dolorosas, ya sabrán que en la Ciudad y el Estado de Nueva York hemos logrado una victoria importante. Desde hace dos semanas, el número de muertes por ese virus se ha reducido a niveles que parecían imposibles  lograr en los durísimos meses de marzo, abril y junio.

 Sin vacunas ni tratamientos preventivos ni curativos, logramos eso con el sacrificio de muchos, el esfuerzo de todos, y el liderazgo de buenos dirigentes.

 Si miran un mapa del COVID-19 en los Estados Unidos, notarán que en muchas otras parte del país las víctimas del virus aumentan todos los días vertiginosamente. Son los sitios donde se sacrifica la salud de la población en aras de la actividad laboral, industrial, comercial y social.

 Es necesario entender que el éxito en nuestra región no es definitivo, y que puede convertirse velozmente en derrota si nos descuidamos. Si no nos mantenemos alerta,  podemos volver a correr el peligro de aquellos meses.

 Hasta que no contemos con una vacuna o no podamos tratar con éxito la infección,  lo único que podemos hacer es evitar el contacto con el virus. Una manera de eludir el virus es manteniendo cierta distancia de los potenciales infectados e infectadas. Es decir, todas las personas con las que no convivimos.

De allí que los científicos nos alienten a que mantengamos seis pies, o unos dos metros, de distancia entre las personas. Pero recuerden que esa es apenas la distancia mínima aconsejable. Cuando puedan, manténganse a más de dos metros. Sin embargo, vivimos en centros urbanos y semiurbanos, donde resulta muy difícil mantenernos separados todo el tiempo. Además, un solo virus que inhalemos puede infectarnos.
Y eso me remite al título de esta columna. Porque la única manera en que podemos reducir aún más las probabilidades de contagio es cubriéndonos completamente la boca y la nariz. Habrán escuchado argumentos pseudocientíficos que indican que por su tamaño, el virus puede atravesar la mayoría de las máscaras. Es cierto, pero el objetivo de la máscara no es protegernos de los demás sino proteger a los demás de nosotros. Si tosemos, estornudamos, o aún si resoplamos, el tapabocas impide que el aire que exhalamos (y los virus que pueda contener) lleguen lejos. 

 De esa manera, la máscara no es para protegerme a mí, sino para protegerte a ti. Y a tus padres de edad avanzada, y a tus hijos y a los desconocidos con los que nos cruzamos por la calle, que pueden sufrir problemas pulmonares, o no tener suficientes defensas contra las infecciones.

 Por todos ellos, y no por nosotros, es que debemos enmascarados. Y tenemos que agradecer a cada persona que pase cerca nuestro con la boca y la nariz tapadas. Esa es una buena persona, alguien que se preocupa por que no nos contagiemos el Coronavirus.

 Por eso empecé diciéndoles que los que andan enmascarados son los buenos. Y las buenas. 

 Y a ver si todos seguimos su ejemplo.

 Si quieren informarse sobre la Hispanic Federation y sus organizaciones comunitarias, consulten en www.hispanicfederation.org.

Además, les doy el de la Línea de Información sobre el SIDA, 1-800-233-7432.

 ¡Respondan el cuestionario del Censo 2020, para que nos cuenten a todos!

¡En el 30mo aniversario de la Hispanic Federation, hasta la columna próxima! ¡Cuídense mucho, y si pueden, no salgan de sus casas! 

Frankie Miranda es el presidente de la Hispanic Federation