¿Cómo ahorrar para emergencias cuando no sobra nada?

La clave es considerar el ahorro, grande o pequeño, como esencial y automatizarlo

¿Cómo ahorrar para emergencias cuando no sobra nada?
No se puede ahorrar lo que sobra porque puede que no sobre nada./Archivo
Foto: Shutterstock

El consenso es el siguiente: es aconsejable tener en el banco una cantidad equivalente al gasto que se hace entre tres y seis meses para hacer frente a una emergencia. ¿Un ejemplo? Un tratamiento médico, el desempleo, una pandemia que cambie todo de la noche a la mañana.

Pueden ser cosas pequeñas y puede ser un hecho histórico, pero en muchos casos la salud financiera puede depender de esa liquidez.

La realidad es la siguiente: hay familias que antes de la pandemia o de tener que hacer frente a una factura médica ya tenían serios problemas para llegar a fin de mes.

Entonces, ¿Cómo ahorrar para esas emergencias?

Lamentablemente, a falta de varitas mágicas, con mucho sacrificio y pensando en el largo plazo. Algo en lo que trabajar desde hoy con vistas a alcanzar algunos de los objetivos en años.

No les podemos decir que dejen de tomar ese café de tres dólares diarios porque es posible que no lo tomen, y que se hagan la comida en casa en vez de comprarla porque posiblemente ya lo hagan. El camino no es fácil, implica muchos sacrificios y disciplina porque es duro.

El primer paso es saber qué se ingresa y cómo se gasta para ver dónde ajustar. Y ahí hacer un cambio considerable: a la hora de asignar dinero a los gastos más importantes considere que uno imprescindible como pagar la renta es el ahorro.

El diseño básico de un presupuesto cuenta con tres partidas: lo esencial, lo que se quiere y lo que se ahorra y/o destina al pago de deuda. La propuesta es que el ahorro sea esencial.

No se trata de ahorrar lo que sobra sino considerar que una cantidad realista vaya a un lugar que no se toque (salvo emergencias). La renta, el transporte al trabajo, la comida, facturas y los ahorros deben ser lo primero que se presupueste.

Cuando se sepa cuánto se puede dedicar a ello, hay que hacerlo automáticamente, el objetivo es no contar nunca con ello, que desaparezca de la liquidez que se tenga a mano para no caer en la tentación de usarla en otra cosa.

La opción más oportuna es que el banco lo descuente automáticamente del cheque o nómina y se ingrese en una cuenta de ahorros. Si esa cantidad realista desaparece de lo que tiene disponible es más fácil ir adaptándose a su falta.

No es fácil llegar a calcular bien la cantidad adecuada de ahorros porque es complicado hacer bien estas aproximaciones. Hay que darse tiempo y posiblemente asumir fallos pero el objetivo tiene que ser claro: los ahorros son un gasto importante y tienen que estar presupuestados a costa de otras cosas.

No tenga prisa. No verá sus frutos hasta pasados unos meses, por eso es fundamental no fijarse objetivos muy elevados o poco realistas que desmoralicen.

No piense en el presupuesto como algo estático. Hay que darle flexibilidad e ir adaptándolo a una vida con distintas necesidades y prioridades.

Para llegar a disponer de este dinero como algo esencial es posible que tenga que recortar de la partida de lo que se quiere ya que es complicado que se rebajen la renta u otros gastos fijos (aunque no imposible). Eso es hacer sacrificios, porque se necesitan zapatos pero quizá no cuatro pares, se necesita un servicio de televisión pero quizá no todos los canales, se necesitan libros pero quizá puede usarse más la biblioteca municipal.

La pandemia no es un gran momento para hacer demasiados sacrificios porque ya se hacen en otros aspectos pero si es una circunstancia que invita a reflexionar sobre lo verdaderamente importante y eso incluye las prioridades de gastos: lo que se necesita frente a lo que se quiere.